Cada 8 de marzo reflexionamos sobre liderazgo, igualdad y poder. En 2026, quizá la pregunta estratégica para nuestro sector sea otra: ¿qué papel están ocupando las mujeres en la construcción de los relatos que produce y amplifica la inteligencia artificial?
Porque la IA no solo automatiza procesos. También genera contenido, prioriza mensajes, segmenta audiencias y construye reputación. Interviene, de forma directa, en el corazón del trabajo de comunicación.
En este nuevo entorno, no basta con estar presentes en los equipos. Es importante preguntase quién lidera la integración tecnológica, quién define sus criterios narrativos y quién ocupa el espacio experto cuando se habla de transformación digital.
La brecha tecnológica existe y condiciona el relato
En España hay 1.022.600 especialistas en Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), lo que representa el 4,7% del empleo total, ligeramente por debajo del 5% de media de la UE (Informe Empleo Tecnológico 2025, datos 2024). De ese total, solo el 19,6% son mujeres.
La Unión Europea se ha marcado el objetivo de alcanzar 20 millones de especialistas TIC en 2030 (1,75 millones en España) en el marco de la Década Digital (Indicadores de la Década Digital 2025). Pero si la proporción femenina no aumenta en las áreas estratégicas –IA, datos, ciberseguridad– la brecha no solo persistirá, sino que se consolidará en los espacios de mayor influencia.
Este dato no es menor para nuestro sector. Si las herramientas que están redefiniendo la comunicación se diseñan en entornos mayoritariamente masculinos, es razonable preguntarse cómo se están entrenando, qué sesgos incorporan y qué relatos priorizan.
La inteligencia artificial aprende de datos. Lamentablemente estos datos van a reflejar la sociedad que los genera.
IA y mujeres: un impacto que no es neutro
Los efectos de la tecnología sobre las mujeres tampoco son abstractos. Más del 73% de las mujeres en el mundo han estado expuestas o han experimentado algún tipo de violencia en Internet (ONU, Combatir la violencia en línea contra las mujeres y las niñas). En la Unión Europea, nueve millones de mujeres han sufrido violencia online desde los 15 años (Agencia Europea de Derechos Fundamentales, FRA).
El 90% de las víctimas de difusión no consentida de imágenes íntimas son mujeres (Informe de la Relatora Especial de la ONU sobre violencia en línea). En España, el 19,5% de las mujeres entre 16 y 74 años ha sufrido acoso en algún momento de su vida y el 85,8% de los agresores son hombres (Encuesta Europea de Violencia de Género 2022, Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género).
Además, el 84,8% de las víctimas de ciberdelincuencia sexual registradas en 2023 eran menores de 18 años y el 96% de los investigados o detenidos por estos delitos eran hombres (Ministerio del Interior, Informe sobre delitos contra la libertad sexual 2023).
La IA no crea esta realidad, pero puede estar amplificándola: deepfakes sexuales, automatización de la difusión de imágenes, viralización algorítmica de discursos de odio… El estudio Violencia contra mujeres, niñas, niños y adolescentes en el ámbito digital (Ministerio de Igualdad, 2025) recoge cómo estas nuevas formas de ciberviolencia afectan de manera desproporcionada a mujeres y menores.
¿Cómo impacta esto en la comunicación? Los algoritmos no solo distribuyen contenido: deciden qué vemos primero. Y lo que se amplifica se convierte en la narrativa dominante.
Comunicación: una profesión feminizada, ¿pero quién lidera la transformación?
En España, la comunicación corporativa, el periodismo y las relaciones públicas cuentan con una altísima presencia femenina en sus bases y en los niveles intermedios. Es una profesión con rostro de mujer.
Sin embargo, esto debería llevar a preguntarnos: ¿quién está liderando la integración de inteligencia artificial en agencias y departamentos?. ¿Quién define los estándares éticos de uso?. ¿Quién pilota la innovación tecnológica interna?. ¿A quiénes se atribuyen los contenidos sobre IA y reputación digital?
En un ecosistema donde la inteligencia artificial automatiza redacciones, optimiza titulares, predice comportamientos de audiencia y redefine métricas de impacto, dominar la herramienta implica dominar la toma de decisiones y, por lo tanto, el relato se adaptará a sus programadores.
Y ahí surge el riesgo: que en un sector mayoritariamente femenino en su base, la capa tecnológica (y, por tanto, el poder estratégico y narrativo) vuelva a concentrarse en perfiles masculinos. Y no es por la falta de talento -más que demostrado- sino por la inercia estructural que se arrastra.
Suficientes referentes para encabezar el posicionamiento
La cuestión no es si hay mujeres preparadas para liderar la conversación sobre inteligencia artificial en comunicación. La cuestión es si el sector -y el ecosistema mediático- está situando esas voces donde les corresponde: en el centro del debate. Porque cuando hablamos de IA aplicada a reputación, generación de contenidos, automatización de procesos o ética algorítmica, no estamos ante una conversación técnica aislada; estamos ante una redefinición profunda del relato corporativo. Y el relato, en comunicación, es poder.
En nuestro país tenemos reconocidas lideresas femeninas de la comunicación y es nuestro deber, desde aquí, ponerlas en valor: Isabel Lozano (TRESCOM), Luísa García (LLYC); Mónica González (AXICOM); Ludi García y Carlota Marco (SEC NEWGATE); Lucía Carballeda (EDELMAN); Núria Vilanova y Asun Soriano (ATREVIA); Sonia Díaz y Juana Pulido (ESTUDIO DE COMUNICACIÓN); Carme Miró (APPLE TREE); Silvia Alsina (ROMAN); Paula Carrera y Bárbara Navarro (TORRES Y CARRERA); Natalia Sánchez y Raquel Capellas (Weber Shandwick España); Ana Picó (Havas PR); Noelia Cruzado y Diana Vall (MARCO); Valvanuz Serna y Lucía Casanueva (PROA Comunicación); Carmen Basagoiti (HARMON), Rosa Fernández (INTERPROFIT) o nuestra CEO y fundadora, Silvia Albert, entre muchas otras.
Curiosamente, si bajamos a la capa tecnológica (áreas de IA, innovación, Big Data o transformación digital) el mapa cambia drásticamente. En varias de estas organizaciones en las que cuentan con departamentos específicos de IA, los responsables de las estructuras técnicas que alimentan los modelos, los datos y las herramientas de automatización son todo hombres. Es decir, el liderazgo empresarial femenino es visible; pero el liderazgo tecnológico, mucho menos, y cuando aparece, suele estar masculinizado.
8M: del talento al liderazgo tecnológico
Este 8M quizá la conversación no deba centrarse únicamente en cuántas mujeres trabajan en comunicación (porque sí, son mayoría) sino en algo más decisivo: cuántas lideran la transición de la inteligencia artificial.
La brecha digital ya no es solo una cuestión de acceso a dispositivos o formación STEM. Es una cuestión de poder tecnológico dentro de ámbitos estratégicos.
La inteligencia artificial está redefiniendo la forma en que se producen, distribuyen y evalúan los relatos. Si las mujeres no ocupan posiciones centrales en esa redefinición, su influencia se verá limitada en el momento más transformador de la profesión en décadas.
La IA no es el futuro de la comunicación. Es su presente. Y el liderazgo en este nuevo entorno no puede permitirse volver a masculinizarse sin, por lo menos, ser conscientes de ello. No se trata sólo de igualdad, sino de que construyamos entre todos el relato en la era de la inteligencia artificial.