Turismo de nieve: motor económico ante el cambio climático

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Uno de los tipos de turismo más exitosos en destinos de montaña

Cuando pensamos en turismo de nieve, lo primero que viene a la mente son imágenes de esquiadores bajando por pistas blancas, telesillas en funcionamiento y destinos acogedores en plena montaña. Pero este producto turístico va mucho más allá del esquí tradicional: incluye snowboard, travesía nórdica, raquetas de nieve, actividades familiares de invierno, eventos deportivos, campeonatos y, cada vez más, experiencias completas en destinos rurales que viven al ritmo del invierno.

En España, el turismo de nieve ha sabido consolidarse como uno de los pilares de la oferta invernal. Las estaciones de esquí no solo atraen a aficionados a los deportes de nieve, sino que actúan como generadores de actividad económica en entornos rurales y de montaña, dinamizando servicios de alojamiento, restauración, transporte, comercio local, etc. No obstante, también se necesita de una gran infraestructura y servicios públicos y privados costosos.

Según datos presentados por ATUDEM (Asociación estaciones de esquí y montaña de España) y la Real Federación Española de Deportes de Invierno (RFEDI), la temporada de esquí 2024-2025 cerró con más de 5,1 millones de visitantes en las estaciones españolas, lo que representa un crecimiento de alrededor de un 9 % respecto a la temporada anterior. Esto también se traduce en más de 65 millones de euros invertidos en mejoras de infraestructuras para la temporada 2025-2026, con el objetivo de ofrecer mejores servicios y experiencias a los turistas de invierno (Nevasport.com)

Más allá de los esquiadores, el impacto económico es notable. En Aragón, por ejemplo, el sector de la nieve genera más de 200 millones de euros al año y representa aproximadamente el 7 % del PIB de la Comunidad Autónoma (BOA). Y las cifras de ocupación en alojamientos vinculados a la montaña suelen dispararse durante la temporada: según datos recopilados, la ocupación en alojamientos rurales colindantes con estaciones de esquí puede alcanzar hasta un 80 % durante los picos de temporada (Efeagro.com)

El turismo de nieve contribuye a la estacionalización del turismo en regiones donde otras épocas del año son menos intensivas. Pueblos y valles que en primavera y verano disfrutan de una actividad moderada, ven cómo sus hoteles, apartamentos, casas rurales, restaurantes y demás servicios turísticos llenan sus plazas entre diciembre y marzo especialmente, moviendo una cantidad considerable de viajeros que, además de esquiar, consumen servicios de restauración, ocio, comercios locales, etc.

En términos de modalidades, aunque el esquí sigue siendo el núcleo principal, existen múltiples formas de disfrutar la nieve: el esquí nórdico en senderos naturales, las rutas con raquetas de nieve para contemplar paisajes vírgenes, el snowboard para públicos más jóvenes, actividades lúdicas o culturales para familias y visitantes no esquiadores, etc. Este abanico de opciones permite atraer a viajeros (además de locales) con intereses diversos y extender el atractivo de la temporada invernal más allá de la pura práctica deportiva.

Grandes riesgos y desafíos: la dependencia del clima

Pero a pesar de estos datos positivos, el turismo de nieve en España (como en otros países) enfrenta riesgos estructurales importantes debido a su alta dependencia de la climatología y la presencia natural de nieve (siendo esta la opción idónea, más disfrutable y sostenible en comparación a la nieve artificial).

La evidente vulnerabilidad climática es uno de los principales retos del sector. En muchas estaciones, la nieve natural no siempre está garantizada, especialmente al inicio y al final de la temporada. La irregularidad de las precipitaciones y las temperaturas variables obligan a recurrir a sistemas de nieve artificial para mantener pistas abiertas, lo que implica un uso intensivo de agua y energía. Estos sistemas pueden ser eficientes, pero no están exentos de costes ambientales y económicos, y su dependencia acentúa el problema si hay periodos prolongados de temperaturas altas (MITECO).

El cambio climático plantea un futuro incierto para los destinos de nieve. Las proyecciones climáticas a medio y largo plazo indican una reducción progresiva de las superficies donde las condiciones de frío y nieve son óptimas para el esquí y otros deportes de nieve.

