Testimonios con presente y futuro: Estefanía, de vivir en un hogar de Nuevo Futuro a convertirse en educadora - Nuevo Futuro

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Presentamos la cuarta edición de nuestra sección ‘Testimonios con presente y futuro’ a través de la cual queremos acercaros a las historias de personas que forman, o han formado, parte de Nuevo Futuro. Las vivencias de aquellos y aquellas que dan sentido a nuestro día a día. Hoy os contamos la historia de Estefanía Campano Fernández, una historia de superación que nos encantaría contar cada día.

La historia de Estefanía es una historia más de superación, pero sin duda es la historia que cada día nos gustaría escuchar en Nuevo Futuro. La suya no ha sido una vida fácil. Aún no ha llegado a los 30 y tiene mucho que contar. Cuando tenía 12 años, los repetidos problemas de convivencia de sus padres la llevaron a ella y a su hermana pequeña, Esmeralda, a un centro de protección.

Estefanía recuerda aquel día como uno de los peores de su vida: “Es verdad que tenía mucho miedo. No sabía cómo funcionaba el tema de los centros. Pensaba que iba a una cárcel”, explica emocionada. Poco después fueron a casa de sus tíos, a la vez que Servicios Sociales intentaba mejorar la situación en su casa para que las niñas pudieran regresar junto a sus progenitores, pero al no solventar los factores de desprotección en la familia, imposibilitó el retorno de las menores. Por otro lado, sus tíos no pudieron hacerse cargo de Estefanía y Esmeralda, y después de un año, estas regresaron a centros.

“Yo creo que se alinearon los astros”, dice riendo al recordar cómo llegaron a Nuevo Futuro. “Es lo que me salvó realmente”. Estefanía llegó al hogar de Nuevo Futuro con 14 años y asegura que ha sido de las mejores etapas de su vida. “Es verdad que ojalá no existieran los centros de protección, porque significaría que todo funciona bien en casa, pero como por desgracia no es así, es la mejor opción”.

Para Estefanía los profesionales de Nuevo Futuro se convirtieron en su familia. De hecho, menciona repetidamente a Gema Belvis, la gerente de Nuevo Futuro en Córdoba: “es mi familia”, apunta con cariño a través del teléfono. “Ella siempre está para todo el mundo y es verdad que conectamos mucho desde el primer día”, recuerda. Esta relación continua a día de hoy y asegura que cuando le ocurre algo, Gema siempre está ahí.

Nuevo Futuro: un hogar donde encontrar la inspiración

Debido a su experiencia vivida en diferentes centros de protección, Estefanía subraya que como Nuevo Futuro no hay otro lugar. “Es un hogar realmente. Aquí comprendí que no siempre la familia es de sangre, sino que es la que tú eliges”, señala.

Estefanía llevaba una mochila de culpabilidad de su propia situación familiar, pero su optimismo la llevó a mirar adelante y a plantearse nuevos retos. Cuando cumplió 18 años se fue a un piso de emancipación de otra entidad, donde vivió cuatro años. Después compartió piso con otras personas y ahora vive con su hermana, a la que dice que a veces protege demasiado: “Ella es la que me da fuerza, el ser un poco referente para ella”.

Para Estefanía era importante poder devolver todo lo bueno que en Nuevo Futuro habían hecho con ella y, por eso, decidió estudiar un Ciclo Superior de Integración Social: “Desde que estaba en Nuevo Futuro siempre he tenido muy claro a lo que me quería dedicar. Siempre he querido ayudar”.

A pesar de la necesidad que tenía de trabajar y de la presión externa que recibía por hacerlo rápidamente, cuando terminó bachillerato estudió el Ciclo de Integración Social y ahí encontró la oportunidad de empezar a trabajar en Nuevo Futuro, primero con suplencias hasta que se quedó trabajando como Auxiliar Técnico Educativo durante seis años.

Mientras tanto, Estefanía siguió estudiando y empezó el Grado Universitario en Educación Social: “no sabía si iba a ser capaz. Trabajaba de noche e iba a clase por el día”, recuerda. “Me dije ¿qué tengo que hacer? Tengo que avanzar. Es lo que siempre digo. Quería dejar de ser auxiliar sobre todo porque el tiempo que yo paso ahora con los niños y las niñas, ahora que ya soy educadora, no tiene nada que ver con el tiempo que yo pasaba anteriormente”, explica.

