De El 47 y La Infiltrada a Los Domingos y Sorda: Qué ha cambiado en el cine español en solo un año
Por Patricia del Amo· Consultora de investigación en GAD3.
En un ecosistema cultural dominado por nichos, algoritmos y consumos fragmentados, muy pocos acontecimientos logran todavía concentrar una atención amplia y compartida. Los Goya siguen siendo uno de ellos. La gala de 2026 reunió a 2.396.000 espectadores de media, firmó un 26% de cuota de pantalla (su mejor dato desde 2020) y generó más de 235.000 interacciones solo en las redes de RTVE. En una época en la que cada vez vemos más cosas distintas y en pantallas diferentes, el cine español conserva, al menos durante una noche, la capacidad de situarse en el centro de la conversación cultural.
Y eso tiene más valor si se pone al lado del contexto de las salas. La asistencia lleva años en descenso y el hábito de ir al cine compite cada vez más con las plataformas y con un consumo audiovisual más doméstico. Aun así, la recaudación del cine español en salas superó los 85 millones de euros en 2024 y mantiene una trayectoria ascendente.
Sobre ello, escribió Javier García en su blog al que puedes acceder pinchando aquí.
La pregunta es: cuando eso ocurre, ¿Qué tipo de historias consiguen ocupar ese lugar? ¿Qué nos dice eso sobre nuestro país y, por tanto, sobre nosotros mismos?
De 2025 a 2026: no cambian solo las películas, cambia la mirada
Si se comparan algunas de las películas que marcaron los Goya de 2025 con las de 2026, lo que aparece no es solo un relevo de títulos o de nombres, sino algo más profundo: un cambio en la forma de mirarnos. Comparar El 47 y La infiltrada con Los domingos o Sorda es comparar dos maneras de entender el cine, pero también dos maneras de entender el presente.
Por un lado, ambas películas de los Goya de 2025 estaban construidas alrededor del conflicto visible, de la historia, del poder, de la política y de los mecanismos que organizan la vida colectiva. Son películas donde el relato tiene peso, donde la narración avanza con fuerza y donde los personajes están atravesados por fuerzas históricas o sociales que los empujan. Hay en ellas una voluntad de explicar un conflicto y de ordenar la realidad en forma de historia. Y eso se traduce también en la forma: guiones muy armados, progresión dramática, una puesta en escena al servicio del conflicto y una narrativa que busca hacer legible la realidad. Es un cine que mira a España desde fuera, desde sus estructuras y grandes tensiones.
Sin embargo, en Los domingos o Sorda el foco parece desplazarse. Ambas trabajan en otra escala. Son películas más pequeñas en apariencia, más silenciosas, más íntimas, más atentas a las relaciones, a la identidad, a la incomodidad: a la sensación de no encajar en el mundo. Aquí el conflicto ya no adopta siempre la forma de un gran acontecimiento; a veces se juega en una conversación, en una convivencia o en una manera de estar en una familia, en una pareja o en un lugar. Ya no se trata tanto de contar qué ocurre en España como de mostrar cómo se vive dentro de ella. Ganan así peso las historias pegadas a la vida diaria: menos épica, menos gran relato, más experiencia concreta.
Lo social en escala 1:1
Este desplazamiento se entiende mejor a través de la Sociología y, en concreto, a partir de las teorías de Eva Illouz. No se trata de un repliegue hacia lo privado. No es que el cine español haya abandonado lo social en favor del malestar íntimo. Es, más bien, que buena parte de las tensiones estructurales de nuestro tiempo se expresan en el lenguaje de la vida emocional. La familia, la pareja, la comunicación, la identidad o la fragilidad no son aquí asuntos menores ni refugios apolíticos, son los espacios donde se condensan desigualdades, dependencias y formas muy concretas de experimentar el presente. Lo social no desaparece: cambia de escala.
El cine como elemento sociológico
Dentro de treinta años, quien quiera entender cómo era España en esta década podrá mirar las hemerotecas, los datos, las leyes o los discursos. Ahí estarán las cifras, las crisis, las discusiones y los titulares. Pero para entender algo más difícil de atrapar, qué forma tenía la incertidumbre o la cotidianidad, quizá tenga que sentarse a ver estas películas. Porque es ahí donde una sociedad deja de ser solo información y se convierte en experiencia. Y es ahí donde el cine deja de ser solo cultura para convertirse en un documento de época.
Datos de participación y audiencia en RTVE.
Datos sobre recaudación en el INE