Querido Alberto, apenas puedo creer que te esté escribiendo estas letras. Tu marcha nos ha dejado a todos anonadados y todo el Colegio Nacional, tu querido Colegio, está en shock. No somos nosotros solos: desde toda Europa se están recibiendo condolencias, desde Japón, desde Corea, desde Marruecos, desde Túnez… Toda la E.U.R. expresa su pesar.
En este momento tengo el honor de decir unas palabras en nombre de todos, pero no sé por dónde empezar, porque ¿qué se dice cuando se marcha un amigo de treinta años? Siento un vacío, un gran vacío, y te voy a echar mucho de menos. Voy a tratar de presentarte, por si alguien —que lo dudo— no te conociese.
Alberto era de Burgos, más concretamente de Gamonal, y por eso era tan cabezota, o eso decía él. Ingresó en el Cuerpo de Secretarios Judiciales en 1992, siendo por entonces el Secretario Judicial más joven de España, con apenas 25 años. Su primer destino fue el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 3 de Lorca, del que siempre contaba, entre risas y con absoluta convicción, que durante la Semana Santa no se expedían mandamientos de devolución por ser “azules” y ser él un “blanco” declarado. Así era Alberto, una persona muy divertida.
No he conocido a nadie con tanta pasión por la vida y por la profesión. Desde sus inicios se afilió al CNLAJ, en el que ha trabajado con una lealtad, generosidad e ilusión incomparables. Alberto entró en la Junta Nacional tras su ascenso al Juzgado de lo Penal nº 4 de Las Palmas de Gran Canaria en 1998, de la mano de Isabel Morales, compañera que también se nos ha ido demasiado pronto. Desde entonces, y de manera ininterrumpida, Alberto ha sido miembro muy activo de las sucesivas Juntas Nacionales del CNLAJ.
Ha trabajado de forma muy estrecha con tres presidentes: Antonio Dorado, Rafael Lara y Ernesto Casado. Todos ellos quisieron contar con él, con su consejo y buen hacer y, sobre todo, con su lealtad a un Cuerpo Superior Jurídico que él concebía grande, muy grande. Alberto era un gran jurista; se sentía muy orgulloso de ser Secretario Judicial y tenía una visión muy avanzada del cuerpo. Europeísta convencido, participó en la redacción del Libro Verde para el Secretario Judicial Europeo, que posteriormente daría lugar al Libro Blanco en el seno de la E.U.R.
Miembro de la Delegación española de la E.U.R. desde tiempos inmemoriales, fue vicepresidente por España desde 2008 a 2021 y miembro de honor de la E.U.R. desde 2022. Fue también miembro de la primera promoción de la RESEJ (hoy RECILAJ) y ha sido punto de contacto de la Red Judicial Europea Penal. Trabajó además como LAJ experto BOLCODE en Túnez y Marruecos.
Tras su etapa canaria, donde dejó grandes amigos, Alberto recaló en Málaga, primero en la Audiencia Provincial y después en el Juzgado de Instrucción nº 9, donde dejó una huella imborrable. En esta ciudad de luz desarrolló una parte muy importante de su carrera, colaborando con la Universidad y logrando un convenio para los LAJ con la Cátedra de Derecho Procesal, en los tiempos en que ciertos catedráticos firmaban en contra de la atribución de competencias procesales a los Secretarios Judiciales.
En Málaga se hizo cargo de la Delegación del Colegio, logrando una de las delegaciones más nutridas de España y consiguiendo, además, que todos pudiesen ir a las Jornadas de la Fe Pública. No sé cómo lo hacía; muchas veces me he peleado con él por eso y siempre me decía: “María, yo por los míos mato”. En Málaga ha dejado tantos amigos que no se pueden ni mencionar. Me alegra y me consuela mucho que, en sus últimos momentos, además de su familia, haya podido acompañarle Nini Melgar, su adorada Nini.
En el año 2017, Alberto se trasladó a Madrid, al Juzgado de Instrucción nº 5, revolucionando toda la Plaza de Castilla y haciendo grandísimos amigos, como por todas partes por donde ha pasado. Durante este periodo fue vocal del Consejo del Secretariado, defendiendo arduamente la visión del Colegio Nacional en defensa de los LAJ. Su labor y la concurrencia de todos sus méritos le valieron la concesión de la Cruz de San Raimundo de Peñafort de Primera Clase, pero no quería ir a recogerla porque estábamos de huelga y “que se la metieran por donde les cupiese”.
Así era Alberto: amigo de sus amigos y enemigo de sus enemigos, o de los enemigos de sus amigos, que para él era lo mismo. Era tremendo; no te cruzases malamente en su camino porque era imparable. Si necesitabas ayuda, venía a brindártela desde donde fuera. Siempre en la batalla, siempre leal, siempre al lado de los más jóvenes para aconsejar y dirigir. Era una persona muy buena, con pinta de malo. Sensible, cariñoso, tremendamente listo y lo vuelvo a repetir, muy, muy divertido.
En abril de 2025 decidió volver a Málaga, al Decanato. Venía con mucha ilusión; quería descansar y disfrutar de su ático, se quería acoplar en Málaga, decía. Tenía ganas del Tribunal de Instancia. No ha podido ser.
Desde el CNLAJ enviamos a sus padres, amigos y demás familia nuestro más sentido pésame. Se nos ha ido un gran amigo.
Hemos querido organizar una misa en su honor el próximo 28 de enero, a las 19:30, en la Iglesia de Santa Bárbara de Madrid.
En febrero organizaremos otra en su querida Málaga. La anunciaremos oportunamente.
Descansa en paz, querido amigo. Cuida de nosotros. No te olvidaremos.
María
María José Cañizares Castellanos