EL TENORIO EN 59 MINUTOS

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El Teatro Serrano, en esta temporada, ha abierto las puertas a un mito teatral patrio. Este no es otro que Don Juan pero, en esta ocasión, en un formato y forma nunca vistas hasta ahora. Y eso que esto es un reto sin precedentes en la cartelera actual en todos los sentidos. Algo que se hace posible gracias al buen hacer de Héctor Urién en un monólogo que trae la risa y la participación del espectador asegurada. Así que todos a la Hostería del Laurel que empieza El Tenorio en 59 minutos.

Don Juan Tenorio es un personaje destructor y monstruoso que daña todo lo que toca y todo lo que quiere. Para él, solo es importante los triunfos y las gestas; lo demás no vale nada. Así, hemos seguido su paso a lo largo de la historia, inspirada su figura en un personaje real (don Juan de Mañara), además de vivir sus conquistas y sus distintos finales. Hasta que llegamos a la versión de José Zorrilla, quizá la más famosa, que nos cuenta cómo este individuo apuesta todo a sus conquistas y juega con la vida de las personas como si de títeres se trataran. Hasta que, en este camino a los infiernos, se encuentra a una joven doña Inés que será la que le de paso a las puertas del amor cambiando su destino para siempre.

En esta versión, interpretada y adaptada por el ya citado Urién, se resume toda la obra en una hora mientras se introducen gags cómicos muy acertados a lo largo de la representación. Es un monólogo arriesgado que sabe llegar al espectador actual y al público fiel a esta creación que es seña de identidad de nuestro teatro. De esta manera, se asiste a fragmentos completos del trabajo original mientras que se anima al público a participar, incluso subiéndole al escenario, y se explican, en tono cómico, muchas de las cosas, desde visiones psicológicas de los personajes hasta escenografías, que plasmó el vallisoletano en su drama más famoso.

Si bien, al principio, para un neófito en los espectáculos de Urién, ya que tiene otros trabajos de este estilo (véase como ejemplo ‘Bodas de Sangre’ o ‘Romeo y Julieta’) es difícil comprender lo que se está viendo en escena. Se ve una introducción tan cómica que parece broma y que no va a respetar el alma que todo clásico tiene. Pero, una vez avanzados esos primeros minutos, uno se da cuenta lo cuidado que está el texto y que todo se representa a la perfección bajo el velo de la comedia que siempre es bien recibida.

Todo el peso del montaje cae sobre la figura de un solo hombre. Héctor Urién hace un trabajo perfecto que va desde la broma más burda hasta diálogos del clásico, haciendo los dos personajes en escena, que llegan a poner los pelos de punta. Así que un sobresaliente, con algún fallito que otro, para este actor que se merece una gran ovación por su trabajo.

Respecto a las cuestiones técnicas, la corriente minimalista es la reina. Dos sillas de corte tradicional y poco más visten el escenario además del trabajo de luces realizado por Teresa Carrillo.

El Tenorio en 59 minutos es una propuesta actual y encantadora de la que sales con una sonrisa dibujada en el rostro. Y eso, en los tiempos que corren, es más que un lujo. Sigan a Urién en sus trabajos hasta que vuelva, con esta obra y a este mismo teatro, en el mes de las flores y las verbenas.

El Tenorio en 59 minutos condensa el clásico de Zorrilla en un viaje directo y vibrante, con humor, emoción y complicidad con el público.

Sonia López

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