Proteger la autonomía estratégica europea pasa por identificar y salvaguardar las moléculas, capacidades productivas, sites e interconexiones industriales que resultan esenciales para sostener las cadenas de valor de sectores estratégicos y reforzar la competitividad de la industria química en Europa. Esta fue una de las principales ideas abordadas en la mesa redonda “De la molécula a la cadena de valor: proteger lo esencial y ganar competitividad”, celebrada en el Ágora del espacio Smart Chemistry de Expoquimia 2026, que reunió a representantes del ámbito público, empresarial y territorial en un contexto marcado por las tensiones geopolíticas, las dependencias exteriores y la pérdida de competitividad industrial.
El debate, moderado por Cristina González, directora de Estrategia, Advocacy y Competitividad de Feique, contó con la participación de Laureano Jiménez, asesor científico del Ministerio de Industria y Turismo; Andrea Firenze, director general de Covestro España; y María Mas, directora gerente de la Asociación Empresarial Química de Tarragona.
Durante la sesión, Laureano Jiménez abordó el trabajo que se está desarrollando a nivel europeo, en el marco de la Critical Chemicals Alliance, para definir qué debe considerarse crítico o esencial, especialmente en torno a los compuestos químicos y a los sites industriales estratégicos. En este sentido, señaló que existe una voluntad de avanzar con rapidez en el diagnóstico de las vulnerabilidades del sector químico europeo, si bien una de las cuestiones todavía abiertas es cómo delimitar estos sites -ya sea como plantas, hubs o ecosistemas industriales- sin generar definiciones excesivamente rígidas que puedan dejar fuera capacidades relevantes.
Los participantes subrayaron que, en sectores como la química, el valor industrial no se encuentra de forma aislada en una planta, una tecnología o una materia prima concreta, sino en la conexión entre actividades, proveedores, clientes, infraestructuras y ecosistemas productivos. Jiménez defendió, en este sentido, la necesidad de que la definición de site crítico responda a las necesidades reales del sector y no se convierta en un corsé, mientras que María Mas destacó el valor de ecosistemas industriales integrados como Tarragona, cuya fortaleza reside en la conexión entre empresas, infraestructuras, administraciones y entorno social.
La mesa puso también el foco en la pérdida de competitividad de la industria química europea y en los factores que están condicionando la capacidad de producir e invertir en Europa. Andrea Firenze advirtió de los riesgos de depender de otros mercados para abastecer al propio mercado europeo en situaciones de tensión o disrupción, y vinculó la pérdida de competitividad a factores como la energía, la presión regulatoria y los plazos de tramitación de permisos. Asimismo, recordó que, aunque la producción química en España se ha reducido en los últimos años un 12%, con caídas superiores en algunas unidades, en otros países europeos el descenso alcanza niveles más elevados.
En el plano territorial, Mas señaló que los ecosistemas industriales también son vulnerables cuando afrontan costes energéticos elevados, incertidumbre regulatoria, dificultades en la obtención de licencias o falta de previsibilidad para acometer nuevas inversiones. En este sentido, advirtió de que la pérdida de producción por debajo de los niveles nominales no afecta únicamente a una instalación concreta, sino que puede trasladarse de una industria a otra precisamente por la elevada integración de estos enclaves.
La inversión industrial fue otro de los ejes centrales del debate. Los participantes analizaron cómo pasar del diagnóstico a la acción en un momento en el que existe un amplio consenso europeo sobre los retos de la industria, recogido en iniciativas y documentos como la Cumbre Industrial de Amberes, los informes Draghi y Letta o el Clean Industrial Deal. La cuestión, según se puso de manifiesto, es traducir ese consenso en decisiones concretas que mejoren la competitividad, den previsibilidad a las inversiones y permitan mantener en Europa capacidades industriales estratégicas.
En este ámbito, Jiménez puso el acento en la importancia de la colaboración público-privada y en la necesidad de abordar cuellos de botella como el permitting, que se ha convertido en uno de los principales obstáculos tanto a escala española como europea. Por su parte, Firenze insistió en la importancia de la seguridad jurídica y de un marco predecible para que Europa vuelva a resultar atractiva para nuevas inversiones industriales.
Asimismo, la sesión abordó la posición de España, que mantiene una situación relativamente más resiliente dentro del contexto europeo. No obstante, los ponentes coincidieron en la necesidad de consolidar esa posición mediante políticas que refuercen los ecosistemas industriales, faciliten nuevas inversiones y eviten que las fortalezas actuales se vayan debilitando. En este sentido, Mas defendió la necesidad de poner en valor el papel de la química como “industria de las industrias”, reforzar su atractivo para las nuevas generaciones y racionalizar la regulación sin renunciar a los objetivos de sostenibilidad.
La mesa también recordó el informe elaborado por Roland Berger para Cefic, que señala que, en los últimos tres años, Europa ha perdido 37 millones de toneladas de capacidad productiva química, lo que equivale al 9% de su capacidad, debido a factores como la energía, la caída de la demanda, la sobrecapacidad y la regulación. Frente a este escenario, se destacó que la transición verde solo será posible si Europa mantiene una base industrial sólida y competitiva.
La sesión concluyó con una idea compartida: proteger lo esencial no implica renunciar a la apertura ni a la competitividad, sino reforzar las condiciones que permiten a la industria química seguir produciendo, innovando, invirtiendo y generando empleo en Europa. Para ello, será clave avanzar en una visión de cadena de valor, preservar las interconexiones industriales y fortalecer la colaboración entre empresas, administraciones y ecosistemas industriales.