Al regresar de las vacaciones te identificas más que nunca con la revitalización que obtienes con el esperado contacto con la naturaleza. Ese contacto que se hace tan necesario para tu bienestar como persona altamente sensible. Tanto si has ido a la playa como a la montaña, esperamos que hayas aprovechado tu tiempo de la mejor manera posible para el reset que tu sistema nervioso altamente perceptivo necesita.
Nosotros hemos ido a la playa (no en vano tenemos las costas Mediterráneas y Atlánticas a tiro de piedra). Y hemos buceado (una experiencia altamente recomendable. ¡OJO! Siempre con personal entrenado y que te guíe por las mejores técnicas de inmersión). A nuestra vuelta hemos comentado sobre la variedad de seres que hemos podido apreciar bajo el agua y cómo no… Hemos terminado haciendo nuestros propios análisis acerca de la experiencias vividas. De la sincronización con los ritmos marinos e incluso de la paz “adictiva” que se experimenta en un lugar en el que solo observas a tu alrededor sin ser juzgado sin que se te exija incorporarte a la dinámica. Respetando tu presencia como uno más. Y como no podía ser de otra manera, terminamos haciendo el infaltable análisis comparativo entre las PAS y los pulpos. ¿Qué tienen en común un pulpo y una persona altamente sensible?
Si ya viste “My Octopus Teacher” (o mi “Amigo el pulpo” como se tradujo aquí en España) sabrás que no es solo un documental sobre la vida marina. Es una historia íntima sobre cómo una relación entre un humano y un pulpo puede transformar la forma en que entendemos la naturaleza, la empatía y a nosotros mismos. El director y protagonista, Craig Foster, no se acerca al pulpo como un científico con instrumentos, sino como un observador paciente. Día tras día se sumerge en las frías aguas del Atlántico para seguir los pasos de este animal extraordinario. Lo que comienza como curiosidad se convierte en una relación profunda, basada en el respeto, la constancia y la sensibilidad. Así pues, para nuestro entrever, la empatía es el hilo conductor de esta historia. Ya que Foster no impone su presencia; la ofrece. Pero tampoco espera que se le obligue a participar. Al inicio, solo observa. Por su parte, el pulpo, lejos de huir, comienza a interactuar con él. Este vínculo solo es posible porque Foster se adapta al ritmo del pulpo, a su lenguaje corporal, a sus tiempos. Es una danza silenciosa entre especies, donde la sensibilidad y el respeto por el espacio de cada uno son la clave de la historia.
Este tipo de conexión no es tan distinta de lo que ocurre entre las PAS y su entorno. Las PAS suelen establecer vínculos profundos, no por rapidez, sino por observación, escucha y respeto. Igual que el pulpo (en el caso del film de la pulpo hembra) necesitan tiempo para entender, para conectar, para confiar. En la película, vemos cómo nuestra protagonista cefalópoda enfrenta depredadores, se recupera de heridas, y sigue explorando su entorno con curiosidad. Se sabe hasta cierto punto “frágil” ya que su cuerpo no está provisto de duros esqueletos ni de agresivos dientes. Pero al mismo tiempo, sabe que su fortaleza viene de entender cada una de las señales que el entorno transfiere a su sistema nervioso.
Las PAS también viven desde una aparente vulnerabilidad (descrita en decenas de artículos como una propensión a trastornos de ansiedad). Sin embargo, esta sensibilidad es en realidad una herramienta que les permite anticipar cambios, adaptarse emocionalmente a ellos y responder con profunda conexión tras un análisis exhaustivo de esas pequeñas sutilezas del entorno. En ambos casos, la adaptación no viene de la fuerza bruta, sino de la percepción aguda del medio que la rodea (familiar, social, laboral, etc.)
