Gaudí, aún estudiante, participó con unos amigos en una revista escolar (véase: El Arlequin). Uno de sus dibujos es el que mostramos en la cabecera. ¿Quién es esta mujer? No lo sabemos. Lo que sí podemos decir es cuándo fue realizado, el viernes 22 de noviembre de 1867. Al año siguiente, Gaudí dejaba Reus y se iba a Barcelona, dispuesto a estudiar arquitectura, una carrera en la que se relacionaría con las mujeres que estamos a punto de conocer. Este artículo se complementa con el publicado el viernes pasado, donde vimos a las mujeres más cercanas al ámbito personal de Gaudí (véase: familiares y el amor imposible).
Santa Teresa, la clienta “espiritual”
Colegio de las Teresianas (1887-1889)
Comenzamos con una clienta “indirecta”. Ella, nacida en 1515, no contrató a Gaudí, como es lógico, pero el encargo se hizo en su nombre. En efecto, tan solo diez años después de su licenciatura, entre 1888 y 1890, Gaudí construirá la casa madre del Colegio de las Teresianas, a petición de Enric d’Ossó, el fundador de la Compañía de Santa Teresa de Jesús. Este edificio se conoce con el nombre de “colegio”, pero también es un convento y la casa madre de la compañía. Ambos espacios, la escuela y el convento, están inspirados en El castillo interior, un influyente libro espiritual de santa Teresa. De hecho, en torno a esta época, Gaudí inicia la progresiva transformación espiritual que se traducirá en un aumento gradual de la simbología litúrgica y mística en su obra, incluyendo las casas civiles (véase: La otra fuente de inspiración de Gaudí).
Isabel Bolet y Vidiella
La Sagrada Familia (en torno a 1891)
El nombre completo del edificio más conocido de Gaudí es el de Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, porque su propósito era financiarlo con donativos populares. Gaudí asumió la dirección de tan peculiar obra en 1883, con treinta y un años. Desgraciadamente, las primeras contribuciones no fueron las esperadas. El proyecto peligraba, se acumulaban deudas y, de manera inesperada, en el año 1891 llegó una sorprendente aportación de medio millón de pesetas, una suma extraordinaria a finales del siglo XIX. La revista El Propagador, en 1926, año de la muerte del arquitecto, dijo que la autora del milagro respondía al nombre de “doña Isabel”, sin aportar ninguna otra información. ¿Quién era? Durante décadas, su identidad y recuerdo se diluyeron en el tiempo.
Tras una larga investigación, en el año 2022, Julià Bretos, un apasionado de Gaudí, completó su nombre, Isabel Bolet y Vidiella, lo que le ha permitido aportar más datos personales en un libro que ha sido objeto de gran repercusión: La dama sin rostro, de la editorial Almuzara. En una entrevista, Bretos destaca que esta cantidad cambió el rumbo de las obras, ya que hasta entonces el proyecto que estaba construyendo Gaudí era el de una “iglesita”. En cambio, la misteriosa donación dio alas al arquitecto. Ya podía “pensar en grande” (1). Ricard Opisso, entonces ayudante de Gaudí en el templo, en sus memorias también es de la misma opinión (2).
Isabel Bolet y Vidiella había nacido en Vilanova i la Geltrú. A pesar de su origen humilde y de ser huérfana, se casó con Ignasi Marqués, propietario de una importante forja en Sant Josep de Sants. Su residencia estaba en el paseo de Gràcia, número 6, en un edificio que ya no se conserva: fue destruido para construir el actual Corte Inglés de la plaza Cataluña.
Tras el fallecimiento del marido, en el año 1885, Isabel Bolet dejó en testamento que el dinero resultante de la venta de la forja se destinara a la Sagrada Familia. Ella murió en 1888, con sesenta y tres años, de neumonía, pero el testamento no se hizo efectivo de inmediato. Algunos familiares lo impugnaron y fue necesaria una batalla legal para llevarlo a la práctica. Por esta razón, el dinero no llegó a su destino hasta tres años después. Dicho de otro modo, la “dama sin rostro” nunca vio el resultado de su donación y, además, lo hizo sin buscar la gloria porque, en su testamento, añadió la condición de mantener el anonimato (2). Hace poco, Bretos consiguió que se imprimiera un sello conmemorativo de Correos con la imagen de tan misteriosa benefactora.
