De noche en el barrio chino - Radio Gladys Palmera

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Esta noche de 1958 quiero recorrer las calles Zanja y Dragones, para celebrar con ustedes el centenario del nacimiento de este barrio, el Barrio Chino de La Habana. Este barrio de inmigrantes tiene una vitalidad mágica. Algunos chinos se han “aplatanado”, y otros ya son cubanos porque han nacido aquí, criados con el esfuerzo de sus padres.

En nuestra música se ha mencionado bastante a los chinos, muchas veces de manera jocosa, pero detrás del chiste hay un profundo respeto a su laboriosidad y sus deseos de integración, sin dejar de salvaguardar sus costumbres y su cultura. Y, aunque sea un chiste o una frase demasiado usada cuando alguien tiene mala suerte, lo de “tener un chino atrás” muestra también que existíamos juntos.

Todos recordamos aquella canción infantil que dice:

Un chino cayó en un pozo, / sus tripas se hicieron agua.
Arré pote, pote, pote, / arré pote, pote pan.

Nunca la entendí, a pesar de que el asiático se disolvía en aquel pozo, y cómo pudo suceder aquel accidente, con lo ingeniosos y cuidadosos que son los chinos, que a veces viven junto a nosotros haciéndose invisibles. Veo en la calle Dragones algunas letras en chino y a mi mente viene aquel vendedor de frutas que pasaba por mi calle, y a mi cabeza llega un sucu-sucu del pinero Mongo Rives, que dice:

Chinito qué vendes tú, que yo te quiero comprar, /
Pero dime lo que tú vendes para oírte pregonar. //
Tú vende, tú vende…Aló, café, azúca, cigalo, fóforo, jabón, cebolla, ajo, /
Pan y manteca, espuma y frijole yaaaaaa se acabá… /
Yu mende, yu mende,. / Yu vende toronja,
yu vende naranja, yu vende limone, / Yu vende mandalina, ya si acabáaaaaa…

Paso por bodegas y restaurantes, y uno de aquellos trenes de lavado que un día no muy lejano desaparecerán, nadie sabe por qué.

Caminando por la calle Zanja, una de las principales arterias del barrio chino, siento un son muy cubano que habla de ellos. Es el Trío Matamoros con aquel tema titulado La china en la rumba, que dice:

A una fiesta que yo fui, / a una fiesta que yo fui
escaseaban las mujeres, ahora verán ustedes cómo / cómo yo me revolví.
A China mandé a buscar a la reina de la rumba, /
A esa china sí le zumba por su manera de bailar. //
Y si viene la china me pongo a bailar si viene la China y se va, yo también.
Oye el son cómo resuena. // La linda china, tú eres buena.

La historia no miente, y este barrio cargado de energía lo atestigua. Los datos no mienten: “La semilla del barrio se sembró en 1858, principalmente en las calles Zanja y Dragones. Con el tiempo, este asentamiento creció hasta convertirse en el segundo más importante del continente, solo superado por el de San Francisco, albergando a cerca de 10.000 chinos en su apogeo alrededor de los años 20 del siglo XX”.

Pienso en uno de sus dioses, San Fan Kong, y en otro chino famoso, el médico chino Chang Bon Biá, y escucho al Conjunto de Arsenio Rodríguez cantándole al dolorcito de mi china:

Mi china tiene un dolorcito, / que no se le quita / hasta que no llego yo. //
No sé si es que está enfermita / o es que tiene mal de amor. //
Mi china tiene un dolor / me tiene billín y yo… /
Mi china tiene un dolor / me tiene billín y yo… /
Siempre tiene un qué sé cuándo / un no sé qué, un qué sé yo. //
La verdad que ese dolor / a mí me tiene pensando.

Para entender un poco más la historia de este lugar hago magia y recuerdo datos del libro “De Cantón a La Habana: una historia de chinos en Cuba”, de mi amigo Alfredo Pong, que se va a publicar muchísimos años después. Allí dice: “El idioma que se hablaba en el barrio chino era el cantonés. Con un uso mayoritario del dialecto Jaka, aunque había otros dialectos pero eran minoritarios. Muy pocos hablaban mandarín, pues la enorme mayoría procedía principalmente de la provincia de Cantón, en el sur de China”.

