Debe abordar la gestión del riesgo cardiovascular de forma integral. En este sentido, tiene la obligación de actuar en materia de prevención de riesgos laborales, vigilancia de la salud y formación en primeros auxilios, garantizando la protección de las personas trabajadoras. Además, puede complementar estas actuaciones mediante iniciativas de promoción de la salud, como el fomento de hábitos saludables o la colocación de un desfibrilador en el centro de trabajo, si bien estas tienen carácter voluntario.
Prevención de riesgos laborales
La empresa debe identificar y evaluar los factores de riesgo cardiovascular presentes en el trabajo. No es necesario realizar una evaluación específica de este riesgo, sino tener en cuenta las posibles consecuencias cardiovasculares dentro de las evaluaciones ya existentes, como las de riesgos químicos, biológicos, ergonómicos o psicosociales. A partir de estas evaluaciones, debe planificar y aplicar medidas preventivas adecuadas para reducir su impacto sobre la salud de las personas trabajadoras.
Vigilancia de la salud
Debe garantizar la vigilancia de la salud de su plantilla mediante los reconocimientos médicos, integrando en ellos el riesgo cardiovascular y prestando especial atención a la detección de factores como la hipertensión arterial u otras patologías relacionadas.
Además, el personal médico del servicio de prevención es quien identifica a las personas trabajadoras especialmente sensibles, como aquellas con enfermedades cardiovasculares previas, hipertensión, patologías cardíacas congénitas u otros factores de riesgo relevantes.
Una vez identificadas, la empresa debe prestarles una atención específica, reforzando las medidas preventivas, adaptando las condiciones de trabajo y, si es necesario, modificando carga física o tareas, ritmos o cargas de trabajo para garantizar su adecuada protección.
Formación y primeros auxilios
Puede informar y formar a la plantilla sobre los principales signos de alerta del infarto y del ictus, así como sobre la actuación inmediata ante una emergencia. Una respuesta rápida y adecuada en el lugar de trabajo puede ser decisiva para reducir la gravedad de las consecuencias.
Promoción de la salud
Además de prevenir los riesgos laborales, la empresa puede impulsar iniciativas que favorezcan hábitos de vida saludables con la colaboración del personal sanitario del servicio de prevención, como la alimentación equilibrada, reducción del sedentarismo, ayuda para dejar de fumar, etc. Estas actuaciones contribuyen a mejorar la salud cardiovascular de la plantilla.
Desfibrilador
Las empresas pueden disponer de desfibriladores externos automatizados (DEA) como medida de protección frente a emergencias cardiovasculares en el entorno laboral.
Un desfibrilador es un dispositivo sanitario que permite analizar el ritmo cardíaco de una persona y, en caso necesario, administrar una descarga eléctrica controlada al corazón para restablecer un ritmo normal. Se utiliza principalmente en situaciones de parada cardíaca, que puede producirse, por ejemplo, como consecuencia de un infarto de miocardio.
Aunque su instalación no es obligatoria con carácter general, se recomienda valorar su incorporación en función del número de personas trabajadoras, las características de la actividad y el nivel de riesgo existente. Contar con un desfibrilador, junto con personal formado en su uso, puede ser determinante para actuar con rapidez ante una parada cardíaca y aumentar significativamente las posibilidades de supervivencia.