Pero vayamos un poco más allá en este análisis de los pulpos y de las PAS. Imagina que como el protagonista de la película estás buceando en aguas frías del Atlántico. De repente, ves a un pulpo acercándose. Tú ya conoces de la comparación que algunos estudiosos hacen acerca de estos misteriosos animales. Hay quienes dicen que es una criatura que parece salida de otro planeta. Que es rara (¿te suena la descripción?). Y en el fondo lo es. No por nada tiene tres corazones, sangre azul, y unos ojos con pupilas en forma de “W”. No obstante, se mueve con una elegancia casi hipnótica, y parece que desde la lejanía prudencial te observa con curiosidad y al mismo tiempo con comprensión. Como si supiera algo de ti que ni tú mism@ conoces. Y esa capacidad de análisis del pulpo viene de dos características fundamentales de su anatomía y fisiología. Los pulpos tienen un sistema nervioso más receptivo a los estímulos del entorno y a la vez tienen una capacidad increíble de editar su ARN.
Vayamos primero a por la segunda idea (que es un poco más compleja de explicar). El ARN es como una copia temporal del ADN que se usa para fabricar proteínas. En otras palabras, es el molde que se crea a partir del ADN para poder ensamblar los aminoácidos específicos (materia prima) que se necesitan para fabricar las proteínas (producto final) que son encargadas de cumplir las funciones vitales del organismo. Pues bien… Los pulpos pueden modificar esa copia rápidamente, mucho antes de que se convierta en proteína, lo que les permite ajustar el funcionamiento de sus células —especialmente las neuronas— y adaptarlo a las señales que estén recibiendo del entorno. Incluso si esas señales no han sido analizadas previamente. De alguna manera hace una inferencia lógica de lo que las señales están cambiando en el entorno habitual y se ajustan a ellas. Y todo ello… ¡sin cambiar el ADN original! Esto es una maquinaria perfecta de adaptación al entorno. En alguna especies, hasta el 60% de las transcripciones neuronales pueden ser modificadas, pero en muchos casos necesitan exposiciones repetidas y repetidas a los cambios para crear esa “marca” que se adapte a los cambios requeridos (como la idea de que se necesitan varias generaciones con una idea “open mind” para que antiguos esquemas cuadriculados caigan bajo el peso de “otros tiempos”).
Volviendo a los pulpos… Esta capacidad de cambiar el ARN y por tanto las proteínas que se van sintetizar para cumplir la función biológica pertinente es el mecanismo que les permite adaptarse rápidamente a cambios en el entorno, como la temperatura del agua. Es como si tuvieran un software biológico que pueden actualizar en tiempo real. ¿Te imaginas poder hacer eso con tu cerebro? Sería una capacidad extraordinaria (de esa que hablan en las series de personas con superpoderes -Sense 8 o Héroes-). En el caso de los pulpos esta habilidad les hace superar las adversidades sin apenas sufrir daño. Y si lo sufriesen, su capacidad de resiliencia va de la mano de su capacidad de regenerar su tejidos a prácticamente la condición original. Los pulpos no tienen caparazón, ni huesos, ni grandes defensas físicas. Su supervivencia depende de su inteligencia, su capacidad de camuflaje y su flexibilidad. Son maestros de la adaptación. Y eso los convierte en uno de los animales más fascinantes del planeta.
El cerebro del pulpo es uno de los más desarrollados entre los invertebrados. Tienen una gran capacidad para resolver problemas y son capaces de aprender y recordar a largo plazo, algo que se debe al gran volumen de neuronas. Según publicaciones del National Geographic el pulpo común Octopus vulgaris tiene alrededor de unas 500 millones de neuronas. Dos terceras partes de estas neuronas se hallan en sus tentáculos y son los principales mecanismos para informar de todo lo que pasa a su alrededor. De hecho, podría decirse que los pulpos no tienen uno, sino nueve cerebros, pues cuentan con lo que se llama ‘sistema nervioso tentacular’. Resulta que evolucionaron desde un ancestro común que desarrolló un sistema nervioso descentralizado. Así, hasta dos terceras partes de las neuronas de los pulpos están distribuidas entre sus 8 tentáculos, que pueden actuar de forma completamente autónoma. Por eso, cuando un pulpo está inspeccionando su entorno, lleva a cabo una suerte de avanzadilla con uno de sus tentáculos que actúa como si pensara por sí mismo. Sí. Pensar. De hecho, estudios científicos realizados en escudriñar las capacidades de estos animales han llegado a la conclusión de que no solo piensan y sienten, sino que además sueñan. El sueño, como ya hemos hablado en otras oportunidades, no solo es un mecanismo de regeneración neuronal sino la manera que tiene el cerebro de fijar recuerdos. En resumen, que el pulpo lo tiene todo para ser el animal extraordinario que es.
