El Dr. José Pallás, responsable del Colegio de Médicos de Cantabria en materia de agresiones, analiza los datos del pasado año de una lacra social con la que es preciso acabar
En el año 2025 la media nacional de agresiones a profesionales sanitarios ha aumentado en más de un 26 por ciento, una cifra preocupante que, aunque no se corresponde con la de Cantabria con un caso menos de agresiones que en el 2024, es necesario analizar. El Dr. Pallás lo hace en esta entrevista.
-Eres el secretario del Colegio de Médicos de Cantabria, un cargo sobre el que recae la responsabilidad de la gestión de las agresiones a médicos en la región. Dinos cuál ha sido su evolución en el último año y qué dato barajamos a día de hoy en esta CCAA
La evolución en el último año muestra una tendencia preocupante hacia la cronificación de la violencia. Según los datos consolidados de 2025, las denuncias ante las fuerzas de seguridad en España han aumentado un 26,35%. En Cantabria, aunque el número de denuncias policiales estrictas se mantiene en cifras bajas (9 registradas en 2025), la realidad que llega al Colegio es muy distinta.
Manejamos una ‘cifra negra’ de agresiones no reportadas oficialmente. Estimamos que el incremento real de incidentes comunicados internamente sigue la estela nacional, con un predominio de la violencia verbal y las amenazas, que suponen casi el 50% de los casos. Estamos observando que el conflicto ya no solo es físico, sino que hay un aumento de la violencia psíquica derivada de discrepancias con la atención o la gestión de informes médicos.
-Es muy importante denunciar estas agresiones sin embargo solo algunas han llegado como denuncias a las Fuerzas de Seguridad del Estado ¿qué consejo darías a los médicos para que no sea así?
Mi consejo es taxativo: tolerancia cero ante cualquier falta de respeto. Muchos médicos no denuncian la violencia verbal porque la han ‘normalizado’ como parte del riesgo laboral, pero técnicamente esto es un error.
Desde un punto de vista jurídico y de salud laboral, la denuncia es la única herramienta que permite:
- Activación del Protocolo de Autoridad Pública: Sin denuncia, el agresor no sabe que se enfrenta a penas de prisión (Art. 550 CP).
- Prevención Epidemiológica: Si no registramos la agresión, el sistema no puede mapear los puntos críticos y reforzar la seguridad en ese centro específico. Les digo a mis compañeros: denunciar no es un acto de revancha, es un acto de seguridad proactiva para el resto del equipo.
-Siguen sufriendo más agresiones las médicas que los médicos?
Lamentablemente, los datos lo confirman año tras año. A nivel nacional, más del 62% de las agresiones son sufridas por mujeres. En el ámbito de la Atención Primaria, este sesgo es aún más evidente.
No hay una causa única, pero en todo caso hay quiebra de la autoridad percibida basada en estereotipos de género. El agresor tiende a infravalorar la autoridad técnica de la médica frente al médico varón, lo que reduce su umbral de inhibición violenta. Es una forma de violencia que requiere un abordaje específico en nuestros protocolos de igualdad y seguridad.»
-¿Han avanzado las instituciones públicas para evitar agresiones a médicos con la instalación de cámaras de vigilancia, por ejemplo?
Se ha avanzado, pero el ritmo es insuficiente frente a la magnitud del problema. La instalación de cámaras de videovigilancia y botones de pánico es un paso necesario, pero es una medida reactiva.
Desde el Colegio instamos a que las instituciones apuesten por medidas estructurales: reforzar el personal de seguridad en centros de ‘zona roja’, mejorar los tiempos de espera (que es el principal detonante del conflicto) y, sobre todo, realizar campañas de concienciación social. El ‘botón del pánico’ ayuda cuando la agresión ocurre, pero necesitamos que la administración actúe para que el agresor ni siquiera llegue a levantar la voz.
-Cuéntanos brevemente el protocolo del Colegio en materia de agresiones ¿qué tiene que hacer un médico cuando sufre una agresión física o verbal?
Ante una agresión, el médico debe seguir tres pasos inmediatos:
- Cese de la atención: Si la seguridad corre peligro, el médico tiene derecho a interrumpir la consulta (salvo urgencia vital) para proteger su integridad.
- Comunicación Directa: Contactar con el Colegio inmediatamente. Activamos el equipo jurídico y médico para el asesoramiento legal gratuito y el apoyo emocional.
- Activación del Interlocutor Policial: En Cantabria fuimos pioneros. Gracias a esta figura, la coordinación con Policía o Guardia Civil es directa. No hace falta que el médico vaya solo a comisaría; el Colegio le acompaña en todo el proceso.»
-Hace unos días hemos conocido la condena más grave en Cantabria por la agresión a un médico, acorde con las lesiones también muy graves que le causaron ¿crees que este hecho hará que la población se conciencie de la barbarie que significa agredir a los que velan por nuestra salud?
La reciente sentencia de la Audiencia Provincial de Cantabria, que condena a 12 años de prisión al agresor del centro de salud de Los Castros, es un hito histórico. Es un mensaje rotundo a la sociedad: agredir a un médico tiene consecuencias penales gravísimas.
Esta condena, que incluye el delito de atentado a la autoridad en concurso con lesiones agravadas, debe servir para que la población entienda que el personal sanitario no es el enemigo. Somos el último muro de contención del sistema de salud. La brutalidad ejercida en este caso, que ha costado la perdida de visión de un ojo a un compañero, es una barbarie que no puede quedar impune bajo ninguna ‘frustración’ por la espera médica.»
-Y para terminar, el médico agredido en los Castros sufre graves secuelas psicológicas tras la agresión ¿ocurre en muchos casos de médicos agredidos?
El caso del compañero de Los Castros es desgarrador, pero representativo. El daño físico se ve, pero el daño psicológico es a menudo invisible y persistente. En el Colegio, a través del programa PAIME, atendemos a muchos facultativos que sufren estrés post-traumático, ansiedad severa e insomnio crónico tras una agresión. El compañero agredido relataba en el juicio que no duerme más de cuatro horas. Esto es una realidad en muchos casos: la agresión termina en minutos, pero la secuela puede durar años o incluso forzar el abandono de la profesión. Agredir a un médico es, literalmente, romper una herramienta esencial para la comunidad.»