¿Qué es la deuda técnica o tecnológica?

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Desde hace algún tiempo, nos hemos acostumbrado a ver la tecnología como el principal motor de progreso. Sin embargo, también hay otra forma de verlo: las malas decisiones en su implementación, si no se corrigen a tiempo, pueden generar una deuda técnica o tecnológica. Pérdidas presupuestarias e interrupciones en la productividad son los síntomas clásicos de acumular problemas mal resueltos.

¿Qué es la deuda técnica o deuda tecnológica?

La deuda técnica o deuda tecnológica se refiere a la mala práctica de depender de soluciones temporales y fáciles de implementar para obtener resultados a corto plazo a expensas de la eficiencia a largo plazo. Se trata de una metáfora propuesta por Ward Cunningham, coautor del Manifiesto para el desarrollo ágil de software, para describir el impacto de la acumulación de problemas técnicos.

Como sugiere el término, los problemas de arquitectura de software y código que se ignoran conducen a la acumulación de deuda técnica. Pagarla (es decir, abordar los problemas ignorados en iteraciones anteriores) sería como pagar intereses sobre un préstamo: costoso y, a veces, limitante.

Causas de la deuda técnica

Las causas más comunes de la deuda técnica incluyen:

  • Presión de las partes interesadas para lanzar una solución demasiado pronto, sin realizar los cambios necesarios.
  • Pruebas insuficientes, lo que lleva a soluciones rápidas y superficiales.
  • Programación sin documentación de apoyo.
  • Falta de colaboración entre los miembros del equipo y las partes interesadas.
  • Liderazgo tecnológico inadecuado.
  • Cambios de última hora en las especificaciones.
  • Falta de talento y brechas de habilidades.
  • Desalineación entre la financiación y la estrategia.

Los dos tipos de deuda técnica

La deuda técnica intencional, también llamada deliberada o activa, se acumula cuando los responsables del proyecto retrasan conscientemente la resolución de algunos problemas para lograr el objetivo establecido. Por ejemplo, lanzar una actualización más rápido.

Por otro lado, está la deuda técnica no intencional (accidental, obsoleta o pasiva), que tiene lugar cuando el equipo realiza un trabajo deficiente sin saberlo, mientras acumula muchos problemas a lo largo del proceso.

Consecuencias

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Algunas de las consecuencias más habituales de la deuda técnica no abordada son:

Menor flexibilidad: La deuda técnica dificulta la escalabilidad y la adopción de nuevas tecnologías.

Discontinuidad: Provoca interrupciones en las operaciones principales.

Ineficiencia del tiempo de desarrollo: La resolución de problemas es una partida destacada en cualquier cronograma de desarrollo.

Problemas con las pruebas: A medida que se acumulan los problemas, resulta más difícil hacerles seguimiento, y mucho más solucionarlos. Las pruebas se complican cuando el equipo recurre a las pruebas manuales como principal método para gestionar la deuda técnica.

Pérdidas presupuestarias: Una parte del presupuesto para desarrollo tecnológico debe dedicarse al pago de la deuda.

En conclusión, es inevitable que se tomen algunas decisiones técnicas poco óptimas en un momento dado, lo que contribuye a generar este saldo negativo tan perjudicial a largo plazo. Para evitar su acumulación, no queda otra que ser proactivo en la gestión de la lista de tareas pendientes antes de que resulte inmanejable.

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Alba