La desinformación se ha convertido en un problema que tiene consecuencias tanto clínicas como sociales, entre ellas, la reducción de la adherencia a los tratamientos o la pérdida de confianza en profesionales e instituciones sanitarias, además de la sobrecarga asistencial en las farmacias y riesgos para la salud pública. Lo farmacéuticos deben mediar con gestionar la desinformación sin confrontación a través de la validación de inquietudes y el análisis de las fuentes consultadas por el paciente.
Naturaleza de la desinformación en salud
La desinformación en farmacia y en el ámbito sanitario se debe a una serie de prácticas y distorsiones, que pueden manifestarse como afirmaciones completamente falsas sobre la eficacia de medicamentos, exageración o minimización de efectos adversos, interpretaciones sesgadas de estudios científicos o contenidos comerciales disfrazados de evidencia científica que dificultan la identificación incluso para usuarios con cierto conocimiento en salud.
En los últimos años, esta situación se ha intensificado debido a la rápida circulación de contenido en redes sociales y la falta de verificación de las fuentes. Muchos algoritmos se han diseñado para maximizar la atención, priorizando contenidos impactantes o controvertidos, lo que resulta en la viralización de mensajes simplificados o inexactos.
Además, la dificultad para distinguir entre datos científicos contrastados y opiniones contribuye a la confusión. Los mensajes tienden a combinar datos reales con interpretaciones personales o recomendaciones no verificadas que se presentan como evidencia, en muchos casos, difundidas por figuras con autoridad social o influencers que no cuentan con la formación sanitaria necesaria para poder hablar con propiedad de medicamentos, productos de parafarmacia o tratamientos. La profesionalidad percibida visualmente y el uso reiterado de términos médicos generan una percepción de credibilidad injustificada.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que la exposición a desinformación puede afectar negativamente al comportamiento en salud, aumentar la reticencia a tratamientos o vacunación y deteriorar la confianza en los sistemas sanitarios.
1. Baja adherencia terapéutica
Los pacientes recurren con frecuencia a Internet antes o después de empezar un tratamiento y, a veces, pueden toparse con contenidos que exageran riesgos o presentan de manera generalizada experiencias negativas que realmente son casos aislados. Como resultado, pueden llegar a modificar dosis por iniciativa propia o incluso abandonar completamente el procedimiento.
Si la información que han obtenido, aun siendo errónea, genera miedo o incertidumbre, los pacientes tienden a priorizar dichas experiencias ante las recomendaciones de profesionales. Esto compromete tanto la efectividad del tratamiento como su éxito, sobre todo en patologías crónicas, donde la continuidad es necesaria para controlarla.
2. Automedicación inadecuada
En Internet se difunden recomendaciones de medicamentos para síntomas concretos o supuestas soluciones rápidas para problemas de salud complejos. Aún convincentes, estas soluciones suelen carecer de respaldo científico o no tienen en cuenta factores como la edad del paciente, enfermedades previas o interacciones farmacológicas.
La automedicación sin conocimiento médico puede provocar efectos adversos y retrasar el diagnóstico de posibles enfermedades, además de fomentar el uso irracional de fármacos, que ya es una preocupación en sistemas sanitarios de todo el mundo.
3. Desconfianza en el sistema sanitario
La exposición continua a mensajes que cuestionan a las autoridades sanitarias favorece la desconfianza y dificulta la relación paciente-profesional.
La OMS indica que la desinformación puede generar desconfianza en las instituciones sanitarias y comprometer la respuesta de salud pública.
4. Sobrecarga de consultas en farmacia
A razón de esta problemática, los farmacéuticos dedican cada vez más tiempo a contextualizar o corregir mensajes erróneos sobre medicamentos y tratamientos. Y, aunque la educación sanitaria es parte de las competencias de la farmacia, el incremento en consultas relacionadas con la desinformación supone una carga de trabajo extra para los profesionales.
Estas conversaciones requieren habilidades técnicas y comunicativas, ya que implican no solo informar, sino también reconstruir la confianza del paciente.
5. Riesgos para la salud pública
Más allá de las consecuencias para cada individuo, la desinformación tiene efectos colectivos. La difusión de falsedades sobre vacunas, enfermedades o medidas preventivas también influye en el comportamiento de grupos de población y compromete estrategias de salud pública.
Sobre todo, en contextos de crisis, la desinformación deja de ser un problema de comunicación. Las opiniones enfrentadas y los mensajes alarmistas complican saber qué recomendaciones son fiables, provocando una sensación de inseguridad permanente respecto a la salud.
Estrategias para gestionar la desinformación sin conflicto
1. Escucha activa y validación
El primer paso es comprender la preocupación del paciente antes de corregir la información. Muchos buscan en Internet porque quieren tener voz en sus decisiones sobre salud y reconocer dicha motivación puede ayudar a reducir la resistencia a dialogar sobre el tema en cuestión.
2. Análisis conjunto de fuentes
Siempre es buena idea hacer un ejercicio de investigación sobre las fuentes del contenido, ver juntos quién lo ha publicado y si está respaldado por instituciones sanitarias, si hay referencias científicas o algún conflicto de intereses. Es importante fomentar el pensamiento crítico.
3. Uso de fuentes oficiales
En farmacia se deben recomendar fuentes como agencias reguladoras de medicamentos, ministerios de salud, sociedades científicas y portales oficiales de salud pública. Estas son las fuentes percibidas como más fiables por los pacientes.
4. Lenguaje claro y adaptado
No basta con tener razón, hay que saber explicarlo a todo tipo de públicos. El lenguaje técnico puede fomentar la búsqueda de alternativas en Internet, por eso debe ser siempre claro. Se deben explicar riesgos y beneficios en términos comparables o con ejemplos cotidianos.
https://www.who.int/europe/news/item/01-09-2022-infodemics-and-misinformation-negatively-affect-people-s-health-behaviours–new-who-review-finds
https://www.sciencedirect.com/org/science/article/pii/S2561326X23007096
https://academic.oup.com/ijpp/article/31/1/55/6874901