El flaco de oro hace brillar más el Montmartre - Radio Gladys Palmera

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Esta noche se llenará de alegrías y tristezas cuando aparezca él en el escenario del cabaret Montmartre. Flaco, elegante, con una expresión triste que la cicatriz de su rostro acentúa más. Es Agustín, Agustín Lara, “El flaco de oro”, y es el mes de junio de 1952.

Ha sobrevivido a amores y desamores. Hace doce años se enamoró perdidamente de una declamadora y cantante cubana de 21 años, y ella lo rechazó. De su corazón herido nacieron canciones, sobre todo esta:

Toda la gloria fue mía /cuando me miraste tú / toda la gloria fue mía
/cuando me miraste tú / se quedó sin luz el día / todo se quedó sin
luz /y empezó la vida mía / cuando me miraste tú…

Pero hoy no cantará esa canción, acompañado de una orquesta de violines, como siempre ha soñado hacer.

El Montmartre es una maravilla. Y no hay nada con mejor situación en la ciudad. El Vedado es una zona que crece y florece, y ha llegado a desplazar a La Habana Vieja y Centro Habana en la diversión y los negocios. Hace tres años, “en 1949, contratado por el Montmartre, llega a La Habana Cab Calloway, el artista negro mejor cotizado de los Estados Unidos”. Y ahora está aquí Agustín Lara, pero por este mismo escenario pasarán otros grandes: Lola Flores y Maurice Chevalier. Y en 1957, otra gran artista dejará su nombre y su corazón bajo este mismo techo, la francesa Edith Piaf, que estará desde el 25 de enero hasta el 7 de febrero.

En las mesas algunos ojos se nublan por la emoción cuando Lara comienza a cantar un tema que es casi un himno:

Noche de ronda / qué triste pasas / qué triste cruzas / por mi balcón. //
Noche de ronda / cómo me hieres / cómo lastimas mi corazón. //
Luna que se quiebra / sobre la tiniebla de mi soledad /
¿A dónde vas? // Dime si esta noche tú te vas de ronda /
como ella se fue. // ¿Con quién estás?
Dile que la quiero, / dile que me muero de tanto esperar. //
Que vuelva ya. // Que las rondas no son buenas
Que hacen daño, que dan penas, / y se acaba por llorar.

Y así hay muchas personas aquí esta noche. No solo han salido a recorrer la noche mágica de una ciudad que prospera y lo celebra. Alguien escribirá después que La Habana era el Paris de América. Y para reafirmarlo, está este sitio, ubicado cerca del malecón “en la esquina de las calles 23 y P, en La Rampa habanera, Vedado. Uno de los tres cabarets más elegantes con los que contó la capital cubana. Un enorme edificio, con una arquitectura exterior esplendorosa, tenía 100 metros de frente, tres pisos más el sótano. La decoración interior con inspiración francesa era admirable, con paredes forradas de maderas preciosas y ornamentación de gran gusto”.

Pero ahora la ciudad completa calla. Es como si todos los oídos no quisieran perderse la siguiente canción, que tiene nombre de virgen y de belleza aplastante, que nació como una petición de perdón, en la relación mágica y estremecedora que tuvieron Agustín Lara y María Félix de 1945 a 1948. Y que dice:

Acuérdate de Acapulco / de aquellas noches /María bonita, /
María del alma; / acuérdate que en la playa /
con tus manitas las estrellitas las enjuagabas. //
Tu cuerpo, del mar juguete / nave al garete /
venían las olas lo columpiaban. // Y mientras yo te miraba /
lo digo con sentimiento / mi pensamiento me traicionaba. //
Te dije muchas palabras de esas bonitas /
con que se arrullan los corazones, / pidiendo que me quisieras /
que convirtieras en realidades / mis ilusiones. //
La luna que nos miraba / ya hacía ratito /
se hizo un poquito desentendida / y cuando la vi escondida /
me arrodillé para besarte / y así entregarte toda mi vida.

Hay suspiros y aplausos. Todos saben que, aunque María bonita está dedicada a María Félix, en el temblor de sus versos caben todas las Marías del mundo, y todas las cubanas que siempre han estremecido el corazón y el cuerpo de este poeta trasnochador.

Y la canción tiene otra historia que la mayoría de los presentes desconocen: “para 1947, el compositor Chucho Monge demandó a Lara por un supuesto plagio de su canción “El remero”. Lara le dijo: “Chucho, ¿por qué quieres fregarme en una canción que he dedicado a la mujer más bonita de México?”

Porque Agustín Lara no pedía permiso para vivir y para amar. Uno desea que hubiera amado más, y más seguido, para que nos hubiera dejado miles de canciones más. Y no importaba que lo calificaran de ridículo, que en cubano se dice “ser picúo”. Él lo confesó, sin pelos en la lengua: “Soy ridículamente cursi, y me encanta serlo. Porque la mía es una sinceridad que otros rehúyen…ridículamente”. Por eso ahora canta otro de sus temas inmortales:

Mi rival es mi propio corazón / por traicionero. //
Yo no sé cómo puedo aborrecerte / si tanto te quiero. //
No me explico / por qué me atormenta el rencor. //
Yo no sé cómo puedo vivir sin tu amor.

