El pasado 9 de junio, en el marco del I Expo Congreso Europeo de los Cuidados, SocioCARE 2026, celebrado en IFEMA Madrid, Arturo Gívica, Subdirector General de ASISPA, presentó la ponencia «¿Edadismo? Cuidar o decidir: la delgada e invisible línea de la autonomía en los cuidados de personas mayores». Su intervención puso sobre la mesa una cuestión clave para el presente y el futuro de los cuidados: cómo garantizar la protección y el bienestar de las personas mayores sin limitar su capacidad para tomar decisiones sobre su propia vida.
Ante profesionales del ámbito sociosanitario, entidades sociales, administraciones públicas y empresas tecnológicas, Gívica abordó una realidad que a menudo pasa desapercibida: el edadismo protector, una forma de discriminación que surge cuando, con la intención de ayudar o proteger, se sustituye la voluntad de la persona por decisiones tomadas por otras personas. La reflexión conectó con uno de los grandes debates presentes en SocioCARE 2026, un congreso que ha reunido a los principales actores del sector para analizar los desafíos de la dependencia, la sostenibilidad del sistema y el impacto de la innovación en los cuidados.
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SocioCARE 2026: tecnología, sostenibilidad y nuevos modelos de atención
La primera edición de SocioCARE ha convertido a Madrid en el punto de encuentro del sector europeo de los cuidados. Durante tres días, profesionales y organizaciones han compartido experiencias, avances tecnológicos y propuestas para responder a los desafíos derivados del envejecimiento de la población y el aumento de la demanda de apoyos y cuidados.
Entre las principales novedades presentadas durante el congreso destacaron soluciones avanzadas de teleasistencia, herramientas de gestión inteligente para centros sociosanitarios, sistemas de monitorización asistencial y nuevas aplicaciones de inteligencia de datos orientadas a mejorar la atención y la eficiencia de los servicios.
Sin embargo, más allá de la innovación tecnológica, el encuentro también abrió un espacio para reflexionar sobre cuestiones éticas y sociales vinculadas a los cuidados. Precisamente en este contexto se enmarcó la intervención de Arturo Gívica, que invitó a analizar cómo garantizar que la transformación del sector continúe situando a las personas en el centro de las decisiones.
¿Qué es el edadismo y por qué debemos hablar de él?
Durante su intervención, Gívica explicó que el edadismo suele asociarse a formas evidentes de discriminación hacia las personas mayores: prejuicios, estereotipos o exclusión social. Sin embargo, alertó sobre la existencia de una manifestación mucho más frecuente y difícil de identificar: el denominado edadismo protector.
Esta forma de edadismo aparece cuando las decisiones sobre la vida de una persona se toman bajo la premisa de «es por su bien», relegando a un segundo plano sus deseos, preferencias o proyectos vitales.
Aunque nace de la preocupación y el afecto, puede generar una pérdida progresiva de autonomía y participación. Por ello, la ponencia planteó la necesidad de revisar determinadas prácticas que históricamente se han considerado normales dentro de los entornos familiares, sociales y asistenciales.
La delgada línea entre ayudar y sustituir
Uno de los mensajes centrales de la intervención fue la diferencia entre acompañar y sustituir.
Arturo Gívica expuso situaciones cotidianas en las que esta línea puede volverse difusa. Por ejemplo, cuando una persona mayor expresa su deseo de continuar viviendo en su domicilio y el entorno responde invalidando automáticamente su decisión por considerarla insegura. O cuando se celebran reuniones sobre su futuro dirigiendo la conversación únicamente a familiares o profesionales, ignorando la participación directa de la propia persona.
Según explicó, el objetivo de los cuidados no debe ser hacer las cosas por la persona, sino facilitar los apoyos necesarios para que continúe haciéndolas por sí misma mientras sea posible. Un enfoque alineado con los principios de atención centrada en la persona que promueve ASISPA en sus servicios y proyectos.
Seguridad y autonomía: un equilibrio imprescindible
La ponencia también abordó uno de los grandes dilemas de los sistemas de cuidados actuales: el equilibrio entre seguridad y autonomía.
Durante décadas, gran parte de los esfuerzos en los ámbitos sanitario y social se han orientado a reducir riesgos y reforzar la protección. Sin embargo, Gívica planteó una pregunta que invita a la reflexión: ¿queremos que las personas vivan más años o que vivan más años siendo ellas mismas?
La búsqueda de entornos completamente seguros puede generar, en ocasiones, dinámicas excesivamente restrictivas que limitan la capacidad de decisión de las personas. Por ello, defendió la necesidad de construir modelos que permitan gestionar los riesgos sin eliminar la autonomía y la libertad individual.
Lo que medimos y lo que a veces dejamos invisible
Otro de los aspectos destacados de la intervención fue la reflexión sobre los indicadores utilizados para evaluar la calidad de los servicios.
Tradicionalmente, los sistemas de atención miden aspectos como los tiempos de respuesta, los protocolos asistenciales, la cobertura de los servicios o la eficiencia de los recursos. Sin embargo, existen elementos fundamentales para la calidad de vida que rara vez aparecen en los cuadros de mando.
Entre ellos destacan:
- El grado de autonomía real que mantiene la persona.
- El control que conserva sobre sus propias decisiones.
- Su capacidad de participación en las cuestiones que afectan a su vida cotidiana.
- El respeto a sus preferencias y proyectos vitales.
Según señaló Gívica, avanzar hacia modelos verdaderamente centrados en la persona implica incorporar también estas dimensiones a la evaluación de los cuidados.
Hacia un nuevo modelo centrado en la singularidad
La parte final de la ponencia estuvo orientada a plantear posibles líneas de transformación para el sector.
La primera pasa por reconocer la singularidad de cada persona. Las personas mayores no constituyen un grupo homogéneo; cada una cuenta con una historia, unas capacidades, unas expectativas y unas preferencias propias que deben ser escuchadas y respetadas.
La segunda consiste en fomentar procesos de toma de decisiones compartidos, construyendo espacios de diálogo donde las personas participen activamente en las decisiones que afectan a su vida y ejerzan su derecho a elegir, incluso cuando ello implique asumir determinados riesgos.
Por último, Gívica destacó la necesidad de impulsar cambios organizativos y sistémicos que permitan incorporar la autonomía, la participación y la dignidad como elementos medibles y evaluables dentro de los modelos de atención.
Personas, no categorías
Uno de los mensajes más potentes de la intervención fue recordar que las personas mayores no son una categoría administrativa ni un problema que gestionar.
Son personas con trayectorias vitales únicas, con proyectos, emociones, miedos, sueños y expectativas que continúan formando parte de su identidad independientemente de su edad. Respetar esa identidad implica reconocer su derecho a decidir cómo quieren vivir y cómo quieren ser cuidadas.
Una pregunta para el futuro de los cuidados
La participación de ASISPA en SocioCARE 2026 permitió abrir un debate imprescindible para el sector: cómo avanzar hacia modelos de atención capaces de combinar innovación, sostenibilidad y respeto a los derechos de las personas.
La intervención de Arturo Gívica concluyó con una pregunta que interpela tanto a profesionales como a organizaciones, administraciones y ciudadanía: «¿Cómo queremos ser cuidados?». Una reflexión que invita a repensar los cuidados desde la autonomía, la participación y la dignidad, garantizando que ninguna edad limite la capacidad de cada persona para seguir siendo quien es.