¿Cómo mantener la casa caliente?

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Mantener la casa caliente durante los meses fríos no solo mejora el confort, sino que también ayuda a reducir el consumo energético y el gasto en calefacción. Muchas veces el problema no es la falta de sistemas de calor, sino las pérdidas de temperatura provocadas por un mal aislamiento o por hábitos poco eficientes.

Saber cómo mantener la casa caliente pasa por combinar pequeñas mejoras en la vivienda con un uso inteligente de la calefacción. Con algunos cambios sencillos, es posible conseguir un hogar más confortable sin disparar la factura de la luz o el gas.

Mejora el aislamiento para conservar el calor

Uno de los factores más importantes para mantener la casa caliente es el aislamiento. Una vivienda mal aislada pierde calor constantemente, lo que obliga a la calefacción a trabajar más tiempo y con mayor intensidad.

Las ventanas son uno de los puntos críticos. Si son antiguas o tienen cierres deficientes, permiten la entrada de aire frío y la salida del calor interior. Mejorar el aislamiento de las ventanas, ya sea con doble acristalamiento o con burletes, puede marcar una gran diferencia. Lo mismo ocurre con las puertas que dan al exterior.

Las paredes, techos y suelos también influyen en la temperatura interior. En viviendas antiguas, el aislamiento suele ser insuficiente. Aunque no siempre es posible hacer reformas, el uso de alfombras, cortinas térmicas o paneles aislantes ayuda a reducir las pérdidas de calor y a crear una sensación térmica más agradable.

Sellar pequeñas rendijas y grietas es otra acción sencilla pero muy efectiva. El aire frío se cuela por los puntos más inesperados, y eliminarlos mejora notablemente la eficiencia térmica del hogar.

Uso eficiente de la calefacción

Tener la calefacción encendida no garantiza que la casa se mantenga caliente de forma eficiente. Un uso incorrecto puede generar picos de consumo sin mejorar el confort.

Regular la temperatura es clave. Mantener el termostato entre 19 y 21 grados suele ser suficiente para estar cómodo en casa. Subirlo más no calienta antes, solo aumenta el consumo. Programar la calefacción para que se encienda antes de llegar a casa y se apague durante las horas de ausencia ayuda a optimizar su uso.

También es importante no bloquear los radiadores. Colocar muebles o cortinas delante impide que el calor se distribuya correctamente. Asegurarse de que el aire caliente pueda circular libremente mejora la eficacia del sistema.

En sistemas de calefacción por radiadores, purgarlos periódicamente evita que el aire acumulado reduzca su rendimiento. En el caso de estufas o bombas de calor, un mantenimiento regular garantiza un funcionamiento más eficiente y seguro.

Hábitos diarios que ayudan a mantener el calor

Más allá de la vivienda y la calefacción, los hábitos diarios influyen mucho en cómo se conserva el calor dentro de casa. Aprovechar el sol durante el día es uno de los más efectivos. Subir persianas y abrir cortinas cuando hay luz solar permite que el calor natural entre en la vivienda.

Por la noche, cerrar persianas y cortinas ayuda a crear una barrera adicional contra el frío exterior. También es recomendable cerrar las puertas de las habitaciones que no se utilizan para concentrar el calor en las zonas de uso habitual.

Vestirse adecuadamente en casa también cuenta. Usar ropa de abrigo ligera, como jerseys o calcetines térmicos, permite mantener una temperatura confortable sin necesidad de subir la calefacción.

Por último, pequeñas acciones como cocinar, ducharse con agua caliente o usar el horno generan calor residual que puede aprovecharse si se distribuye bien. Mantener una rutina consciente y eficiente ayuda a que la casa se mantenga caliente durante más tiempo y con menor consumo energético.

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