Agustín Lara, en el centro del escenario, magnetiza. Es un hechicero con la voz y los gestos, lentos, solemnes, como quien va a hacernos, en cada momento, una tremenda confesión. Cuba lo ha marcado desde su primer viaje: “Lara visitó La Habana por primera vez en 1933 invitado por el célebre compositor cubano Ernesto Lecuona”.

No pudo actuar por la tensa situación política. Pero sus sentidos recogieron el calor de los ritmos, la sensualidad del ambiente, la callada ferocidad de sus mujeres. “La caída de Machado y la toma de posesión de Carlos Manuel de Céspedes como presidente de la convulsa república coinciden con un instante de gran popularidad en Cuba de algunas canciones de Lara, que compiten ventajosamente con tangos, valses, milongas y algunos sones que graban los últimos septetos, ya en franca decadencia, pero que sobreviven ensayando la inclusión de otros instrumentos en formaciones”.

Y, aunque cada una de sus canciones tiene una historia, los que han venido a verle hoy se imaginan otros momentos, otros lances del corazón. Cada cual la hace suya, como sucede con esta:

Solamente una vez / amé en la vida, / solamente una vez / y nada más. //
Una vez, nada más / en mi huerto brillo la esperanza, /
la esperanza que alumbra el camino / de mi soledad. //
Una vez, nada más / se entrega el alma / con la dulce y total / renunciación, / y cuando ese milagro realiza / el prodigio de amarse, /
hay campanas de fiesta que cantan / en el corazón.

La presencia de “El flaco de oro” en la isla no se hizo rara, era uno más, uno de los tantos mexicanos que rompieron las fronteras cabalgando sobre una música que nos hermanaba. Alguien escribirá muchos años después estas impresiones: “Agustín Lara pertenece a esa Habana inasible, desaparecida de una sola vez, tal vez en una sola noche, por un tajo de navaja. Ciudad desmantelada: la de la nocturnidad cabaretera, el café con leche al amanecer, la salida de los músicos de Tropicana o Sans Souci para irse a descargar al club minúsculo, parquímetros, casinos”.

Y en esa Habana perdida quedará esta noche y esta actuación. Lara quiere cerrar su actuación con una de sus composiciones más cubanas, que ha dejado para que flote su ritmo contagioso en la despedida. Se titula “La cumbancha”. El musicólogo Radamés Giró dijo de este tema: «De su interés por la música cubana dan cuenta La cumbancha -homenaje a la percusión cubana que grabó el Trío Matamoros, Antonio Machín y el Cuarteto Caney-”.

Agustín Lara se irá y volverá otras veces. Pero dejó tanto de sí en esta ciudad que en el futuro se podrá ver su presencia física: “En la Avenida del Puerto, a pocos pasos de la Alameda de Paula, hay una estatua suya”. Y ahora los violines y la percusión suben un tono y van dejando esta letra en todos los asistentes:

Oiga usted, como suena la clave. // Mire usted, como suena el bongó. //
Dígame, si las maracas tienen / el ritmo que nos mueve el corazón. //
Última carcajada de la Cumbancha, / llévale tus tristezas y mis cantares, /
tú, que sabes reír, tú, que sabes soñar, /
tú que puedes decir cómo tengo el alma de tanto amar.

Y ese amor se ha quedado sobre la noche de esta ciudad, que sigue siendo también la suya.

Agustín Lara, en el centro del escenario, magnetiza. Es un hechicero con la voz y los gestos, lentos, solemnes, como quien va a hacernos, en cada momento, una tremenda confesión. 

Playlist

1. Agustín Lara - María Bonita (Agustín Lara)

00:00:15

2. Rosita Fornés y Orquesta de Julio Gutiérrez - Noche de ronda (Agustín Lara)

00:03:35

3. La India de Oriente y el Trío de Luis Plá - Sueño guajiro (Agustín Lara)

00:06:52

4. Roberto Sanchez y el Conjunto Gloria Matancera - Cada noche un amor (Agustín Lara)

00:09:53

5. Trío Los Panchos - Farolito (Agustín Lara)

00:12:19

6. Orquesta América de Ninón Mondejar - Rival (Agustín Lara)

00:14:48

7. Barbarito Diez con la Rondalla Venezolana - Palmeras (Agustín Lara)

00:17:46

8. Lecuona Cuban Boys - Solamente una vez (Agustín Lara)

00:19:56

9. Ramón Veloz - Naufragio Agustín Lara)

00:22:08

10. Orquesta Sensación - Arráncame la vida (Agustín Lara)

00:24:39

12. María Félix - Noche de ronda (Agustín Lara)

00:27:25

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Jose Arteaga