La victoria de la selección española en el Mundial de Fútbol 2026 ha puesto de manifiesto, una vez más, una realidad política e ideológica de largo recorrido: quienes históricamente han rechazado a la selección española como símbolo de unidad nacional son, de manera sistemática y simultánea, los mismos actores que han combatido a Israel y han promovido el antisemitismo. Esta coincidencia no es casual ni coyuntural. Forma parte de un patrón estructurado que combina el rechazo a la España constitucional con el antiisraelismo militante.
1. La asociación histórica entre el rechazo a la selección española y el odio a Israel
Los entornos de la kale borroka, los herederos ideológicos de ETA, los grupos independentistas radicales vascos y catalanes que exhiben ikurriñas y esteladas en contextos de confrontación, han sido consistentemente los mismos que despliegan banderas palestinas, queman banderas de España e Israel de forma simultánea y agreden a quienes defienden ambos símbolos. Esta asociación se ha repetido durante décadas en manifestaciones, actos de kale borroka y movilizaciones independentistas.
Hoy, esos mismos entornos continúan siendo dos de los principales focos de antiisraelismo en Europa, con una presencia documentada en las flotillas pro-Hamás y con elementos vinculados a Hezbolá. Durante las celebraciones del Mundial 2026, los únicos incidentes graves de agresión verbal y física contra aficionados españoles fueron protagonizados precisamente por radicales separatistas vascos y catalanes.
2. La izquierda radical y la relación conflictiva con la selección española
Formaciones como Podemos y Sumar, socios de gobierno de Pedro Sánchez, han mantenido durante años una relación de rechazo o de politización interesada hacia la camiseta de la selección española, considerada un símbolo excesivamente potente de unidad nacional. Esta actitud se ha extendido incluso a los grandes éxitos deportivos, como ocurrió con el Mundial femenino.
Un ejemplo reciente y significativo es la petición de Sumar Galicia de que la selección española abandonara el Mundial 2026 por la “deriva imperialista” de Estados Unidos.
Paralelamente, el mundo abertzale, de izquierda a derecha, y el independentismo catalán han impulsado de forma activa campañas a favor de las “selecciones nacionales” de Euskadi y Cataluña, en abierta oposición a la selección española. La izquierda abertzale convocó movilizaciones por la oficialidad de la selección vasca precisamente antes del partido España-Francia del Mundial. EH Bildu organizó concentraciones contra las selecciones de España y Francia. Tras la victoria española, Gabriel Rufián aprovechó el momento para reclamar la oficialidad de las selecciones vasca y catalana. Las mismas selecciones, curiosamente, que organizaron hace unos meses partidos con la selección de palestina, convirtiéndose ambos encuentros en sendos aquelarres antisemitas.
Esta misma izquierda que ha rechazado o relativizado a la selección española es la que ahora intenta apropiarse de su éxito, mientras simultáneamente deseaba su derrota o celebraba la victoria de Argentina. Y también el entorno de la derecha abertzale: el PNV, la formación conservadora nacionalista vasca, prohibió la retransmisión en plazas municipales de la final de fútbol, o se ha negado a recibir a los jugadores vascos campeones del mundo, como se ha hecho en el resto del país.
3. El caso de Lamine Yamal frente al comportamiento del resto de la plantilla
Durante la rúa de celebración del título de Liga del FC Barcelona en mayo de 2026, Lamine Yamal ondeó una bandera palestina desde el autobús descapotable, en un contexto en el que también se exhibieron esteladas. Yamal, de origen marroquí (con un polémico historial a sus espaldas, con él mismo celebrando la derrota de España frente a Marruecos), constituye la excepción.
El resto de jugadores de la selección española ondearon con naturalidad y orgullo su sentimiento patriótico, la bandera de España y las de sus respectivas comunidades autónomas.
Estos jugadores, mayoritariamente de sensibilidades moderadas, son ahora atacados por la izquierda porque no siguen a pies juntillas el discurso ideológico marcado por Pedro Sánchez (con evidente falta de entusiasmo por parte de los jugadores incluso a la hora de saludarle).
4. La realidad de las calles frente a la narrativa gubernamental
Pedro Sánchez es un presidente profundamente impopular. Su presencia en estadios y en la previa de la final del Mundial generó de forma reiterada el cántico “Pedro Sánchez, hijo de puta”.
En cambio, las celebraciones populares —con cerca de dos millones de personas solo en Madrid— se caracterizaron por una presencia abrumadora de banderas de España y por la ausencia de banderas palestinas. Los únicos incidentes relevantes fueron protagonizados por radicales separatistas, que incluso agredieron físicamente a seguidores españoles.
Y en ese maregmanun de españoles celebrando orgullosamente el éxito de la selección, un lamentable incidente, uno, en el que jovenes de origen magrebí tiran una bandera de Israel al seulo.
Intentar presentar a unos individuos aislados que mancillan la bandera de Israel como representativos del sentimiento mayoritario de los españoles constituye una manipulación deliberada.
Y en ese maremágnum de españoles celebrando orgullosamente el éxito de la selección, se produjo un lamentable incidente en el que jóvenes de origen magrebí tiraron una bandera de Israel al suelo. Intentar presentar a unos individuos aislados que mancillan la bandera de Israel como representativos del sentimiento mayoritario de los españoles constituye una manipulación deliberada.
