Josefina Pérez Mateos y el color de la turmalina

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Fue una pionera de la geología en España que intentó descifrar la increíble gama cromática de unas piedras multicolores que los comerciantes holandeses trajeron de Asia a principios del siglo XVIII.
 

Hasta 1888 no se permitió que las mujeres fuesen admitidas en las aulas universitarias. Aun así, no estaba garantizado su derecho de asistencia a clase ya que dependía del beneplácito de las autoridades docentes. Todo esto cambió en 1910, cuando el conde de Romanones, ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, dictó un decreto que reconocía la igualdad en el acceso de mujeres y de hombres a la enseñanza superior.

Josefina Pérez Mateos en el Instituto de Edafología y Fisiología Vegetal del CSIC. Imagen: Instituto de Ciencias Agrarias, CSIC.

Josefina Pérez Mateos (1904-1994) fue una de las primeras mujeres en beneficiarse de esa norma. La fecunda vida de esta geóloga salmantina nacida en Ciudad Rodrigo en el seno de una familia de raigambre militar, la convirtió en la primera mujer científica de la historia de España dedicada a las Ciencias Naturales. En 1928 obtuvo la licenciatura en Farmacia por la Universidad de Madrid y en 1934 la de Ciencias Naturales.

Su trabajo abarcó distintas esferas de la geología, desde la docencia en la Universidad Central a la conservación de las colecciones de mineralogía en este museo, pasando por la investigación en mineralogía y petrología sedimentaria en el CSIC, donde llegaría a ser profesora de investigación. A esto habría que añadir su labor como farmacéutica, a la que se dedicó durante 31 años.

Pérez Mateos ingresó en la Real Sociedad Española de Historia Natural en 1934, donde permaneció como socia hasta 1973. La RSEHN tuvo su época de esplendor en los años previos a la Guerra Civil, cuando prácticamente todos los naturalistas españoles estaban vinculados a ella. En 1940 fue nombrada conservadora de las colecciones de mineralogía del Museo y en 1946 obtuvo por oposición la plaza de Colaborador científico del CSIC, adscrita al MNCN. En 1949 logró por concurso oposición una plaza de Investigador científico del CSIC, adscrita al Instituto de Edafología y Fisiología Vegetal. En 1970, con 66 años se convirtió en profesora de investigación del CSIC.

Durante su estancia en el MNCN, que se prolongó entre 1941 y 1948, realizó la primera descripción de la sala de Mineralogía, después de la Guerra Civil. También creó nuevas agrupaciones de minerales atendiendo a distintos criterios: minerales de interés militar, minerales de interés artístico, minerales patogénicos y terapéuticos, y piedras preciosas de las Sagradas Escrituras.

Inicialmente su vocación se inclinaba hacia la mineralogía, de ahí que las dos tesis doctorales que realizó se dedicasen a minerales. La primera fue: Investigación del color en la turmalina, que presentó en la Facultad de Ciencias de la Universidad Central en 1943, y la segunda: Las scheelitas españolas, que defendió en la Facultad de Farmacia en 1948.

Una de las características más notables de la turmalina es su amplia gama de colores y el hecho de que el mismo cristal puede presentar varias tonalidades a lo largo de sus ejes cristalográficos principales. Se cree que su nombre deriva de la palabra cingalesa turmali, un término utilizado por los comerciantes de gemas de Ceilán (actualmente Sri Lanka) para referirse a piedras de colores mezclados. La coloración depende de la composición química, que es muy compleja. La turmalina no es una especie mineralógica bien definida, sino una mezcla de minerales. El primer análisis conocido de una especie de turmalina, el chorlo, se presentó en 1785 cuando aún faltaba por determinar un componente importante del mineral, ya que hasta 1808 no se descubrió el boro.

El antiguo filósofo Teofrasto (c. 371-285 a. C.) describió una piedra preciosa llamada lyngurium en su obra De lapidibus, que supuestamente era orina de lince solidificada; en ella habla de una piedra preciosa que tiene el color del electro (aleación de oro y plata) y que, al calentarse, atrae ceniza, paja, hojas y pequeños trozos de cobre y hierro. Teofrasto compara las propiedades del lingurio con las del ámbar, pero lo más probable es que sea una variedad de turmalina. Durante casi dos mil años los textos sobre el lingurio de Teofrasto fascinaron a los investigadores de historia de la gemología.

Linneo llamó a la turmalina lapis electricus en 1747, haciendo referencia a sus propiedades eléctricas, que fueron las que llamaron la atención de la comunidad científica, particularmente su capacidad para adquirir una carga eléctrica (un polo positivo y un polo negativo) cuando se calienta (piroelectricidad) o generar una carga eléctrica cuando se somete a presión mecánica (piezoelectricidad). Las propiedades eléctricas observadas en la turmalina tuvieron una gran influencia en la física del siglo XIX y principios del XX.