Ahora. Volvamos a la Alta Sensibilidad. ¿Qué aspectos del pulpo acompañan a las PAS en la evolución? ¿Por qué un rasgo que persiste en la evolución humana (entre un 20 y 30%) de la población aún lo hace pese a ese aura de “debilidad” que quieren imponer quienes valoran a la sociedad sólo en términos de productividad monetaria? Las personas con este rasgo procesan la información sensorial más profundamente, lo que les permite detectar sutilezas que otros pasan por alto y ello tiene una función primordial: la supervivencia de la especie (de ahí la alta empatía). Una PAS no busca solo conocer esos cambios del ambiente en pro de sacar una ventaja personal. Sino que gracias a la alta empatía busca que el conjunto del grupo al que pertenece saque ventaja de la adaptación al cambio. Es lo que siempre hemos dicho en PAS ESPAÑA. La teoría de la evolución habla de la capacidad de un organismo para adaptarse a su entorno y no a su fuerza física, a su resistencia al estrés o a su agresividad. En la teoría de la evolución, la “aptitud” se refiere a las características que permiten a una especie sobrevivir y, crucialmente, reproducirse con éxito, pasando sus genes (y sus aprendizajes) a la siguiente generación. Desde una perspectiva evolutiva, esto tiene ventajas claras: en grupos humanos, las PAS pueden actuar como “sensores” del entorno, anticipando peligros, detectando tensiones sociales o encontrando soluciones creativas. En tiempos de cambio o crisis, esta capacidad puede marcar la diferencia entre sobrevivir o no.
Es por ello que el valor de la alta sensibilidad está en alza y no solo responde a una moda por poner en vogue a los “ofendiditos”. En nada tiene que ver con este sentido. En realidad, las PAS también han tenido que adaptarse a un mundo que a veces es demasiado ruidoso, demasiado estimulante y por lo tanto excesivamente agresivo con su sistema nervioso tan perceptivo. Pero en lugar de endurecerse, las PAS han desarrollado estrategias como la resiliencia, la empatía, la introspección y la creatividad. En un entorno que cambia constantemente, estas cualidades no son un lujo: son esenciales. En esta vía de pensamiento, se entiende que la evolución no elimina rasgos que aportan valor. Aunque la alta sensibilidad puede hacer que una persona se sienta más abrumada en ciertos contextos, también le permite anticipar problemas, cuidar de otros, innovar desde la observación y adaptarse emocionalmente a nuevas situaciones. En tiempos de crisis, cambio climático, revoluciones tecnológicas y transformaciones sociales, la sensibilidad es un superpoder. Igual que el pulpo, las PAS no sobreviven por ser las más fuertes, sino por ser las más adaptables. De hecho, los análisis de regresión contrastando variables suelen revelar que la Sensibilidad de Procesamiento Sensorial (SPS) es un predictor significativo de la resiliencia, pero diversos aspectos de la sensibilidad explican la resiliencia
de manera diferente. Se descubrió que la conciencia atencional es un moderador significativo que refuerza la relación positiva entre la percepción de lo sutil y la tolerancia a las emociones negativas. Es cierto que parte de las consecuencias de ser PAS incluyen altos niveles de angustia, ansiedad y una sensación de sobrecarga. No obstante, la capacidad de percibir los cambios sutiles en el entorno puede ser un recurso importante que les permita lidiar eficazmente con situaciones de cambio constante. Es por ello que el entrenamiento en conciencia atencional y presencia consciente puede ser una forma importante de mantener el bienestar mental, reconectar con el presente, lidiar con las emociones negativas y desarrollar estrategias que permitan la evolución de la especie. Además, varios estudios señalan recientemente que estas estrategias pueden ser de gran importancia para mejorar el bienestar y proteger a las PAS contra diversos factores de estrés e incluirlas como elementos clave para preparar al resto de la población al cambio.
