Leyla en la tercera temporada de Mi otra yo - IAW

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⚠️ SPOILER: Si sigues leyendo, descubrirás lo que vive Leyla en la tercera temporada de Mi otra yo. Te recomendamos ver la serie antes.

En este post analizamos a Leyla en la tercera temporada de Mi otra yo. En las dos primeras la vimos resolver siempre con la misma estrategia: la lucha, ir hacia adelante con todo sin pararse a mirar lo que le costaba. Siempre presente, siempre disponible, siempre con una respuesta, una solución o una carcajada que aligeraba lo que fuera. Era el centro de gravedad del grupo, la que mantenía todo en pie sin que nadie se lo pidiera explícitamente. En esta tercera temporada, esa estrategia deja de funcionarle, porque a Leyla ya no le quedan fuerzas ni para sostenerse a ella misma.

Llega con una vida que desde fuera parece completa. Regenta la taberna Eleni, que lleva años siendo mucho más que un negocio: es su espacio, su identidad, el lugar donde manda y donde nadie le pide que sea de otra manera. Tiene dos hijos, Sarp y Mavi, y sigue con Erdem, con quien construyó una vida que en algún momento tuvo sentido. Sin embargo, por dentro algo lleva tiempo sin encajar, y esta temporada es la que se encarga de sacarlo a la luz.

El matrimonio con Erdem se ha ido vaciando hasta quedar en poco más que la rutina compartida, sin peleas definitivas ni un momento claro de ruptura, simplemente dos personas que llevan tiempo queriendo cosas distintas y que ya no se escuchan de verdad. A eso se suma una sobrecarga que Leyla lleva años cargando sola: que Erdem actúe más como ayudante que como proveedor principal, ocuparse de los niños, del restaurante, de la gestión de todo, e incluso mantener la energía alta para que el resto esté bien. Es ella quien se levanta cuando Mavi llora de noche, quien resuelve los problemas del local, quien sostiene a Fiko, quien está ahí para Ada y para Sevgi. En algún momento, sin que nadie se lo pidiera, asumió que así tenía que ser. Y esa pregunta que nunca se ha hecho, qué quiere ella, es la que esta temporada le pone delante.

Junto con Aran, hemos sido consultoras oficiales de esta tercera temporada, así que todo lo que vas a leer aquí viene también de haber acompañado de cerca cómo se construyó cada uno de los procesos que atraviesa Leyla.

La crisis matrimonial entre Leyla y Erdem

La crisis matrimonial entre Leyla y Erdem no nace de un solo conflicto, sino de años de pequeñas distancias que han ido distanciando a la pareja y no han encontrado objetivos compartidos.

Leyla se ha vuelto autónoma en muchos sentidos y ha construido su vida alrededor de la estabilidad que tanto le costó conseguir. Su independencia tiene un valor enorme porque representa todo lo que logró sostener después del caos y la estafa de Erdem que los llevó a la ruina. Está en un momento de su vida que necesita tranquilidad, sentir que su vida le pertenece y que no vuelve a desaparecer dentro de las necesidades de los demás. 

Leyla y Erdem en Mi otra yo temporada 3: crisis matrimonial

Erdem lo vive desde otro lugar, ya que después de la cárcel y de todo lo que perdió, sigue buscando recuperar una sensación de bienestar y riqueza que asocia con su vida anterior, mirando hacia atrás con la necesidad de reencontrarse con lo que para él significaba su identidad, basada en el tener y no en el ser, algo que ya los ha distanciado como pareja.

Los dos siguen unidos por la paternidad, y también por la historia, por el amor que existió y por todo a lo que sobrevivieron juntos, pero sus necesidades ya no son las mismas. Ahí está la verdadera distancia: no en la falta de afecto, sino en el hecho de estar intentando construir futuros distintos.

¿Yorgo o Erdem?

Yorgo, uno de los nuevos personajes de Mi otra yo

Yorgo llega al restaurante como cocinero en un momento en el que la relación entre Leyla y Erdem ya arrastra demasiado tiempo sin poner nombre a lo que les ocurre. No se trata de una crisis puntual, sino el desgaste de una relación con muchos altibajos en los últimos años. Aunque siguen juntos como padres, como pareja no avanzan hacia el mismo lugar.

Cuando Yorgo entra en escena, Leyla se encuentra con una parte de sí misma que llevaba mucho tiempo en silencio. Yorgo despierta en Leyla sensaciones que creía apagadas: deseo, curiosidad, ganas de conectar con su propia vida emocional.

Leyla se enamora de Yorgo, pero no quiere que sea él el motivo de su separación. Yorgo despierta en ella la certeza de que ya no quiere seguir en esa relación con Erdem, y por eso decide priorizarse a sí misma antes de elegir a nadie. No cambia a un hombre por otro. Decide no estar con Yorgo mientras siga casada, y cuando la taberna queda destruida por el incendio, aprovecha ese momento de parón forzoso para volver a estudiar y terminar la carrera de psicología que había dejado a medias.

