FITUR 2026 ha vuelto a posicionar a Madrid como epicentro global del turismo profesional, aunque su inicio estuvo marcado por la conmoción y el respeto tras el accidente ferroviario ocurrido en Adamuz a comienzos de la semana. Un suceso que se dejó sentir en la feria a través de cancelaciones de participaciones, actos y agendas recortadas, como gesto de solidaridad.
Ese clima de recogimiento inicial convivió, poco a poco, con la llegada de profesionales de todo el mundo para participar en una de las citas más relevantes del sector. Y lo hizo, además, en un contexto especialmente simbólico gracias a la presencia de México como país invitado. Su participación aportó identidad, energía y una narrativa profundamente humana al conjunto de la feria, impregnando el ambiente de cultura, tradición y una forma de entender el turismo como vínculo entre territorios y personas.
Este contraste volvió a poner de relieve que el turismo, más allá de la actividad económica, está íntimamente ligado a las historias que se mueven con cada desplazamiento y a la movilidad que nos conecta.
En esta edición la innovación tecnológica y el networking de alto valor se han entrelazado para dibujar la hoja de ruta del turismo de los próximos años. La incorporación de espacios dedicados al conocimiento y a la aplicación real de la tecnología en el sector confirma que la innovación ha dejado de ser un “plus aspiracional” para convertirse en una infraestructura imprescindible con impacto directo en la competitividad de destinos y productos.
La feria como punto de encuentro estratégico
Pero FITUR no es solo tecnología. Es, ante todo, y reconozco que esto es algo que me atrae profundamente, un espacio de diálogo entre quienes lideran y dan forma al turismo. Encuentros, reuniones y sesiones de debate donde surgen alianzas, se consolidan proyectos y se comparten aprendizajes que difícilmente se generan en otros contextos.
Esta dimensión relacional refuerza la idea de que la innovación solo se traduce en impacto cuando va acompañada de colaboración estratégica. La verdadera transformación ocurre cuando las ideas se contrastan, se validan y se trasladan a la realidad a través de estas conversaciones presenciales.
FITUR 2026 confirma, además, que el turismo no entiende de compartimentos estancos: tecnología, sostenibilidad y relaciones humanas funcionan como un todo cuando se combinan. Aquí no solo se presentan innovaciones, sino que se construyen las alianzas que las harán posibles.
Porque FITUR es, en esencia, un espacio donde el sector se observa, se reconoce y ajusta su relato. Y en un momento en el que la reputación, la coherencia y la capacidad de generar confianza son tan determinantes como la innovación, esa conversación compartida se convierte en uno de los activos más valiosos del turismo.