enero 22, 2026
Por Ferran Garcés
La Torre Bellesguard se encuentra en la salida 7 de la B‑20, más conocida como la Ronda de Dalt, una de las grandes arterias de circulación de Barcelona hoy en día…
Esta vía rápida recorre la falda de la sierra de Collserola y se comunica con la Ronda Litoral, que se extiende junto al mar. El circuito completo se inauguró en 1992, con motivo de los Juegos Olímpicos. Ahora bien, la idea de construir las rondas de Barcelona nace a finales de los años sesenta, cuando la ciudad empieza a sufrir graves problemas de tráfico. Sin embargo, las obras comenzaron en 1987. El objetivo era claro: desviar los vehículos que no necesitaban entrar en el centro urbano y mejorar la movilidad. Fue un momento clave de transformación urbana para Barcelona y, en especial, para los barrios situados alrededor de la sierra de Collserola. Como era de esperar, enseguida se construyeron nuevas edificaciones. El tramo de Bellesguard nunca volvería a ser lo que era. Las imágenes que aportamos hoy son un buen testimonio de ello.
Casualidad o coincidencia, un año antes del inicio de las obras de la Ronda de Dalt, es decir, en 1986, el jardín de la Torre Bellesguard sirvió de escenario para un concierto de música clásica, gracias a la colaboración de la familia Guilera, entonces propietaria de la casa. El concierto formaba parte de un programa titulado «Gaudí y la música», a cargo de TVE Catalunya. Se emitió por la segunda cadena en 1987, el mismo año en que el paisaje de Bellesguard estaba a punto de cambiar para siempre. La siguiente imagen se obtuvo aquel día desde la azotea de la casa, mirando hacia la montaña (véase: otro paisaje).
Las nuevas edificaciones, además de eclipsar la obra de Gaudí, han limitado uno de los efectos principales que Gaudí tuvo en cuenta a la hora de su realización: el mimetismo de la fachada con el paisaje. Mirad la foto de 1887: la “piel exterior” de la torre‑castillo es áspera y verde como la montaña. No es ninguna casualidad: la piedra de todo el revestimiento del edificio es original del lugar.
Dicen que, a pie de obra, en tiempos de Gaudí, había una brigada de obreros que, bajo el control del propio arquitecto, se encargaba de clasificar las pizarras por tonalidades, para después romperlas en diferentes trocitos y, finalmente, combinarlos por toda la fachada, en armonía con distintos moldes geométricos destinados a embellecer ventanas, cornisas y, en especial, las arquivoltas de la puerta principal. En resumen, un original trencadís del mismo color que la montaña que rodeaba la casa, fusionando perfectamente arquitectura y naturaleza. ¡Si Gaudí levantara la cabeza!