La separación de Erdem es de las cosas más bonitas que muestra esta temporada. Los dos deciden hacerlo bien, sin pelear, pensando en el bienestar de sus hijos por encima de cualquier reproche. No hay batalla ni rencor, solo dos personas que reconocen que el camino sano ahora es separado, y que eligen caminarlo así, con respeto, en lugar de convertir el final de su matrimonio en una guerra.

Solo cuando termina sus estudios, cuando ha hecho ese recorrido propio que necesitaba, Leyla elige estar con Yorgo. En la escena final, dos años después, los vemos juntos en el cementerio, con los niños, visitando a Sevgi. Los dos han sabido esperar, ninguno ha forzado un momento que todavía no estaba listo, y cuando ese momento llega es porque cada uno ha hecho su propio camino antes de encontrarse con el otro.

La alergia de Leyla, la Descodificación Biológica y el trauma infantil

En el episodio 4 de la temporada 3 conoceremos la historia de Leyla, y empieza con algo aparentemente pequeño: una alergia.

Leyla lleva a Mavi a ver los caballos de Yorgo. Cuando entra al establo, su cuerpo reacciona automáticamente: el corazón se dispara, las piernas no la sostienen, cae desmayada.

Al día siguiente Ada ve la erupción en el cuello, la espalda, el pecho. Leyla menciona casi de pasada que estuvo en una granja y Ada lo escucha de otra manera, por un lado como médico y por el otro, como terapeuta. Ada reconoce que más allá de la alergia al caballo, puede tratarse de la memoria que el cuerpo lleva guardada desde hace años. 

Desde la Descodificación Biológica, el síntoma tiene sentido: no es un accidente ni una reacción arbitraria, sino una respuesta específica a un instante de estrés. El establo, el olor, los caballos funcionan como detonantes (raíles) que conectan a Leyla con algo que la mente no recuerda pero que su sistema de supervivencia sí recuerda. 

Cuando una experiencia traumática no puede ser integrada, especialmente en la infancia, no desaparece. Se encapsula. La persona saca de su mente el tema doloroso, se disocia y lo aparta hasta que algo lo activa. Ese despertar del recuerdo traumático vuelve en forma de ansiedad, miedo, síntomas físicos, reacciones que parecen no tener explicación como una alergia.

Lo primero que hace Ada es preguntar:

  • ¿Alguna vez has estado cerca de caballos? ¿De pequeña te gustaban? ¿Recuerdas cuándo empezó ese miedo? 

Leyla dice que de niña los adoraba, que a veces no iba al cole para ir a verlos, pero que en algún momento les cogió miedo sin saber por qué. Ahí Ada sabe que no están frente sólo a una alergia sino a un evento traumático que ha despertado una reacción física. También sabe que tratando solo la reacción física Leyla no completará la historia y que en otro momento volverá a aparecer.

Por todo eso le propone acompañarle en un proceso terapéutico y Leyla accede. Es ahí cuando Ada y Leyla vuelven al establo juntas. No al espacio físico, sino al recuerdo. En la consulta, con los ojos cerrados. 

Ada se sienta frente a Leyla. Le pide que respire, que observe lo que pasa en su cuerpo, que no intente recordar todavía:

  • Leyla, no estás sola. Estoy aquí.

Ada le pregunta cómo se sentía antes de entrar, qué cambia y qué siente en el cuerpo.

El trauma no siempre aparece como una historia clara: vuelve en forma de sensaciones (flashbacks), en imágenes fragmentadas, en miedo sin nombre. Por eso no se empieza preguntando qué pasó, sino escuchando al cuerpo.

Leyla abre los ojos. Cree que ha recordado algo pero no está segura. Ada le pide que vuelva a cerrarlos, que siga respirando, que observe qué está pasando por debajo de su piel.

Al estar en contacto con la sensación se activan los recuerdos (la imagen del establo, una mano en  su nuca, una invitación para entrar en el establo,..) que están en relación con ese evento, y es ahí donde se puede sentir la intensidad de lo que ocurrió. Reconocer lo que fue significa ver lo que se ha ocultado como forma de protección. Y Ada acompaña ese momento a través de la presencia y la escucha, sin adelantarse, sin interpretar, sosteniendo el espacio para que Leyla pueda reconectar con lo que su memoria había mantenido a distancia.

Este tipo de experiencias durante la infancia, cuando no pueden ser procesadas, llevan a que una parte de nosotros aprenda a mantenerse lejos de ellas. Es una forma de seguir adelante. Pero esa distancia tiene consecuencias que se extienden mucho más allá del momento en que ocurrió: en cómo nos relacionamos, en cómo percibimos el peligro, en las situaciones que toleramos sin saber muy bien por qué. No porque hayamos elegido nada de forma consciente, sino porque nos organizamos alrededor de algo que nunca pudimos mirar de frente.

En ese recuerdo aparece también la culpa. Leyla había faltado al colegio para ir a ver los caballos y tenía miedo de que su padre se enfadara. Esa culpa infantil se mezcla con el trauma o herida y termina ocupando todo el espacio. Por eso nunca lo contó. Por eso lo olvidó. 