Estefanía dice que tras mucho esfuerzo y algunas lágrimas, consiguió acabar el grado en junio pasado: “A mí lo que me gustaba realmente es estar con ellos. Y pensé: si no me saco la carrera en cuatro años pues me la saco en seis, no pasa nada. Y al final lo conseguí en el tiempo estipulado y con buenos resultados porque es verdad que yo soy obstinada y muy autoexigente”.

Pequeños hogares, grandes familias

Para Estefanía haber vivido en un hogar de Nuevo Futuro supuso encontrar una familia: “El apoyo que se da por parte del equipo de Nuevo Futuro es increíble. Es que es como una casa familiar, porque es verdad que como son hogares muy chiquitos, con pocas plazas, somos una familia”.

Desde su perspectiva profesional, sigue viendo que para las niñas y los niños que viven en los hogares sienten que es su casa independientemente de los vínculos que tengan con la familia biológica: “El apoyo de los educadores y de tus compañeros, porque entre ellos al final también son una piña, es fundamental. Incluso con los que a lo mejor tienen menos feeling. Se defienden entre ellos”.

Ahora como educadora, Estefanía comparte su propia experiencia con las y los jóvenes con los que trabaja y convive, especialmente en los momentos de mayor vulnerabilidad. “No es porque yo intente ser ejemplo de nadie, porque tampoco es mi intención, pero en ciertos momentos de cansancio creo que mi historia les puede ayudar”, explica.

Luchando contra el estigma

Estefanía cuenta que ante el desconocimiento sobre los centros de protección, prefería no contar a nadie, ni siquiera a su pareja que ella había vivido en recursos y pisos de protección. “En ocasiones me he sentido juzgada y han utilizado ciertas cosas para hacer daño”, relata. Pero la noche de antes de dar esta entrevista, habló con su pareja para contarle esta parte tan importante de su vida.

“Yo no me avergüenzo de nada, al contrario. Hay muchos niños que están en casa, por desgracia, viviendo una situación de negligencia, de maltrato, etc., y ojalá pudieran salir de ahí con más facilidad. Porque es verdad que no se retira la custodia de los niños con tanta facilidad como la gente cree”, explica. Estefanía se lamenta de cómo últimamente los medios de comunicación tratan los temas que afectan a los niños y niñas en protección, que sumado al desconocimiento incrementa el estigma hacia este colectivo.

“Para mí, si no hubiera estado en un hogar de Nuevo Futuro, no sé qué hubiera sido de mi hermana y de mí. Doy las gracias por todo lo que ocurrió. Ojalá la gente se parara un poquito a escuchar y no a juzgar tan rápido. Yo misma tenía prejuicio con los centros de protección y hasta que no he vivido ahí no me he dado cuenta de que esa era mi casa y mi familia”, subraya.

Estefanía cuenta que el estigma aún la persigue cuando cuenta que trabaja en un centro de protección: “La gente me pregunta: ¿y qué han hecho tus niños para estar ahí? Entonces tienes que explicar que ellos no están ahí por haber cometido ningún tipo de delito. Estos niños al final son víctimas de lo que han tenido en su casa, no tienen ningún tipo de culpa”.

El nuevo futuro de Estefanía

Estefanía no se ha cansado de estudiar, es más, necesita seguir haciéndolo. Recientemente hizo prácticas en un recurso preventivo con familias, antes de que se proceda a la retirada de los niños, niñas o adolescentes, y asegura que ha sido de las mejores experiencias que ha vivido, pese a la complicación que supone.

Sus ganas de estudiar no terminan ahí y también se plantea prepararse unas oposiciones para el Ayuntamiento de Córdoba o para para la Junta de Andalucía. Mientras tanto, sigue disfrutando de esta etapa que vive como educadora: “estoy súper feliz”, dice con una sonrisa que se nota al otro lado del teléfono.

Estefanía se despide recordando que estos niños y niñas necesitan oportunidades: “esas oportunidades que, por desgracia, no han podido tener en sus familias”.

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