Juliana Pintó
La Casa Calvet (1898-1900)
A finales de 1897, el arquitecto acepta el encargo de su primera casa en el Eixample. Le fue solicitada por Juliana Pintó, viuda de Pedro Màrtir Calvet, y sus hijos, propietarios de la fábrica algodonera Hijos de Pedro Màrtir Calvet. La obra resultante fue la única por la que Gaudí recibió un premio en vida, el concedido por el Ayuntamiento de Barcelona al mejor edificio del año 1900. Sin embargo, se ha hablado muy poco de este proyecto y aún menos de esta propietaria. En Wikipedia no tiene ningún artículo y, en las biografías, es solo “la viuda del señor Calvet”. Tampoco se ha conservado ninguna fotografía.
Isabel Güell y López
Casa en la calle de la Junta de Comercio (1901)
La siguiente anécdota es una de las más repetidas de la vida del arquitecto. Antes de mencionarla, sin embargo, hay que recordar que Isabel Güell, la hija primogénita del conde Güell, fue una pianista y compositora profesional, al igual que su hermana María. Destacan sus adaptaciones musicales de poemas de Jacint Verdaguer y dos obras religiosas: un Stabat Mater (1917) y un Te Deum (1918). En consecuencia, la presencia de un piano en su casa no era ninguna veleidad.
Pues bien, dicho esto, la anécdota. Isabel Güell y López vivió en el Palau Güell con sus padres y hermanos desde adolescente hasta que se casó, el 19 de enero de 1901, con Carles Sentmenat y Sentmenat, marqués de Castelldosrius. Entonces, la nueva esposa se fue a vivir al domicilio de su marido, en el número 19 de la calle Mendizábal, actualmente Junta de Comercio. Era una casa a medio camino entre el palacio de los Castelldosrius y el Palau Güell. La nueva residencia fue decorada rápidamente por Gaudí y, una vez finalizada la reforma, Isabel se dio cuenta de que no podía encajar su regalo de boda: un piano de cola Érard. Entonces, dicen, la compositora pidió al arquitecto una solución. Su respuesta se hizo famosa: “Mire, toque el violín”.
La anécdota que acabamos de referir se ha situado en otras obras de Gaudí, el Palau Güell, la Casa Batlló y la Casa Milà. Ahora bien, parece que el escenario fue el que acabamos de mencionar. Así lo afirman, al menos, entre otras fuentes, la web de turismo del Ayuntamiento de Barcelona y una biografía específica de su protagonista, Isabel Güell y López (3). En el año 1914, el poeta Josep Carner, en su libro Auques i ventalls, incluyó un poema en el que recogía esta anécdota: “L’auca d’una resposta del senyor Gaudí”. Cabe recordar, por último, que Isabel Güell y López también fue una excelente organista y, como tal, solía tocar el órgano del Palau Güell donde había crecido.
María Sagués y Molins
La Casa Figueras o Torre Bellesguard (1900-1909)
Bellesguard hace referencia al nombre del antiguo castillo de Martín I el Humano, a partir del cual Gaudí se inspira para realizar el edificio actual. Figueras, como en el caso de la Casa Calvet, hace referencia a un marido fallecido en el momento de la construcción (véase: Maria Sagués). En la guía del Ayuntamiento de Barcelona, Dones de Sarrià-Sant Gervasi, escrita por Isabel Segura Soriano, leemos:
“Pasaron los años, pasaron los siglos y el edificio tuvo diversas formas y transmisiones patrimoniales, hasta llegar a Maria Sagués, propietaria que, en 1902, encargó al arquitecto Gaudí el proyecto de reconstrucción total del edificio, tal como lo vemos hoy. Maria Sagués, a pesar de ser viuda en aquel momento, fue la responsable de entrar en contacto con Gaudí y de encargarle el proyecto. Apostando por la innovación en el lenguaje arquitectónico, la casa es conocida más por el nombre del marido ya fallecido, Figueres, que por el nombre de ella. Este no es un caso ajeno en la memoria de la ciudad, una memoria que a menudo es muy selectiva cuando se trata de recordar iniciativas femeninas”.