Ada le pide entonces que busque a la pequeña Leyla dentro del establo. Leyla la encuentra encogida en el suelo, abrazándose las rodillas, llena de miedo. Le pregunta qué necesita esa niña. Leyla lo sabe: protección. Sentirse segura.

Ada le pide que piense en un momento de su vida adulta en el que se haya sentido fuerte, entera. Leyla tarda. Dice que no sabe, que quizás nunca tuvo uno. Pero llega.

Ve la taberna Eleni. Las mesas llenas, la gente riendo, la luz cálida, ella en el centro de lo que ha construido.

  • “Amarillo. Brillante. El color de la luz.”
Leyla conectando con su recurso interno en la taberna Eleni.

Ada le pide que lleve esa luz a la pequeña Leyla que sigue en el establo. Y entonces Leyla se acerca a ella, le toma las manos y le dice:

  • “Estoy aquí. Siento mucho haberte olvidado todos estos años. Pero estoy aquí ahora. Sé que tenías mucho miedo. Ya no estás sola. A partir de ahora, yo te protegeré.”

Esa noche, Leyla entra en la habitación donde Mavi y Sarp duermen. Se sienta junto a ellos y les dice algo que ella misma nunca escuchó de pequeña:

  • “Mavi, mi niña preciosa… Sarp, mi amor… Como vuestra madre, no puedo protegeros de todas las cosas malas del mundo. Mis padres tampoco pudieron protegerme a mí. Pero puedo enseñaros a protegeros vosotros mismos. Nunca me guardéis secretos, ¿de acuerdo? Porque os quiero muchísimo. Y esa es la única manera en que puedo protegeros.”

Cuando una persona puede reconocer lo que vivió en la infancia y mirarse con compasión en lugar de con culpa, también cambia la forma en que mira a sus propios hijos. No desde el miedo ni desde la sobreprotección, sino desde una presencia diferente, más honesta. 

Leyla no puede proteger a Mavi y a Sarp de todo. Pero ahora sabe que la protección más importante empieza por el lenguaje, por decirles que no tienen que cargar solos con nada que les haga daño. Que pueden contarlo y que ella está ahí disponible para ellos.

Videoconferencia gratuita: “¿Qué es la Descodificación Biológica? El Arte de Escuchar el Cuerpo”

Si lo que has visto en esta escena te ha generado preguntas sobre cómo actúa el síntoma y la forma de acompañar de Ada, el 21 de julio Ángeles Wolder y Aranzazu Par damos una videoconferencia gratuita en la que profundizaremos en la Descodificación Biológica a partir del análisis del caso de Leyla. Una sesión online para entender qué hay detrás de lo que el cuerpo muestra y cómo trabajar con ello.

  • 21 de julio a las 15:00h (España)
  • Conferencia gratuita

No te pierdas esta videoconferencia en la que hablaremos también sobre como fue el proceso de acompañar como consultoras en el trabajo terapéutico. Reserva aquí tu lugar.

Análisis del trauma infantil de Leyla

La escena de la descodificación biológica de Leyla tiene muchos mensajes importantes.

El primero es que es la primera vez que vemos a Ada ejerciendo como terapeuta. 

Hasta ahora la conocemos como amiga de Leyla y la vimos aprendiendo de Zaman y trabajando con Carla. Pero esta escena nos permite ver a Ada sosteniendo un proceso terapéutico con todo lo que eso exige: escucha activa, preguntas adecuadas, ritmo adecuado y espacio de sostén y seguridad.

El segundo es lo que la escena decide nombrar y cómo decide nombrarlo.

La experiencia traumática en la infancia es una de las heridas más frecuentes y más silenciadas que existen.

Judith Herman, en Trauma y recuperación, lo describe con una precisión que no ha perdido vigencia: los traumas que ocurren en el ámbito privado, sin testigos o cuyos testigos son los propios agresores, generan una forma específica de daño que tiene que ver precisamente con la imposibilidad de ser contados. Esto sucede porque la persona aprende, desde muy pequeña, que contar no es posible ni seguro.

En el caso de Leyla, esa imposibilidad tiene una capa más: la culpa. Había faltado al colegio para ir a ver los caballos. Tenía miedo de que su padre se enfadara. Esa culpa infantil ocupa el espacio que debería ocupar la responsabilidad del adulto. Y mientras la culpa esté ahí, el silencio se sostiene solo, sin que nadie tenga que imponerlo.

Que una serie decida mostrar esto con este cuidado, sin morbo y sin resolución fácil, es relevante. Porque la ficción también tiene ese poder: nombrar lo que en la vida real sigue costando tanto decir en voz alta.

Diplomado en Descodificación Biológica: la Descodificación como herramienta terapéutica

Ada reconoce en el síntoma de Leyla una posible herida no resuelta que vuelve en forma de síntoma.

La Descodificación Biológica parte de la premisa de que el cuerpo no reacciona por azar. El síntoma tiene un sentido relacionado con algo que la persona ha vivido y no ha podido procesar. Es una señal que pide ser escuchada.

En el caso de Leyla, la erupción en la piel y la reacción

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Ángeles Wolder