Marta García, consultora del Área de Movilidad y Logística del Institut Cerdà
La logística se ha consolidado como un factor clave para la competitividad del país. Según el perímetro de actividad considerado, su peso económico se sitúa entre el 10% y el 14% de la economía catalana, una horquilla que refleja la relevancia del transporte, el comercio al por mayor y el conjunto de actividades vinculadas al funcionamiento de las cadenas de suministro. Esta dimensión evidencia que no se trata solo de una actividad operativa asociada al movimiento de mercancías, sino de una pieza estructural del sistema productivo, con incidencia directa sobre la localización de la actividad económica, la conexión entre infraestructuras, la generación de ocupación y el equilibrio territorial. En este contexto, marcado por la digitalización, la transición energética, la presión sobre el suelo, la evolución de los patrones de consumo y la necesidad de reducir emisiones, el sector requiere una aproximación cada vez más transversal, capaz de relacionar movilidad, territorio, sostenibilidad y planificación.
La aproximación exige información fiable, series temporales consistentes y capacidad de interpretación para distinguir qué datos son realmente relevantes y cómo pueden contribuir a entender mejor la evolución del sector. No se puede construir a partir de percepciones parciales ni de indicadores analizados de forma aislada. En este marco, el Observatorio de la Logística, impulsado por CIMALSA y el Departamento de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica de la Generalitat de Catalunya, se ha consolidado a lo largo de más de veinte años como una plataforma de conocimiento orientada a aportar una base compartida, comparable y actualizada sobre la logística en Cataluña. Su valor no consiste solo en reunir información, sino en ordenarla, darle continuidad y transformarla en un análisis útil para administraciones, empresas, operadores y agentes vinculados a la planificación territorial y económica.
Desde el Área de Movilidad y Logística del Institut Cerdà, la participación en la gestión y evolución del Observatorio se orienta a garantizar una visión rigurosa, objetiva y continuada del sector. El trabajo no se limita a explicar su funcionamiento, sino que parte de la selección de indicadores relevantes, la verificación de la calidad de las fuentes, la actualización periódica de la información y la construcción de series históricas para analizar la evolución con perspectiva. Este criterio metodológico permite estructurar la información en ámbitos como la economía, el mercado laboral, las infraestructuras, los flujos de transporte, la intermodalidad, la inmologística, la logística urbana, la eficiencia, la innovación o la sostenibilidad como dimensiones interrelacionadas de una misma realidad y no como compartimentos independientes. Solo cuando estos elementos se ponen en relación es posible pasar de una lectura descriptiva a un análisis útil para orientar decisiones.
La visualización de datos es una de las piezas que hace posible esta lectura aplicada. Los gráficos interactivos, los filtros, las series temporales y las comparativas permiten consultar la información desde distintas perspectivas y adaptar el análisis a las necesidades de cada usuario. Ya sea una administración que quiere orientar políticas públicas o priorizar actuaciones, una empresa que necesita valorar una localización o entender mejor las dinámicas de mercado, o un operador logístico que quiere analizar flujos, accesibilidad, eficiencia o potencial intermodal. De esta manera, el Observatorio no platea una respuesta única, sino una base de trabajo que ayuda a formular mejor las preguntas y a interpretar la información con criterios comunes.
Esta aproximación se puso de manifiesto en la jornada organizada a primeros de mayo por CIMALSA acerca del Observatorio de la Logística y del proyecto LOGIS Montblanc, en la que se evidenció que una plantación logística no puede valorarse únicamente a partir del suelo disponible o de la proximidad a una infraestructura concreta. Su función dentro del sistema depende también del papel que puede jugar en la red de flujos, de la conexión con el tejido productivo, de la disponibilidad de perfiles profesionales, de la capacidad de generar ocupación y de las condiciones del entorno para consolidar actividad a medio y largo plazo. En este sentido, los indicadores socioeconómicos y territoriales (como la demografía, el mercado laboral, la formación, la vivienda, el paro, la accesibilidad o la presencia de actividad innovadora) permiten entender mejor si un territorio dispone de las condiciones necesarias para acoger actividad logística y hacerla crecer. A su vez, esta lectura debe completarse con un análisis funcional de las infraestructuras y de los flujos de transporte, incorporando las conexiones existentes, pero también el volumen de mercancías gestionado, el alcance territorial de los movimientos, el peso de los flujos internos, estatales, europeos o internacionales, y el papel que puede asumir cada nodo dentro de la cadena logística.
En este marco, la intermodalidad y la geoinformación se convierten en elementos especialmente relevantes. La presencia de infraestructura ferroviaria puede ser una condición favorable, pero no garantiza por sí sola una operación viable si no se contrasta con el tráfico real de las terminales, la evolución de la cuota ferroviaria, los costes puerta a puerta, los tiempos de recorrido, la conectividad con otros nodos y la capacidad de ofrecer alternativas competitivas al transporte por carretera. De la misma forma, los mapas de densidad poblacional, formación, vivienda, paro, accesibilidad, tiempos de conexión, vulnerabilidad de la red o rutas alternativas permiten visualizar condicionantes que no siempre son evidentes en una tabla de indicadores. En el caso de LOGIS Montblanc, esta mirada ayuda a valorar no solo la distancia a las principales infraestructuras, sino también los tiempos reales de acceso, la robustez de las conexiones y la capacidad de integrar una nueva actividad con criterios de funcionalidad, sostenibilidad y arraigo territorial. Este análisis se conecta, al mismo tiempo, con la inmologística, donde entran en juego la disponibilidad real de suelo, la adecuación del formato de las naves a las nuevas demandas operativas, la automatización, los criterios ESG, la compatibilidad con otros usos y los posibles conflictos territoriales.
La proximidad del SIL Barcelona, el Salón Internacional de la Logística, refuerza la oportunidad de esta reflexión, porque el sector se encuentra en un momento de transformación en el que la innovación, la digitalización, la automatización, la sostenibilidad y la reorganización de las cadenas de suministro obligan a tomar decisiones a largo plazo. En este contexto, disponer de una base de conocimiento sólida es imprescindible para evitar lecturas coyunturales y para orientar la planificación con indicadores consistentes, comparables y actualizados. Para el Institut Cerdà, este enfoque conecta con una trayectoria de trabajo centrada en el análisis aplicado a la movilidad, el transporte y la logística, combinando conocimiento sectorial, lectura territorial, análisis de datos y orientación a la decisión.
El Observatorio de la Logística es, en definitiva, una pieza clave para entender mejor la evolución del sector, comparar territorios y proyectos, identificar oportunidades de mejora y anticipar los retos que marcarán los próximos años. Porque los datos, por sí solos, no deciden; pero cuando son compartidos, comparables, actualizados e interpretados con rigor, se convierten en una base imprescindible para planificar con más solidez la logística del país.