Protagonistas de la Transición. Cómo amedrentar a la clase obrera - Confederación Nacional del Trabajo

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DOSIER: Lo llamaron democracia y no lo es | Ilustración de El Bellotero | Extraído del cnt nº 441

Contábamos con una juventud obrera organizada para la ruptura con el régimen franquista y no para una transición continuista. Pero nos topamos con otros que, sin contribuir a los cambios sociales y políticos del final del franquismo, se apuntaron el tanto, creando un relato alternativo, que ocultó las víctimas en el armario.

Un relato en el presente que modifica la comprensión del pasado

Según ellos, el brutal periodo de continuidad del régimen franquista no ha sido tal. Eso afirma el coro de guionistas de esta ficción histórica: políticos, periodistas, cantantes, escritores e historiadores…, todos dignos embajadores de la “Transición modélica” y mediática.

¿Vía pacífica hacia la democracia?

Falso. La transición es un verdadero obrericidio mediante el que se cercena la esperanza de una clase trabajadora, matando a prometedores miembros para escarmentar al resto. Un absoluto silencio cubre la abrumadora cifra de crímenes impunes del franquismo -del 75 al 82-. Una sistémica represión violenta de la nueva clase obrera, ejecutada por la alianza criminal entre instituciones represivas y bandas armadas de ultraderecha. Los mismos perros -con distinto collar- siguen en comisarías, cárceles y tribunales. Pero esa no es su única arma.

El desprestigio

Sin ruptura con el régimen anterior, el relato oficial ilumina a unos, oscureciendo a otros. Quienes nos opusimos a las leyes de punto final, desarrollando un activismo alternativo basado en un modelo sindical diferente, terminamos sufriendo una exclusión legal, efectiva y mediática. La mera existencia de otra opción en la calle y en el tajo es vista -de inmediato- como una amenaza.

La transición es un verdadero obrericidio mediante el que se cercena la esperanza de una clase trabajadora, matando a prometedores miembros para escarmentar al resto.

Así, una buena parte del movimiento obrero que había sostenido la lucha antifranquista -del que formamos parte- fue objeto de desprestigio. Molestaba la dinámica asamblearia de cualquier modelo sindical rupturista, hasta el punto de tildar de “huelga salvaje” cualquier movilización no controlada por ellos. Ese pacto entre viejas élites franquistas y el establishment del “cambio” se atragantó con huelgas como la de gasolineras, por ejemplo.

Iban delante

Cierto que hay revisiones históricas sobre este falseamiento de la realidad, pero el daño es irrecuperable.

Entre otras cosas, porque supuso el asesinato de más de doscientas personas jóvenes, entre los 14 y 29 años que aspiraban a un cambio real. Estaban comprometidas. Se pusieron delante. Por eso fueron asesinadas por la policía, por las bandas fascistas o por funcionarios de prisiones, con la complicidad de médicos y curas. Asesinatos que siguen impunes, gracias a la inestimable ayuda de los jueces.

Fosa común de la indiferencia

Es inadmisible que esa impunidad se perpetúe por nuestra apatía. Cada vez que pasamos de recordar, los volvemos a matar. Cada vez que lo dejamos para otro día, las volvemos a matar. Peor que las fosas de tierra son las del olvido o la indiferencia.

Pero eso está ocurriendo. No estamos consiguiendo sensibilizar a la juventud trabajadora actual, incluso afiliada. Aunque en la fosa estén compañeros y compañeras de su misma edad, la empatía no surge. Los desparecidos ya no tienen opción, pero nosotros, sí. Nombrarlos -para que no desaparezcan definitivamente de la historia- resulta cada vez más urgente y esencial.

La constancia da sus frutos.

El 23 de octubre se ha declarado Lugar de Memoria Democrática a la Cárcel de Carabanchel, tras una larga lucha que no impidió su demolición.

Durante el régimen franquista, esta cárcel fue levantada -entre otros- por cientos de compañeros nuestros –que no eran republicanos-, esclavizados, luego encerrados y, algunos, asesinados. Desde 1944, fueron hacinados, vejados, torturados y ejecutados legalmente, como a Delgado y Granados- e ilegalmente, como a Agustín Rueda.

Hemos reivindicado, sin rendirnos, durante 47 años, hasta ver escrito en el BOE esto: «tragedias como el asesinato del joven anarquista Agustín Rueda Sierra, torturado hasta la muerte por funcionarios en 1978». Cuarenta y siete años. Se dice pronto.

Hemos tenido que esperar, sin rendirnos, casi 50 años, para ver escrito en el BOE lo que supuso Carabanchel para la COPEL, apoyada únicamente por el movimiento libertario, cobrándose la vida de Agustín Rueda.

Qué ironía: Primero demoler y luego preservar. Tras 17 años, con mucho esfuerzo, solo hemos conseguido proteger un descampado y la memoria de algunos compañeros. Y aún queda el CIE. ¿Pero si no hubiésemos insistido un año tras otro, este acuerdo hablaría de ellos? Jamás.

La mal llamada transición supuso el asesinato de más de doscientas personas jóvenes, entre los 14 y 29 años que aspiraban a un cambio real. Estaban comprometidas. Se pusieron delante. Por eso fueron asesinadas. Asesinatos que siguen impunes, gracias a la inestimable ayuda de los jueces.