Un claro ejemplo también es el deshielo de glaciares, muy apreciable en las mismas montañas españolas. Esto podría traducirse en temporadas más cortas, menor calidad de nieve y —en algunos casos— estaciones de esquí con apertura reducida. La situación ya se observa en ciertos momentos de la temporada, en los que algunas estaciones abren con retrasos o con un número limitado de pistas debido a las condiciones meteorológicas. Sin duda, esto son efectos directos a cómo se está cuidando el plantea a nivel global.

Además, la generación de nieve artificial no es una panacea. Requiere recursos hídricos —que en algunas zonas de montaña no siempre abundan o están sujetos a restricciones ambientales— y un alto consumo energético. Esto incrementa los costes operativos para las estaciones y genera un debate sobre la sostenibilidad real de estos métodos, sobre todo si se prolongan temporadas con poca nieve natural.

Otro desafío radica en la estacionalidad y la concentración de la actividad en pocos meses del año (de diciembre a marzo). Si bien esto puede beneficiar a sectores como la hostelería y el comercio local durante esos meses, también genera presión sobre infraestructuras y recursos, y deja largos periodos del año con menor actividad económica en las mismas zonas. No obstante, gracias a la belleza paisajística de España y a otras opciones de turismo, estos espacios naturales y de interior pueden seguir aprovechándose captando viajeros durante el resto de meses para practicar diferentes tipos de actividades.

Más allá de la nieve: diversificación y oportunidades

La dependencia del clima, sumada a las proyecciones de menos nieve en el futuro, obliga a muchos destinos a repensar sus estrategias y apostar por un turismo de montaña más diverso y resiliente, por ello, contar con una planificación estratégica es fundamental para gestionar la actividad turística de manera sostenible.

Una de las claves está en desestacionalizar la oferta turística. Esto significa posicionar los destinos de montaña y de interior no solo como lugares para esquiar en invierno, sino como espacios de actividad, naturaleza y bienestar durante todo el año. En Cataluña, por ejemplo, la marca Pirineu365 agrupa seis estaciones con un objetivo claro: fomentar actividades y experiencias que se puedan disfrutar fuera de la temporada de nieve, aumentando así la actividad económica durante todo el año (Elpais.com), además de apostar claramente por la sostenibilidad.

Otro gran ejemplo de destino que apuesta por la naturaleza y el turismo de aventura es la provincia de Huesca (una de las provincias con más estaciones de esquí), proclamada recientemente como el mejor destino de aventura del mundo en 2025 (Diariodelaltoaragon.es) con multitud de opciones de consumo durante todo el año.

Sin duda, el turismo de aventura es una de las principales oportunidades para estas zonas. Actividades como trekking y senderismo, trail-running, cicloturismo y ciclismo de montaña (BTT), escalada, barranquismo o la observación de aves (producto vinculado al ecoturismo) atraen a viajeros interesados por la naturaleza viva, la cultura local y el ocio activo. Estas propuestas complementan al turismo invernal y ayudan a que los destinos no dependan exclusivamente del esquí para atraer visitantes.

El ecoturismo y la interpretación de la naturaleza también están ganando relevancia. Muchos viajeros buscan experiencias más sostenibles y educativas: aprender sobre la flora y fauna de alta montaña, participar en talleres de conservación, o realizar rutas guiadas con expertos. Estas actividades conectan con una tendencia global hacia un turismo más responsable y profundo, que valora la conexión con el entorno natural y cultural.

Los alojamientos rurales y pequeños hoteles están potenciando paquetes que integran actividades multitemporales: escapadas de fin de semana para practicar senderismo en primavera, retiros de bienestar en otoño, packs de recogida de setas (micología), birdwatching, e incluso programas de fotografía de naturaleza en diferentes estaciones. Todo ello contribuye a crear un producto turístico más robusto y menos vulnerable a las incertidumbres climáticas.

Tal y como se lleva viendo en diferentes momentos coyunturales, depender de un tipo de turismo no resulta positivo ni beneficioso para los destinos, por ello, la diversificación a través de la planificación estratégica profesional es fundamental para garantizar un desarrollo sostenible tanto para el presente como para el futuro.

Desde Open-Ideas ofrecemos amplios servicios turísticos, respaldados por grandes profesionales, los cuales están deseando aportar soluciones innovadoras a destinos que necesiten dar un paso adelante en materia turística, como por ejemplo en temas de producto turístico, planificación estratégica, inteligencia, sostenibilidad, calidad, marketing, digitalización, señalética inteligente, etc.

▷ Open-Ideas – Consultora Digitalización & Comunicación

✍️ Samuel Rodríguez Polope, Director de Proyecto

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Gema Serrano