La Agenda digital del CEO para el 2026 - Asociación Española de Directivos

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La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad tangible en las empresas, pero su impacto real sigue siendo desigual. Este fue uno de los principales ejes del diálogo celebrado en AED en Valencia, moderado por Jesús García Valcarce, presidente de AED en la Comunidad Valenciana, y en el que participaron Paco Gavilán, Presidente de Nunsys Group; José Manuel Alcayna, Consejero de Labérit; Santiago Gimeno, Socio de Cuatroochenta y Raúl Juanes, Director Levante de Sopra Steria, todos ellos impulsores del Clúster Digital de la Comunidad Valenciana, una iniciativa que nace para articular y reforzar el peso del sector tecnológico valenciano, que reúne a las compañías punteras con centro de decisión en la región y posicionándose como una voz de referencia ante instituciones públicas y privadas, tanto a nivel nacional como internacional.

A lo largo de la conversación, se puso de manifiesto una tensión evidente en muchas organizaciones. Por un lado, la IA genera expectativas muy elevadas —eficiencia, automatización, mejora en la toma de decisiones—; por otro, su uso sigue siendo, en muchos casos, superficial o experimental. Se utiliza para tareas puntuales, pero no está transformando de forma estructural los procesos ni los modelos de negocio.

En este contexto, el verdadero reto no es tecnológico, sino cultural. La facilidad de acceso a la tecnología contrasta con la dificultad de cambiar mentalidades, estructuras y formas de trabajar. La incertidumbre sobre el impacto real de la IA, junto con la resistencia interna al cambio, está ralentizando su adopción efectiva. Como coincidieron los ponentes, la transformación no depende tanto de incorporar herramientas como de repensar cómo se organiza y dirige la empresa.

Otro de los puntos clave del debate fue el papel del CEO y del comité de dirección. La tecnología ya no puede gestionarse como una agenda paralela o delegarse completamente. Las decisiones sobre IA —cada vez más rápidas, con impacto directo en el negocio— requieren un mayor nivel de implicación y conocimiento por parte de la alta dirección. La diferencia entre tener una “agenda digital” y construir una empresa verdaderamente digital se convierte así en un elemento crítico.

Además, se evidenció un cambio profundo en la lógica de implantación tecnológica. Frente a los grandes proyectos del pasado, el nuevo modelo pasa por experimentar con casos de uso concretos, validar rápidamente su impacto y escalar lo que funciona. En este sentido, la velocidad de ejecución se posiciona como el principal factor diferencial, en un entorno donde la tecnología está al alcance de todos, pero no todos saben cómo aplicarla con criterio.

Este cambio también está redefiniendo las organizaciones. Desde la transformación de roles —especialmente en áreas tecnológicas— hasta la necesidad de nuevas capacidades, como el pensamiento crítico o la gestión del dato. La IA no solo automatiza procesos: obliga a replantear cómo se toman decisiones, quién las toma y con qué información.

El mensaje de fondo es claro: la inteligencia artificial no es un proyecto más dentro de la agenda empresarial, sino un elemento estructural que condicionará la competitividad futura. En palabras compartidas durante la sesión, las empresas que sean capaces de integrar esta tecnología con una visión estratégica crecerán de forma significativa, mientras que aquellas que no lo hagan quedarán rezagadas. 

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Raúl Lozano