Cristales prismáticos de chorlo, Plasencia (Cáceres). Colección de Geología del MNCN. Imagen: José María Cazcarra.

Una de sus aplicaciones fue la detección y medición de presiones de explosión, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que se buscaban turmalinas con bajo contenido de hierro para utilizarlas en dispositivos de detección de explosiones submarinas. Todo esto generó un gran interés internacional por obtener turmalinas de calidad durante los años de guerra.

A lo largo del siglo XX, se constató que la turmalina se encontraba en una gran variedad de rocas ígneas, metamórficas y sedimentarias, así como en diversos depósitos minerales, incluyendo sistemas hidrotermales. De hecho, existen muchos más tipos de rocas que contienen turmalina que aquellas que no la contienen. Se trata de un mineral importante en casi todo el registro geológico de la Tierra.

Existen más de 30 variedades de este ciclosilicato, cada una con un nombre específico según su color y composición química. El chorlo es la más abundante, se caracteriza porque posee mucho hierro y es de color negro. La acroíta es incolora. La dravita es una turmalina marrón o amarilla rica en magnesio. La elbaíta tiene subvariedades en tonos rojos (rubelita), azules (indigolita) o verdes (verdelita). La turmalina sandía tiene zonas de color que muestran un núcleo rosado y un borde verde, como una sandía.

Quizás la mejor descripción de la complejidad química de la turmalina sea la declaración del erudito victoriano John Ruskin (1819-1900) quien escribió en The Ethics of the Dust: Ten Lectures to Little Housewives on the Elements of Crystallization: “en general, su química se asemeja más a una receta médica medieval que a la elaboración de un mineral respetable/…/ Pero quizás se deba a la extraña complejidad de su fabricación, que posee un hábito notable que la convierte, para mí, en uno de los minerales más interesantes”. 

Una anécdota curiosa sobre este mineral es la popularidad de la turmalina rosa en la corte imperial de Tz'u-Hsi, conocida popularmente en China como la Emperatriz Viuda del Oeste. La demanda china se centraba principalmente en piedra de calidad para tallar. Sólo la turmalina rosa era codiciada por los chinos, los cristales multicolores solían fragmentarse y las partes azules o verdes no deseadas se desechaban. Al parecer, compró casi toda la producción de las minas de California generando un importante mercado entre Estados Unidos y China que duró hasta su muerte en 1908.

Ejemplares multicolores de turmalina, Mina do Cruzeiro (Brasil). Imagen: Andrew Lucas/GIA.

Volviendo al siglo XXI, el descubrimiento de turmalina en otros planetas podría ser solo cuestión de tiempo. Basándose en datos relativamente limitados sobre el contenido de boro y las proporciones de boro y berilio en Marte y Venus, se considera que estos planetas son más ricos en boro que la Tierra. Si estos planetas o sus lunas presentan procesos que fraccionan el boro en cantidades suficientes, es muy posible que se encuentre turmalina en estos entornos extraterrestres en el futuro.

Seguramente Josefina Pérez Mateos nunca pensó en la cuestión que se comenta en el párrafo anterior porque su exitosa carrera científica finalmente se centró en la Petrografía Sedimentaria y en la Mineralogía de Suelos. En 1975 se le concedió la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X El Sabio, que premia los méritos contraídos en los campos de la educación, la ciencia, la cultura, la docencia y la investigación. No sólo fue pionera en las Ciencias Naturales, sino que contribuyó al reconocimiento internacional de España en el campo de las Ciencias de la Tierra.

Referencias bibliográficas:

Henry, D. J., Dutrow, B. 2018. Tourmaline studies through time: contributions to scientific advancements. Journal of Geosciences, 63 (2018), 77–98.

Pérez Mateos, J. 1944. Investigación del color en la turmalina. Trabajos del Instituto de Ciencias Naturales "José de Acosta". Serie geológica; T. 1; núm. 3, 67 pp. CSIC, Madrid. Colección general MNCN, Signatura: F-II-5502.

Rábano, I., Rodrigo, A., Rey, I. 2022. Pioneras en el asociacionismo científico. Las mujeres de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Enseñanza de las Ciencias de la Tierra, 2022 (30.2).

Rábano, I., González Bueno, A., Ordóñez Delgado, S. 2023. Entre rocas y remedios: Josefina Pérez Mateos (1904-1994), pionera de la Geología en España. Revista de la Sociedad Geológica de España, 36(2): 62-93. https://doi.org/10.55407/rsge.100114
 

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