No dejemos de decir su nombre y contar su historia

Contra la violencia de género nombramos a todas las asesinadas. Contra el genocidio en Gaza, nombramos a las criaturas asesinadas… Entonces, ¿por qué no utilizamos el mismo recurso para los protagonistas olvidados de la Transición?

Agustín Rueda, marzo de 1978

24 años. Jornalero libertario. La noche del 13 al 14 de marzo de 1978 está preso en Carabanchel. No es la primera vez. En el 72, tres meses, al protestar por el atropello mortal de una vecina. Quiere dinamizar cultural y deportivamente su barrio. Lista negra por la huelga y encierro de la minería local del 72. Las fuerzas vivas no le quieren ver por Sallent.

En el 74, durante la mili en Cartagena y Vigo -muy lejos de casa- mueren sus padres, enfermos y debilitados por la miseria. Ajustician a Puig Antich. Ayuda a objetores a pasar a Francia. Ir y venir. Es jornalero. En el 77 le traicionan. Sobrevive a tres días de palizas y torturas en Vía Layetana. Estancia en Cárcel de Figueres, para dejarle reconocible. Cárcel de Gerona: entra en la COPEL. Únicamente Vidal, del Comité Pro-Presos de la CNT le pudo ver una sola vez, al principio.

Año Nuevo del 78. Por pertenecer a COPEL, es trasladado secretamente a Carabanchel. Ante las sospechas, el Comité Pro-presos de CNT en Madrid acude. Niegan que esté. Meses duros de COPEL. Abogado de oficio.

2 de marzo. Condenado sin juicio por sus verdugos. Shock traumático dicen. De diez a quince implicados en tortura, palizas y muerte. Hasta el cura interviene. Llamamiento de la CNT de Madrid para acompañar sus restos. Ya no está solo: En el Anatómico Forense, las veteranas compañeras del Ateneo Libertario del Puente de Toledo velan y fuera, escolta una muchedumbre de jóvenes conmocionados.

Vicente Cuervo, febrero de 1980

21 años. Electrónico. Sección Sindical de CNT en Telefunken. 45 años de impunidad de sus asesinos. Él representa mejor que nadie lo que es empujar el futuro de la clase obrera, de forma transversal. Comprometido no sólo con la lucha sindical, sino con la contracultura. Colaboraba en Ajoblanco, Herman Lobo, …

El domingo 10 de febrero, unos días después del brutal asesinato de Yolanda González, Fuerza Nacional del Trabajo -para provocar y generar más muerte- convoca un mitin prohibido, pero consentido, en un cine de Vallecas. Los fascistas, después de cinco años, no habían entregado las armas. Vicente, con una A siempre, su pareja y amigos van a la protesta. La policía carga contra la misma y no contra los del mitin ilegal, apuntándose éstos últimos a la caza. Sin testigos, Vicente es asesinado por disparo a corta distancia. Munición 9 mm Parabellum, propia de la policía. Sus ejecutores, vinculados a ésta. Bloquearon hasta lograr el sobreseimiento por falta de pruebas. No se detuvo a nadie. Además, durante años aterrorizaron con llamadas y pintadas a la familia, amenazando con matar a los otros hijos. El objetivo de estos asesinatos era amedrentar. Se funda el colectivo Olvidados de la Transición y logran que Vicente sea reconocido como víctima del terrorismo en 2023.

Jorge Caballero, abril 1980

20 años. Militante del Sindicato de Construcción de CNT Madrid. 45 años de impunidad.

28 de marzo. A la salida del cine, en plena Gran Vía, ante su novia, es apaleado. Y su pulmón e hígado, atravesados por un machete. Septicemia. Muerte.

Sus autores: Un grupo de Fuerza Joven. Algunos, de familia ilustre. Vienen de hacer pintadas por el 1 de abril. Salen de la nada. Llueven brutales sobre él. Al suelo. Indefenso. Machacan. Llobregat clava el machete semidentado. Boquete de 9 cm. Limpia la sangre del metal: “He matado un rojo”. Saben que le han matado. La acción popular es inaccesible y en 1986 con Barrionuevo, Interior no atiende el aviso de Interpol. Llobregat huye para siempre.

Digamos sus nombres, contemos su historia

Belén Sánchez (16), atropellada en un piquete; Víctor Pérez (23), repartiendo panfletos; Mª Luz Nájera (20), manifestación; Koldo Arriola (18), cantar en euskera; Elvira Parcero (21), manifestación; Ursino Gallego (14), manifestación por el agua; Moncho Reboiras (25), detención; Gladis del Estal (23), manifestación; José A. Fraguas (19), bomba ultraderechista; Ana Berrueta (19), ultraderechistas; Iñaki Kijera (18), manifestación; Yolanda González (19), ultraderechistas; Txiki Paredes (21), fusilado; Mª José Bravo (16), ultraderechistas; Ángel Otaegui (23), fusilado; María Contreras (17), bomba ultraderechista: Sánchez Bravo (21), fusilado; Xose Baena (25), fusilado; José España (25), torturado; Ramón García (27), fusilado; Koldo López (18), registro; Felipe Baz (19), control; Gustavo Muñoz (16), manifestación; Andrés García (18), ultraderechistas; Valentín Glez (20), huelga; …

Todos ellos, todas ellas, son los verdaderos protagonistas de la Transición. Vuestra historia es la nuestra, para siempre.

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