Cada 27 de junio se celebra el Día de las Microempresas y loas Pequeñas y Medianas empresas de la mano de Naciones Unidas. Una fecha que suele recordarnos una evidencia estadística, pero que debería llevarnos a una reflexión más estratégica: si la transición sostenible quiere aterrizar en la economía real, necesariamente tendrá que hacerlo en las microempresas y en las pymes. Y en Grupo Innova nos hemos querido unir a esta celebración y reivindicación.
En Grupo Innova sabemos que el futuro de la sostenibilidad empresarial se juega en las pequeñas empresas
No es una afirmación retórica. Las MIPYMES representan alrededor del 90% de las empresas del mundo, y generan entre el 60% y el 70% de empleo, aportando casi la mitad del PIB mundial. En los mercados emergentes, además, crean 7 de cada 10 empleos formales. Naciones Unidas insiste en ello porque, sin su capacidad para crear empleo, sostener economías locales y absorber innovación, será difícil avanzar en objetivos como el trabajo decente, la cohesión territorial o la descarbonización de la actividad productiva.
Sin embargo, el dato relevante para 2026 no es solo cuantitativo. La pregunta de fondo es otra: ¿están las pequeñas empresas en condiciones de asumir la doble presión —competitiva y regulatoria— que define la nueva economía? La respuesta, hoy, exige matices.
En Europa, el tejido productivo sigue siendo abrumadoramente pyme. La Comisión Europea cifra en 34 millones las pymes de la UE y constata que en 2025 han mostrado un comportamiento relativamente sólido: el valor añadido real creció un 2,5%, el empleo un 1% y el número de empresas un 1,8%. La recuperación, por tanto, existe. Pero el propio informe europeo advierte de la cuestión clave: la competitividad de las pymes dependerá cada vez más de su productividad, y esa productividad sigue estando condicionada por el tamaño, la tecnología, el sector y la capacidad de inversión.
En España, esa realidad es aún más acusada. A marzo de 2025, las pymes representaban el 99,8% del tejido empresarial, con 2,95 millones de empresas. El dato más revelador es su composición: más de la mitad no tiene asalariados (54,99%) y otro 38,02% son microempresas. Es decir, una parte muy relevante del tejido productivo español está formada por estructuras empresariales muy pequeñas, con escaso margen para repartir costes fijos, atraer talento especializado o dedicar recursos a funciones que hoy son críticas: sostenibilidad, digitalización, cumplimiento normativo, ciberseguridad o gestión avanzada de personas.