¿Cómo debe ser la primavera para tener una gran cosecha en la D.O. Rías Baixas?

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Cuando la primavera llama a la puerta, nuestros viticultores y bodegas se preparan para centrar su atención en los viñedos. El inicio del ciclo vegetativo de la vid marca el inicio de la temporada en la que las uvas empiezan a formarse para producir una gran cosecha con la que elaborar nuestros grandes vinos D.O. Rías Baixas. Y de lo que pase a partir de entonces, dependerá la cantidad y calidad de las uvas que se recojan en el tramo final del verano. ¿Y cómo tiene que ser el clima para que todo salga bien? En resumen y como suelen explicar nuestros viticultores, el tiempo debe ser moderado, suave y sin extremos, pero cada fase del ciclo vegetativo tiene sus peculiaridades y por eso en todas las zonas vitivinícolas de nuestro entorno vivimos pendientes del cielo. ¿Quieres saber más? ¡Entramos en detalle! 

La primavera en la vid, del lloro a la brotación

Como sabes, según el calendario, la primavera llega al hemisferio norte en torno al 20 de marzo, pero otra cosa es lo que ocurre sobre el terreno. En los últimos años es muy habitual que la primavera llegue adelantada debido al cambio climático y la subida generalizada de las temperaturas medias. El pistoletazo de salida de la primavera en el viñedo lo da el lloro de la vid, un proceso que arranca habitualmente en marzo, cuando las temperaturas invernales empiezan a subir y los días crecen. Las raíces de las cepas empiezan a activarse; a captar la humedad y los nutrientes del suelo y a hacer circular la savia por la planta. Ese despertar se plasma en las heridas de la poda de invierno, que empiezan a llorar, a segregar esa savia y a anunciar la brotación. 

Tras el lloro, que puede durar en torno a una semana, los cortes de la vid cicatrizan y la naturaleza sigue su curso. Cuando la temperatura alcanza los 10ºC, el rango conocido como cero vegetativo, las yemas se abultan y se cubren de una especie de pelusa que se denomina borra para protegerlas durante los siguientes días, hasta que asoman los primeros brotes verdes de las hojas y arranca la brotación. 

La temperatura, como decíamos antes, marca mucho el avance de este proceso de brotación y es difícil que los cambios de tiempo lo echen por tierra. Sin embargo, una vez que la brotación ha arrancado, es necesario que las temperaturas se asienten, sin fenómenos extremos como heladas o granizo.  

El turno de la foliación, más calor y humedad moderada

Una vez que la brotación se generaliza, las cepas entran en la fase de foliación y las hojas empiezan a crecer. En esta fase es fundamental que las temperaturas sean suaves y vayan en aumento y a la vez se mantengan las precipitaciones habituales durante la primavera en la D.O. Rías Baixas, pero suaves, sin extremos. Un repentino enfriamiento, la aparición de lluvias fuertes o granizo pueden ser fatales al desarrollar esas hojas que necesitan crecer para asegurar que los pámpanos y sarmientos crecen y preparan para acoger las flores de las que saldrán los racimos. 

La influencia de la meteorología en el desarrollo de la vid es mayor a medida que avanza el ciclo vegetativo hasta que se produce la vendimia y cada vez es más importante que el sol se imponga sobre las lluvias. ¿Por qué? Porque si durante el invierno ha llovido lo suficiente, como ha ocurrido en este 2026, la vid tiene reservas y una gran capacidad natural de profundizar en busca de la humedad que necesita en el subsuelo. 

Sin embargo, una humedad excesiva o nieblas, combinadas con la falta de sol o de brisas suaves pueden favorecer la llegada de enfermedades fúngicas de la vid, como el mildiu, que es la más peligrosa durante esta fase del ciclo vegetativo. Por eso en la fase de foliación, que en la D.O. Rías Baixas se extiende a los meses de abril y mayo, son más bienvenidos los días de sol que de lluvia. 

Floración, ojo al cielo y primera estimación de vendimia

Entre los últimos días de mayo y los primeros de junio, con la subida de las temperaturas, suele comenzar la floración en los viñedos de la D.O. Rías Baixas y en las parras empiezan a asomar inflorescencias con pequeñísimas flores blancas. Este momento, que puede durar hasta un mes, es clave para determinar el volumen la futura cosecha y de cuándo se produzca dependerá que la vendimia sea más o menos temprana. En este momento, la vid necesita más sol que lluvia y es clave que no se produzca ningún fenómeno extremo, como granizo o lluvias o viento intensos, para que las flores se mantengan intactas durante la polinización, la fecundación y den paso a la fructificación. 

Cuajado, el alivio de los viticultores

El proceso de fecundación de las flores, favorecido por los insectos polinizadores, es el paso previo a un momento clave y que de producirse adecuadamente deja tranquilos a los viticultores durante unas semanas: el cuajado. Esta fase se da en torno al día de San Juan y consiste en la transformación de las inflorescencias en pequeños ramilletes con gránulos verdes, el germen de los posteriores racimos de uvas.  

Si la meteorología juega en contra durante la floración y la fecundación, existe el riesgo de un corrimiento de la flor, que consiste en que las tasas de fecundación y cuajado de las bayas registradas son muy bajas, y puede mermar considerablemente la cosecha. 

Si el cuajado es satisfactorio, las posibilidades de que el clima eche por tierra una cosecha no desaparecen, pero se reducen muchísimo. La llegada del verano suele ser sinónimo de altas temperaturas y de largos días de sol en la D.O. Rías Baixas, con alguno que otro de lluvia, la situación ideal para que las cepas avancen por la fase de maduración hasta que llega la vendimia. 

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