En otro orden de ideas, hablaremos de cómo estas herramientas de cooperación han servido igualmente en otras especies. Los científicos Brian Hare y Vanessa Woods, del Centro de Neurociencia Cognitiva de la Universidad de Duke, argumentan que el éxito evolutivo de las especies no se basa en la competencia, sino en la cooperación. En su libro de 2020, “La supervivencia del más amistoso”, sostienen que la clave para la perpetuación de la vida —incluidos humanos, animales y plantas— reside en las relaciones amistosas y la sociabilidad. El Dr. Hare critica la popular pero errónea idea de que la evolución favorece a los individuos más fuertes o “machos alfa”. Él afirma que las relaciones de confianza y la cooperación son la estrategia más exitosa para la vida, algo que se observa repetidamente en la naturaleza. Como ejemplo, menciona la relación entre las plantas con flores y los animales: las primeras ofrecen alimento a los animales, quienes, a cambio, ayudan a esparcir su polen, creando una asociación mutuamente beneficiosa.
Además, ambos autores citan en sus investigaciones las relaciones estudiadas sobre los bonobos. Los bonobos son simios que a menudo se confunden con los chimpancés. Pero los bonobos en realidad son bastante diferentes de los chimpancés. A los chimpancés les estimulan los ambiente competitivos donde los machos se hacen cargo del grupo y pueden ser bastante violentos, incluso matándose entre ellos. Los bonobos, por otro lado, son gobernados por las hembras, no se matan entre sí, sino que mantienen la paz a través de la mediación y buscan el entendimiento para mantener un temperamento colectivo pacífico. Los bonobos también son compartidores naturales. Disfrutan compartiendo comida con otros bonobos, y nunca superan su voluntad de hacerlo, a diferencia de los chimpancés, que se vuelven acaparadores y egoístas en la edad adulta. Es más, comenta Hare: “El bonobo macho más amigable tiene más éxito sexual que el chimpancé más alfa”, refiriéndose a la reproducción. “Los machos bonobos más exitosos tienen más descendencia que los chimpancés machos alfa más exitosos”. En cuanto a los humanos, los autores afirman que nuestra evolución exitosa se debe a que somos la especie humana más amistosa que ha existido. Según ellos, la cooperación es la estrategia ganadora para resolver problemas sociales, y cuando esta se pierde, la agresividad aumenta y las poblaciones disminuyen.
Así que la próxima vez que sientas que “eres demasiado sensible”, recuerda al pulpo con su capacidad de adaptación y recuerda a los bonobos con su capacidad de mediar. Recuerda que la evolución no premia al más fuerte, sino al que mejor se adapta. Y tú, con tu sensibilidad, estás perfectamente equipado para sobrevivir —y prosperar— en este mundo cambiante, y mediar entre los diferentes rasgos y tipos de personas que conviven en este mundo.
Lorea Zubiaga MD PhD
Ms Neurociencias
Investigadora Biomédica y Directora de Formación de PAS España
Fuentes:
-Gulla B, Golonka K. Exploring Protective Factors in Wellbeing: How Sensory Processing Sensitivity and Attention Awareness Interact With Resilience. Front Psychol. 2021 Nov 16;12:751679.
– Maselli V, Al-Sayed AS, Norcia M, Galdiero S, Palladino S, Cirillo E, Polese G, Di Cosmo A. Extraocular Photoreception in Optic Lobes, Suckers, and Skin of Octopus vulgaris. Integr Zool. 2025 Jun 13.
– Bas S, Kaandorp M, de Kleijn ZPM et al. Experiences of Adults High in the Personality Trait Sensory Processing Sensitivity: A Qualitative Study. J Clin Med. 2021 Oct 24;10(21):4912.
– Woods V, Hare B. Survival of the Friendliest. Sci Am. 2020 Aug 1;323(2):58.