España tiene playas increíbles fuera del radar turístico
Con más de 8.000 kilómetros de costa y casi 600 playas con bandera azul, España es una potencia playera indiscutible. Sin embargo, la mayoría del turismo se concentra en un puñado de destinos conocidos mientras decenas de playas espectaculares permanecen relativamente desconocidas para el gran público. Calas escondidas entre acantilados, playas de arena dorada sin un solo chiringuito, rincones donde el agua cristalina compite con las mejores del Caribe y arenales infinitos donde la única compañía es el sonido del mar.
Playa de Gulpiyuri (Asturias): el mar entre prados
Gulpiyuri es un fenómeno geológico único: una playa de mar interior a 100 metros de la costa, alimentada por agua salada que se filtra a través de un sistema de cuevas subterráneas bajo los acantilados. Apenas 40 metros de arena rodeados de prado verde donde el Cantábrico aparece como por arte de magia entre la vegetación. Su pequeño tamaño y su ubicación discreta la mantienen relativamente tranquila incluso en verano.
Se accede a pie desde Naves, una aldea cercana a Llanes, tras una caminata de diez minutos por un sendero entre prados. No tiene servicios de ningún tipo, así que conviene llevar agua y comida.
Cala Macarelleta (Menorca): turquesa sin artificios
Menorca alberga algunas de las playas más bonitas del Mediterráneo, y Macarelleta compite por el primer puesto. Una cala diminuta de arena blanca enmarcada por acantilados cubiertos de pinos que se refleja en un agua de un azul turquesa que parece irreal. El acceso requiere una caminata de 30 minutos desde el aparcamiento más cercano y descender por unas escaleras talladas en la roca, lo que filtra a los visitantes menos decididos.
La cercana Cala Macarella, algo más grande y accesible, ofrece una experiencia similar con servicio de chiringuito en temporada. Ambas son paradas obligatorias en cualquier recorrido por la costa sur de Menorca.
Playa de los Muertos (Almería): el secreto del Cabo de Gata
Dentro del Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar, la Playa de los Muertos es un kilómetro de cantos rodados blancos y agua cristalina de tonos imposibles flanqueada por acantilados volcánicos. El acceso requiere descender a pie por un sendero empinado de unos 20 minutos que disuade a quienes buscan comodidad, lo que mantiene la playa en un estado de conservación envidiable. No hay servicios ni sombra, así que sombrilla y provisiones son imprescindibles. Caminar por estos senderos es además un excelente ejercicio aeróbico que contribuye a la prevención de enfermedades cardiovasculares, la primera causa de mortalidad en España.
El Cabo de Gata es en general una sucesión de playas y calas salvajes que conservan una belleza cruda poco habitual en el Mediterráneo español, con paisajes que recuerdan más a Grecia o al norte de África que a la costa levantina.
Playa de las Catedrales (Lugo): arquitectura natural
Las formaciones rocosas de la Playa de las Catedrales, con arcos de más de 30 metros de altura tallados por la erosión del mar, forman un paisaje que justifica el nombre con creces. La playa se disfruta en marea baja, cuando es posible caminar entre los contrafuertes y arbotantes de piedra como si se recorriera una catedral gótica natural. En marea alta, la playa desaparece bajo el agua, lo que obliga a planificar la visita consultando la tabla de mareas, algo que se simplifica enormemente con las apps móviles imprescindibles para el día a día.
En temporada alta es necesario reservar entrada gratuita a través de la web de la Xunta de Galicia, ya que se limita el aforo para proteger el entorno. Fuera de temporada, el acceso es libre y la experiencia, sin multitudes, es muy superior.
Consejos para disfrutar de playas poco conocidas
Las playas menos masificadas suelen carecer de servicios: ni socorrista, ni chiringuito, ni duchas. Llevar agua suficiente, protección solar, algo de comida y una bolsa para recoger los residuos es fundamental. Consultar las condiciones del mar antes de bañarse en playas abiertas al océano Atlántico, donde las corrientes pueden ser peligrosas, es una precaución que puede evitar sustos. Y la regla de oro del viajero responsable: dejar la playa exactamente como la encontraste, o mejor.
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