Industria verde frente a industria limpia

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El calentamiento global es un hecho indiscutible frente al que la humanidad debe reaccionar. Sobre lo que no hay un consenso general es cuál debe ser la estrategia a largo plazo para poder detener este efecto y asegurar una evolución aceptable de las temperaturas medias mundiales. Una constatación clara de esta falta de acuerdo es el resultado decepcionante de la COP30, que no ha conseguido elaborar un documento consensuado por todos los países que participaron en el evento.

Si a este hecho sumamos que los dos países que conjuntamente emiten cerca de la mitad de los gases de efecto invernadero (China y USA) no participaron en dicha reunión, nos damos cuenta de que la ruta planteada hasta ahora, basada solo en recursos renovables, no está clara. Por otro lado, las acciones que se van implementando parten de la visión del problema desde la óptica de los países desarrollados. Es interesante revisar la reflexión estratégica que propone la Fundación Gates, partiendo de la base de que el cambio climático no es la mayor amenaza para los países en vías de desarrollo, sino que la malnutrición y las enfermedades son los grandes retos. Es por ello que su propuesta se concreta en que “es hora de poner el bienestar humano en el centro de nuestras estrategias climáticas, lo que incluye reducir la Prima Verde a cero y mejorar la agricultura y la salud en los países pobres”.

La Fundación Gates indica que, por ejemplo, la prohibición de los fertilizantes sintéticos ha tenido un efecto pernicioso en la productividad de los cultivos en los países en vías de desarrollo, lo que ha generado aumentos importantes en sus tasas de mortalidad. Esto demuestra que priorizar la reducción de emisiones no resulta siempre el mejor camino.

Ajenos a todo lo anterior, en España y Navarra seguimos anclados en el solo verde. Lo que debemos preguntarnos es ¿es ésta la mejor estrategia? Para responder a esta cuestión vale la pena analizar cómo se está haciendo en otras partes del mundo y qué efectos pueden tener las decisiones que se adopten en la vida de los españoles y más concretamente en la de los navarros.

Si miramos hacia Europa, vemos que la Comisión Europea está dando un giro pasando de la estrategia solo verde (100% renovable) a una estrategia limpia, asumiendo la opción del empleo de otros recursos (bajos en emisiones de CO2). Esto se ha materializado a lo largo del presente año en la transición del “Green Industrial Deal” (Acuerdo de la Industria verde) al “Clean Industrial Deal” (Acuerdo de la Industria limpia).

Este giro es una consecuencia de los enormes efectos que el solo verde tiene en la competitividad y en el alto valor de la “prima verde”; lo que se debe pagar de más por considerar solo el empleo industrial de recursos renovables. Un ejemplo puede ser el hidrógeno verde, en el que se han invertido enormes esfuerzos y recursos financieros y sigue siendo una alternativa inviable económicamente. En Navarra, ya hemos sido testigos viendo cómo proyecto tras proyecto no resultan rentables.

Frente a esto, Europa ha admitido el empleo no solo de energía renovable, sino que también de energía limpia (baja en carbono) como la nuclear, pero en España y en Navarra seguimos empeñados en no admitir estas opciones.

Nuestro Gobierno foral visitó recientemente China. El consejero de industria presentó su visión en la que nos indicaba que China está a la cabeza de la producción de energía renovable y va a seguir por ese camino. Esta descripción es cierta, pero incompleta. No nos informó de que, para llegar a un mix de generación adecuado, la enorme inversión en renovables se complementa con una, también enorme, inversión en energía nuclear. China está construyendo no uno, ni dos, sino treinta y ocho reactores nucleares (hoy en España disponemos de siete) que constituirán en un futuro una parte fundamental de la generación eléctrica de base, con cero emisiones de CO2.

Por último, hace unas fechas la Comisión Europea modificó su estrategia en cuanto a la prohibición de los motores de combustión interna a pesar de la oposición de España, uno de los principales fabricantes de este tipo de motores. Este cambio de estrategia indica que la Comisión Europea asume la realidad de que los motores de combustión interna no contaminan, lo que contamina es el combustible empleado. Un motor de combustión interna alimentado por bio combustible es neutro en emisiones y Navarra tiene un gran potencial para la fabricación de este tipo de combustibles. Este hecho, debería haber sido recibido con alegría por nuestro Gobierno foral, ya que asegura la continuidad de un gran número de puestos de trabajo en Navarra.

Todos estos hechos ponen de manifiesto que la estrategia del solo verde no es la más adecuada para transitar hacia el cero emisiones netas. El empecinarse en esa estrategia nos lleva a una pérdida de competitividad que no se solucionará ni con subvenciones ni con las restricciones a la importación propuestas por el gobierno foral.

Del mismo modo que la Comisión Europea está dando un giro estratégico asumiendo las limitaciones actuales de los recursos renovable, el gobierno de Navarra debiera revisar la quimera actual del “solo verde” asumiendo los conceptos incluidos en el “Clean Industrial Deal” y rediseñar dicha estrategia poniendo el foco en nuestra competitividad frente a otros planteamientos proteccionistas tan criticados cuando se proponen en otros países.

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