Cuando un padre escucha por primera vez un diagnóstico como TDAH o autismo, es normal que aparezcan muchas dudas. Una de las más comunes es si se trata de la misma afección y, aunque ambas comparten algunas conductas, como la dificultad para concentrarse o la impulsividad, no son lo mismo. La confusión es comprensible, pero entender la diferencia ayuda a acompañar mejor a quienes lo viven y a reducir la ansiedad de las familias.
Diferencia entre autismo y TDAH
El autismo y el TDAH son dos condiciones que a menudo generan dudas y confusión entre las familias. Según datos del Ministerio de Sanidad, en España hay más de 450.000 personas con diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA), mientras que el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) afecta a alrededor del 7% de la población infantil.
Entender las diferencias entre el autismo y el TDAH podemos señalar:
- En el TDAH, las dificultades sociales suelen ser una consecuencia de la impulsividad y la falta de atención. Las personas pueden interrumpir conversaciones, no escuchar a los demás o tener problemas para esperar su turno, lo que dificulta la creación de relaciones.
- En el autismo, los desafíos sociales provienen de la dificultad inherente para entender las normas sociales, interpretar el lenguaje corporal, las expresiones faciales y la reciprocidad en las interacciones. Pueden no tener un deseo de interactuar o no saber cómo hacerlo.
- En el TDAH, la atención es dispersa e inestable. Las personas se distraen fácilmente, tienen problemas para mantener la concentración en una tarea y a menudo pasan rápidamente de una actividad a otra sin terminarlas.
- En el autismo, puede haber una hiperfocalización en intereses específicos. La persona puede concentrarse intensamente en un tema o actividad de su interés y, al mismo tiempo, ignorar otros estímulos o a las personas que le hablan.
- El TDAH se caracteriza por la búsqueda constante de novedad y la dificultad para seguir rutinas y la organización. La inconstancia es un rasgo común.
- El autismo se distingue por la necesidad de rutinas rígidas y la resistencia a los cambios. Quienes lo sufren, a menudo presentan comportamientos repetitivos y estereotipados, como aleteo de manos o balanceo, y pueden sentirse muy frustradas si sus rutinas se alteran.
Algunos estudios clínicos señalan que entre un 30% y 50% de las personas con autismo también presentan síntomas de TDAH. Esta coexistencia explica por qué tantas veces se confunden, pero que puedan darse juntos no significa que sean lo mismo.
Un ejemplo práctico para ilustrarlo: un niño con TDAH puede olvidarse constantemente de entregar la tarea porque se distrae, mientras que un niño autista podría no entregarla porque la consigna no estaba lo suficientemente clara o porque prioriza una rutina distinta. En ambos casos, la conducta es la misma (no entregar la tarea), pero las causas son diferentes.
Aunque el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, mejor conocido como TDAH, tiene síntomas similares al autismo, no son lo mismo. De hecho, sus orígenes y manifestaciones son completamente diferentes. El TDAH es una afección del neurodesarrollo que se diagnostica con mayor frecuencia en la niñez, aunque a menudo persiste hasta la edad adulta.
No es un signo de pereza, falta de disciplina o poca inteligencia. Se trata de un trastorno médico que afecta la forma en que una persona se concentra, controla sus impulsos y maneja su nivel de actividad. Por eso, los tratamientos suelen incluir terapia conductual, entrenamiento en habilidades y, en algunos casos, medicación para regular neurotransmisores como la dopamina.
El autismo, por su parte, implica diferencias en la forma de procesar la información sensorial y social. Una persona autista puede sentirse abrumada por ruidos fuertes, no entender ironías o sarcasmos, o necesitar rutinas muy estables para sentirse segura. El abordaje terapéutico se enfoca en la comunicación, el desarrollo social y la adaptación del entorno.
¿Qué es peor el autismo o el TDAH?
Ninguno es “peor” que el otro: simplemente son diferentes desafíos. El TDAH puede impactar más en el rendimiento escolar o laboral por la dificultad para organizarse y mantener la atención. Sin embargo, con estrategias adecuadas y apoyo, muchas personas logran desarrollar un alto nivel de creatividad, adaptabilidad y pensamiento innovador.
El autismo, en cambio, puede influir más en el terreno social y comunicativo. Esto puede generar aislamiento o incomodidad en entornos que no comprenden la condición. Pero también, muchas personas autistas tienen habilidades extraordinarias en áreas como la lógica, el detalle o el pensamiento visual.
La clave está en entender qué apoyos necesita cada persona para desplegar su potencial. En un entorno empático y estructurado, tanto el TDAH como el autismo pueden dejar de verse como obstáculos y convertirse en motores de talentos únicos.
Si quieres profundizar más en el tema, una excelente opción es formarte en un Máster en Trastorno del Espectro Autista, que te permitirá comprender de forma profesional cómo acompañar y dar respuesta a las necesidades específicas de las personas dentro del espectro.