Dorothy seguía un camino de baldosas amarillas y nosotros llevamos un mes guiando nuestras vidas por una línea del mismo color que llevan todos los pañales del mundo y que se convierte, de forma mágica, en azul cuando nuestro tierno y querido infante decide aliviar su vejiga. Habitualmente, lo hace acompañando el acto de un gruñido que, entendemos, será de triunfo, aunque parezca el de un lobo huargo llamando a su manada. Ha pasado un mes y el pis sigue marcando la agenda. Podrá parecer poco poético, pero es una verdad como un castillo. Recuerdo a Pablo Carbonell cantando aquello de “Mi agüita amarilla, cálida y tibia”. De pequeño me parecía una chorrada graciosa. Crecí y lo vi como una ordinariez que no encajaba ni en la ironía ni en lo osado. Y ahora, viendo la cara de mi hijo cuando termina sus asuntos urinarios, me paso las noches tarareando esa estrofa que decía “Y creo que tendré que expulsarlas fuera de mí. Y subo al váter que hay arriba en el bar y empiezo a mear y me echo a reír…”. Pues a eso se dedica mi heredero, aunque sin necesidad de ir a ningún sitio.
Así que esa línea nos condena a trámites inmediatos. La línea Maginot: si se cruza, brota un caos de lloros y lamentos que sólo se conjugan con un cambio inmediato. Porque el azul manda. Primero fue interesante el “Terciopelo azul”, de Lynch, más tarde “El trueno azul” de aquella serie del helicóptero, y después el amor azul de Cristian Castro en esa canción que todos hemos destrozado en una noche de las que ya no cato. Pues bien, todo eso es morralla comparado con el instante en el que miras el pañal al muchacho y reluce un azul cobalto al compás de unos berridos que parecen decir: “Papá, quítame esto o te canto Rigoletto de principio a fin en el idioma universal de los bebés”.
A partir de este primer mes de vida, se plantean varios escenarios. Si seguimos disfrutando de las temperaturas del séptimo círculo de La Divina Comedia de Dante, la posibilidad de piscina tiene que crecer, aunque no se le moje al chaval más que con un espray y se le temple con un miniventilador a pilas. Habrá que ceñirse a las últimas horas del día e intentar tener suerte para que los cuatro apalominados mentales a los que les hace gracia soltar sus caquitas en las piscinas no hayan tenido ganas de defecar durante la tarde. Exacto, son esos a los que se pilla con las manos en la masa y sus provectos padres niegan la mayor destacando la intachable conducta habitual de sus querubines y su exquisita higiene. Lo hacen incluso teniendo el chiquillo los restos del cagarro pegados a la gomilla del bañador. Angelitos…
Otro tema de interés es plantearse las vacaciones, que caerán en un lejano septiembre cuando el niño esté un poco más avanzado y no sea un robot del futuro con la misión de evitar que sus padres descansen media hora. Va a ser muy pronto, pero me encanta la gente que te dice, creyéndoselo, que va en agosto a un sitio de treinta y ocho grados de media porque se aseguran que el tiempo será bueno y se podrá jugar en la arena. Son los que le exigen una siesta hasta las siete al chiquillo porque se fríen huevos en las aceras. Serán cosas mías, porque siempre me responden que si vas al norte “hace frío y el niño no juega”. Pues le pones una térmica, digo yo. Al menos te aseguras poder estar a las once haciendo castillos. Y si corre el aire, sudadera. Y si llueve, chubasquero. Pero a las dos estás comiéndote una ración de pulpo y unas rabas y el chaval ha gastado más energía que un R5 subiendo el Puerto del Pico. “Ya me lo contarás”, me dicen. Ya te lo contaré. A lo mejor tú eres de los que no llevan al niño a entrenar en noviembre porque hace malo. Luego querrás que sea como Toni Kroos, que jugaba igual de bien con nieve, barro y en moqueta.
Me voy que me reclama. Ya pasó el primer mes. La mayoría solo hablaba de la maravillosa etapa que estamos viviendo, pero sin contarnos los aderezos que la hacen terrible. Porque es así al principio, o eso nos han contado. La primera semana me preguntaba qué tipo de condena era esta, acordándome de la del Conde de Montecristo en el Castillo de If. Pero no,. Parece que se va a quedar, como la de algún politicucho indultado, en un simple inicio complicadete.