Prioridad nacional - Salesianos España

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La prioridad nacional ha sido la expresión con la que un partido político, de cuyo nombre no quiero acordarme, ha realizado sus campañas en algunas comunidades autónomas. Este lema encierra varios supuestos:

Primero: hay una “invasión” de extranjeros que va a saturar los servicios públicos. Segundo: existe una competencia con los “verdaderos españoles”, que son en realidad discriminados. Tercero: el Estado, por razones ideológicas, está privilegiando las ayudas a esos colectivos, frente a las necesidades de los “españoles auténticos”. Cuarto: esto tiene como consecuencia el “efecto llamada”, que, a la larga, provocará una descompensación de la población autóctona por parte de los advenedizos. Y, por último, se producirá una catástrofe cultural, pues los inmigrantes vienen a traer delincuencia, terrorismo y desestabilización social.

La clave está en fomentar el miedo. Ésta es una de las emociones que más condicionan nuestro comportamiento. Es el mejor aglutinador de voluntades cuando ese miedo se focaliza en una amenaza común, y es compartida por un grupo. Este fenómeno ha sido ampliamente estudiado por psicólogos sociales, como Levin; Rogers, Bandura… Por eso funcionan tan bien estos mensajes electoralmente hablando, y consiguen movilizar a mucha gente que no tiene tiempo ni ganas para pensar racionalmente.

Tan cierta es su eficacia, que los seguidores de tales soflamas no se molestan en leer las propuestas de estos salvadores de la patria. Porque si tuvieran tiempo y ganas, por no hablar de un mínimo de comprensión lectora, entonces verían que estos vendedores de humo profesionales no tienen nada que ofrecer a los “buenos españoles.” Por lo menos, a la inmensa mayoría de ellos. Este combinado de falsedades tiene su efecto en mentes poco informadas, que aceptan acríticamente el mensaje, hasta el punto de que conseguirán el voto del obrero que será víctima del despido libre; del pensionista al que recortarán la pensión; del agricultor que tendrá dificultades para competir con los grandes oligopolios; del aldeano que no puede beber el agua de la red porque las macro granjas la han envenenado o del paciente víctima de la privatización sanitaria.

Sin entrar en los detalles, basta recordar la posición de los salvapatrias cuando se han propuesto en el parlamento medidas sociales: resulta que su voto ha sido negativo frente a la subida de las pensiones; a la subida del salario mínimo interprofesional; al permiso de paternidad; a la reducción de la jornada laboral… etc. También votaron un viernes en contra de la ley que garantizaba el precio mínimo de los productos agrícolas, lo que no les impidió acudir a una manifestación el lunes siguiente, en el que desplegaron sus banderas, reivindicando del gobierno el establecimiento de unos precios mínimos para la agricultura. Porque si se oponen a todas las medidas sociales que el parlamento ha votado en estos últimos años, uno se pregunta qué tipo de sociedad proponen para los “españoles de bien”, como ellos los llaman. Pero podemos sospecharlo, a partir de sus propuestas:

Si aplauden a manos juntas al programa de Milei en Argentina, que se basa fundamentalmente en privatizar todo, y desarticular todas las leyes laborales que protegen al trabajador, con sus secuelas de pobreza y exclusión social… Si están en contra de las tímidas e insuficientes medidas que el gobierno socialista quiere impulsar para evitar que el precio de la vivienda consuma buena parte del sueldo de los habitantes de este país… Si proponen una reforma laboral que permitirá a las empresas despedir libremente a los trabajadores indefinidos, asumiendo la Seguridad social los gastos del despido…

Si aplauden entusiastas la actuación del ICE en Estados Unidos, sabiendo los estragos que está causando a la convivencia en ese país, y en el sufrimiento ocasionado a miles de familias que han sido separadas violentamente, como si la inmigración fuera el problema número uno de la convivencia…

Si aplauden las políticas bélicas de Trump, olvidando que son precisamente esas guerras promovidas por el imperio yanqui en Irak, Libia, Siria, Yemen, Afganistán o Líbano las que han causado los movimientos migratorios masivos en estos últimos años… Si están a favor del gobierno criminal de Israel y sus políticas de segregación racial y sus guerras genocidas…

Si insisten obsesivamente en criminalizar a los inmigrantes, acusándolos falsamente y en contra de los datos sociológicos, del aumento de la delincuencia.

Si pretenden defender la civilización cristiana, proponiendo la discriminación del extranjero, y un racismo de manual…

Si parten de un negacionismo climático visceral, y defienden a ultranza los combustibles fósiles…

Entonces uno se pregunta a dónde quieren llevarnos estos salvapatrias. ¿A quiénes defienden? A los trabajadores, desde luego que no. Ni españoles ni extranjeros.

Uno no puede evitar revisar los manuales de historia, y entonces encuentra ciertas similitudes con propuestas que se hicieron en los años treinta del siglo pasado. Es la vieja táctica de canalizar la frustración de la gente hacia una minoría débil; descargar las iras contra los de abajo, así se evita mirar hacia arriba, desde donde provienen las causas de la desigualdad y del malestar.

Frente a esto, es un alivio constatar la posición de ciertos obispos con relación esto, aunque no estaría de más una mayor contundencia en la defensa de los más desfavorecidos. Porque ése es el bando en el que la Iglesia siempre debería estar.

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