Cómo reforzar tu menú de invierno sin complicarte - Peregrín

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  • Más fibra y saciedad en días fríos: incluir crucíferas como brócoli y coliflor con frecuencia puede contribuir a una dieta más rica en fibra. Esto se asocia con mejor saciedad y regularidad intestinal, algo útil en invierno cuando tendemos a movernos menos y a elegir platos más densos. Además, al ser verduras con volumen, pueden ayudar a “llenar” el plato sin depender tanto de opciones ultraprocesadas.

  • Compuestos vegetales interesantes: las crucíferas aportan compuestos bioactivos (además de vitaminas y minerales) que, dentro de una dieta equilibrada, se asocian con beneficios en marcadores de salud metabólica. No es “un alimento milagro”, pero sí una base muy consistente si se consume de forma habitual, especialmente cuando se prioriza variedad de verduras a lo largo de la semana.

  • Ajo para dar sabor y reducir “extras”: usar ajo de manera regular en sofritos, caldos y salteados puede ayudar a potenciar el sabor y, en algunas personas, a reducir la necesidad de añadir tanta sal o salsas muy procesadas. Su aroma y su intensidad hacen que platos de verdura resulten más apetecibles, algo clave para mantener el hábito.

  • Cocciones que facilitan la constancia: elegir técnicas como horno, vapor o salteado corto puede favorecer que las verduras mantengan textura y buen sabor. Cuando la verdura “apetece”, se come más a menudo, y esa regularidad es lo que marca la diferencia: un brócoli crujiente al horno o una coliflor con buen punto suele repetirse más que una verdura pasada de cocción.

  • Energía más estable y platos más completos: si combinas crucíferas con una proteína (huevo, legumbres, pescado, pollo) y una grasa de calidad (AOVE), puedes lograr comidas más equilibradas que se asocian con energía más estable a lo largo del día. Este “plato completo” también puede ayudar a controlar el picoteo típico del invierno, cuando pasamos más tiempo en casa.

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