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En momentos de máxima tensión, es habitual que los equipos temporales se encuentren demasiado inmersos en dinámicas corporativas y emocionales como para visualizar la solución con claridad. Aquí es, precisamente, donde la figura de un líder externo se vuelve decisiva.

El valor añadido de un Interim Manager radica en su capacidad para interpretar la información y el contexto sin el sesgo de la política interna, ni el temor a las consecuencias que sus decisiones puedan tener en su carrera dentro de la organización.

A continuación, planteamos cuatro ejes sobre cómo esta visión objetiva y pragmática puede ser capaz de transformar la gestión de una crisis de esta magnitud:

1. Diagnóstico imparcial y rapidez de ejecución: Mientras la estructura interna trata de asimilar el golpe, un directivo externo con perfil sénior puede diagnosticar el alcance real del problema y diseñar un plan de acción inmediato. Su enfoque imparcial permite identificar ineficiencias y tomar decisiones difíciles con rigor y equidad, un aspecto crucial en reestructuraciones urgentes o gestión de incidentes críticos.

2. Liderazgo ético y autoridad moral: Ante un ciberataque, la tecnología detecta la intrusión, pero gestionar las consecuencias éticas y reputacionales requiere del factor humano. Un Interim Manager aporta una autoridad moral y una credibilidad que trascienden los resultados numéricos. Su posición temporal reduce la percepción de amenaza interna, lo que le permite liderar con firmeza y restaurar la confianza de los stakeholders.

3. Comunicación transparente como estrategia: Gestionar la resistencia y el miedo exige una comunicación abierta. Los líderes deben explicar el «porqué» de las medidas de emergencia y cómo estas pueden proteger la visión estratégica de la empresa. Un gestor externo, experto en gestión del cambio, sabe calibrar el tono y el momento exacto para que el mensaje tranquilice y comprometa al equipo, transformando la incertidumbre en acción.

4. Orientación a resultados: El propósito de un Interim Manager es claro: resolver el problema. Al trabajar por objetivos específicos y métricas de éxito definidas desde el inicio, su gestión no se diluye en la burocracia. Su foco es la implementación de soluciones rápidas y efectivas que minimicen el impacto en la operación diaria y aseguren la continuidad del negocio.

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Alvaro Petit