Viene a mi mente el sainete lírico en un acto, Rosa la china, con libreto del poeta Gustavo Sánchez Galarraga y música del maestro Ernesto Lecuona, donde se escucha en un momento esto:

Soñé la dicha de un amor tierno, / pero he nacido para el dolor. //
Para mi boca nunca habrá besos / para mis brazos nunca habrá calor. //
Rosa la China, marchita rosa, / ¿por qué pensaste qué hasta tu senda /
por fin venía la blanca sombra / del dulce anhelo de tu corazón?

Me detengo en la puerta de una barbería y recurro de nuevo al libro de Alfredo Pong, donde se cuenta esto: “Esta singular barbería estaba en la calle San Nicolás No. 519 entre Cuchillo y Dragones, en el centro mismo del barrio chino”. Compruebo la dirección, y luego sigo leyendo: “Los dos locales: Lion Lee y la barbería china eran parte del edificio que ocupaba La Sociedad de Recreo China Chang Weng-Chung-Tong, creada entre los años 1919-1947”.

A través de una puerta creo escuchar a Fajardo y sus Estrellas, que van a triunfar con un chachachá que dice así:

Suéltame un rato, no me molestes, ¿No te das cuenta que estás de más?
Por lo que quieras, mujer, / te lo ruego te lo suplico, /
por favor, déjame en paz. // Me estás bajeando poquito a poco /
pero estás muerta detrás de mí / no insistas tanto, vas a volverme loco.
Búscate un chino que te haga feliz.

Camino un poco más entre letreros con una caligrafía que no entiendo, y me parece escuchar la voz de Aníbal de Mar, que rindió un serio homenaje a ese pueblo cuando encarnó en la radio, y luego en la primera película cubana, “La serpiente roja”, al detective Chang Lí Po, pero que ahora, junto a Leopoldo Fernández, Pototo y Filomeno, canta imitando el acento de un asiático cuando habla en español. El tema se llama Chino no son bobo, y dice:

Oye, mulata, te veo en un juego peligloso, oye mulata…
VOZ MUJER: ¿a mí? /
En un juego peligloso con Juan, que es un lebaloso que siempre coleó pol ti. // VOZ MUJER: Juan, que es amigo tuyo, chino… //
Cuando yo lo solplendí, el tocaba to lo pecho, /
en eso etá satifecho, y tú leyendo encantada.

Los chinos soportaron las burlas musicales en Cuba, pero calladitos y perseverantes, hacían lo suyo en lo que Alejo Carpentier calificó como “La ciudad amarilla”. El Barrio Chino de La Habana llegó a ser uno de los más grandes de América Latina.”

Por eso Armando Oréfiche grabó otro homenaje a ese pueblo en 1955 con sus Havana Cuban Boys, en ese tema casi olvidado que cuenta cómo estos laboriosos seres humanos progresaban seriamente en ese tema titulado Chino Li Wong, que cuenta esta historia:

Chino Li Wong de San Francisco / chino Li Wong, chinito Li Wong /
que de San Flancisco / se fue a Nueva Yorl /
Poquito de aquí / poquito de allá / hoy tiene Li Wong un gran lestolán. //
Chino Li Wong, chinito Li Wong / no plancha la lopa / ni cocina love.
Hoy chino Li Wong / ya tiene girlfriend / y un apartamento en Fifth Avenue.
Bloadway, Bloadway vely, vely beautiful.

Así voy saliendo del barrio chino y dejo atrás la calle Zanja, pero sé que regresaré en otro momento.

Los chinos soportaron las burlas musicales en Cuba, pero calladitos y perseverantes, hacían lo suyo en lo que Alejo Carpentier calificó como “La ciudad amarilla”. El Barrio Chino de La Habana llegó a ser uno de los más grandes de América Latina.”

Playlist

1. Armando Orefiche y sus Havana Cuban Boys - Chino Li Wong (Armando Orefiche)

00:00:25

2. Armando Valdespí y su Orquesta - Chinita (Armando Valdespí)

00:02:48

3. Bola de Nieve - Mi chinita se fue (Ignacio Villa)

00:05:39

4. José Fajardo y sus Estrellas - Búscate un chino (Víctor Marín)

00:07:27

5. Trío Matamoros - La china en la rumba (Siro Rodríguez)

00:10:07

6. América Crespo - Rosa la china (Ernesto Lecuona)

00:12:41

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Jose Arteaga