5. El riesgo estratégico de la generalización
El posicionamiento radicalmente antiisraelí del actual Gobierno no refleja el sentir mayoritario de la sociedad española. Es una agenda ideológica y una cortina de humo.
Dentro de un plazo previsible España puede contar con un Gobierno más favorable a Israel. Si para entonces se ha construido artificialmente una animadversión social hacia el Estado judío atribuyendo al conjunto de los españoles las decisiones de un Ejecutivo que no representa a la mayoría en esta cuestión, se habrá cometido un error estratégico de graves consecuencias. Atacar al país en lugar de al Gobierno que lo dirige es, sencillamente, poco inteligente.
6. Distinguir al gobierno de Sánchez del país: la trampa histórica y las lecciones de América Latina
Los franceses expulsaron a los judíos en múltiples ocasiones (hasta siete según algunos recuentos históricos). Los ingleses lo hicieron de forma más definitiva en 1290, con el Edicto de Expulsión de Eduardo I. La situación callejera actual en Francia y Reino Unido es mucho más complicada que en España, donde la migración islámica, a diferencia de aquellos países, no es mayoritaria.
Hay que actuar de un modo inteligente y no con las tripas. Alejarse de alimentar narrativas que no ayudan. Hablar de la Inquisición y de la expulsión de los judíos hace 500 años, identificándolo con el conjunto de los españoles de hoy, es de locos: nos retrotrae al odio a España, no al odio a este gobierno. Genera precisamente el caldo de cultivo que intenta Sánchez: confrontar a España con Israel y, al mismo tiempo, al mundo judío con España.
Lo que es conveniente es que nuestros aliados en este país —que son muchos— no identifiquen a los judíos e Israel con un problema con España, sino exclusivamente con Sánchez.
Ni en Israel, ni en la comunidad judía en la diáspora, nadie con dos dedos de frente ha identificado a Sheinbaum con México, a Petro con Colombia, a Lula con Brasil, a Boric con Chile, ni tan siquiera a la Kirchner con Argentina. Nadie hablaba de Argentina, de Colombia, de Brasil o de Chile: hablaban de su gobierno.
Si Israel se hubiera dedicado a atacar a Colombia 150 millones de veces en lugar de a Petro, ¿cómo habría recompuesto Israel las relaciones después con el Tigre? ¿Cómo lo hará cuando caiga Sánchez? Atacar al país en lugar de al gobierno que lo dirige es un error estratégico de graves consecuencias.
7. El paralelo internacional: Países Bajos, Marruecos,…Nueva York
Tras la eliminación de Marruecos en el Mundial, grupos de marroquíes en los Países Bajos se congregaron coreando consignas abiertamente antisemitas: “¡Todos los judíos son maricones! ¡Hamás! ¡Hamás! ¡Todos los judíos a las cámaras de gas!”. Nadie con rigor intelectual afirmaría que “los Países Bajos han caído” ni haría una generalización sobre el gobierno marroquí, que ha tenido posiciones más amigables hacia Israel de las que demuestran aquí sus súbditos.
Siguiendo esa estrategia de “cherry picking”, ¿todos los neoyorquinos son antisemitas porque su alcalde lo es o porque haya chalados atacando a judíos allí?
Esa generalización elimina la responsabilidad de los verdaderos agentes desestabilizadores: el islamismo radical y su alianza con sectores de la extrema izquierda.
8. La apropiación del éxito ajeno
Ciertos discursos han presentado la victoria española como un triunfo de los «herederos del Califato andalusí». España no es eso ni pretende serlo. Sin embargo, ese es el marco mental que se impone fuera de nuestras fronteras, especialmente en el mundo árabe, en el ámbito palestino, en Hamás y en el propio régimen islámico de Irán. Y, por «casualidad», también dentro de España: en los sectores minoritarios de la izquierda radical y del separatismo.
Lamentablemente, algunas posiciones proisraelíes caen en la trampa de asumir esa manipulación como cierta. Parecen existir ganas enormes de aparecer como especialmente atacados y hostigados, cuando la realidad no es así. La victimización permanente y la búsqueda del ejemplo sacado de contexto para demostrar una pretendida hostilidad generalizada contra Israel en la población española constituyen el sueño de los enemigos de Israel.
En este Mundial se ha producido otro ejemplo paradigmático. Al ya indicado de aficionados magrebíes arrojando la bandera de Israel al suelo se suma el masivo bulo difundido por cuentas propalestinas desde el mismo instante en que los jugadores españoles recibieron la copa del mundo y la celebraban con banderas regionales sobre el campo. Pedro Porro exhibió la de su comunidad autónoma, Extremadura. Lamentablemente, esa burda manipulación fue alimentada desde posiciones proisraelíes que la abrazaron de forma acrítica y sin rigor alguno.
No es necesario añadir una hostilidad inexistente en espacios ajenos a cualquier sospecha, como el caso de Porro, que el activismo antisemita no duda en manipular de manera grosera.
El único intento documentado de apropiarse de la victoria ondeando una bandera palestina durante las celebraciones acabó con los aficionados españoles tirando esa bandera al suelo y rechazando la politización de un éxito que les pertenece.
La selección española representa una historia de éxito, unidad y orgullo compartido por la inmensa mayoría de los españoles. Convertirla en campo de batalla ideológico es el objetivo de quienes llevan décadas combatiendo tanto a la España constitucional como a Israel. Y una falta de visión estratégica a corto, medio y largo plazo.