Amàlia Godó y Belaunzarán
Casa Batlló (1904-1906)
El caso de la Casa Batlló parece una excepción a la regla que hemos comentado anteriormente. Aquí, el propietario estaba vivo durante la construcción y fue él quien contrató a Gaudí. Como en los casos de Juliana Pintó y de Maria Sagués, se sabe muy poco de la señora Batlló. Solo que era miembro de la familia Godó, los fundadores del diario La Vanguardia, y que se casó con Josep Batlló, un hombre de negocios del sector textil. El matrimonio vivió en la planta noble de la casa hasta el fallecimiento de ambos (1934, el marido, y 1940, la esposa). Los hijos no tardaron en vender la casa.
Roser Segimon Artells
Casa Milà, o Pedrera (1906-1912)
En la Pedrera, vuelve a repetirse el patrón que ya hemos visto en la Casa Calvet y la Casa Figueras, donde ha sobrevivido el nombre del marido, en lugar del de la propietaria legal. Ahora bien, a diferencia de ellas, Roser Segimon sí es la protagonista de una vida lo suficientemente conocida como para tener una entrada en Wikipedia. Por ejemplo, también aportó el dinero para construir La Monumental, una plaza de toros inaugurada en 1914. Su fortuna procedía de su primer marido, Josep Guardiola, comerciante que, como tantos otros, se había enriquecido en las Américas. Tras la boda con Pere Milà, su segundo marido, alguien difundió un chiste que no tardó en hacerse famoso entre la sociedad barcelonesa: ¿con quién se ha casado el señor Milà, “con la viuda Guardiola” o “con la hucha de la viuda”?
Sea como sea, el señor Milà murió en 1935 y Roser en 1964, con 94 años. Siempre residió en la casa que lleva el nombre de su marido, pero en un apartamento muy diferente del que había diseñado Gaudí. Ya durante la construcción de la casa, las relaciones entre ella y el arquitecto no fueron buenas.
En primer lugar, el arquitecto quería coronar la fachada con un grupo escultórico de más de cuatro metros, que representaba una Virgen del Rosario. Al negarse el matrimonio Milà, la imagen no llegó a terminarse ni a colocarse en el lugar previsto. En segundo lugar, tras la muerte de Gaudí, en 1926, Roser Segimon se deshizo de buena parte de los muebles que había diseñado el arquitecto y, por si no fuera suficiente, rehízo la vivienda con otro estilo, alterando techos, suelos, persianas, puertas y ventanas. Recientemente, se han descubierto documentos inéditos de 1927 que revelan el alcance de la reforma (5).
Notas
(1) March, Hector (18/12/2025), “La misteriosa dona que va finançar la construcció de la Sagrada Família”, web rac1.
(2) Opisso Sala, Ricard (1952), “La naturaleza en la obra de Gaudí” (III accésit), dentro del V Certamen Centro de Lectura. Tomo II. Publicación de Revista del Centro de Lectura, Reus, pp. 600-601.
(3) Bretos, Julià (consultado 4/02/2026), “Testamento de Isabel Bolet”, blog de Julià Bretos.
(4) Sanhuesa Fonseca, María (2016), “Isabel y María Luisa Güell y López, dos compositoras en el Modernismo. Vida, entorno y catálogo de sus obras”, RACBAS, Boletín XXX, Universidad de Oviedo, p. 51.
Redacción: “Ruta dones de Ciutat Vella / Isabel Güell y López”, web barcelonaturisme.
(5) Redacción (consultado 4/02/2026), “Els sostres desapareguts de La Pedrera”, web La Pedrera