Las personas con discapacidad intelectual son ciudadanos de pleno derecho, especialmente tras algunas reformas legislativas que se han producido en los últimos años, como la que le reconoció el derecho al voto en 2018, la ley 8/2021 -que les otorga plena capacidad jurídica- o la reforma del artículo 49 de la constitución que, entre otras cosas, dejó de referirse a las personas con discapacidad como ‘disminuidas’.
Sin embargo, a diario, las personas con discapacidad intelectual se siguen enfrentando a situaciones que no permiten el pleno ejercicio de sus derechos, pues son tratadas por la sociedad como eternos niños, como si no fueran dueños de su vida y se les ningunea e infravalora. “Ahora tenemos un marco de política pública o de reconocimiento de los derechos muy bueno, pero hay una costumbre a nivel social muy antigua que sigue siendo muy paternalista, se tiene una visión de las personas muy capacitista, muy basada en pensar que no pueden decidir, que no están capacitados, que lo van a hacer mal... como si fueran niños, algo que pasa mucho con las personas mayores también”, asegura Amalia San Román, coordinadora técnica de Plena Inclusión España.
Esto sucede a menudo a través de pequeños gestos que, en muchos casos de manera inconsciente, ponen en duda su capacidad, como preguntar a su acompañante en lugar de a ellos, hacerles preguntas incómodas sobre su discapacidad o hacer las cosas sin preguntarles.
Para acabar con estos sesgos, Plena inclusión España acaba de lanzar en sus redes sociales la campaña 'No decidas por mí', una iniciativa de sensibilización que pone de manifiesto situaciones de la vida cotidiana con las que que estas personas se encuentra a diario y que les hacen sentirse invisibilizadas y minusvaloradas. “Esta campaña pretende visibilizar situaciones que para el resto de mortales pasan desapercibidas. No queremos que la gente se sienta mal no es un señalamiento, pero sí nos gustaría que se tomara conciencia”, insiste Amalia.
Cuando se aprobó el derecho al voto para nosotros, nos encontramos en las urnas con muchas situaciones en las que se nos señalaba
Pequeñas situaciones que hieren
Como apunta San Román, históricamente se ha considerado que las personas con discapacidad intelectual tenían menor valor que es resto de las personas, algo que hemos ido interiorizando. “Con la inteligencia somos muy clasistas, y todo aquel que no está en el límite que consideramos que tiene que ser el válido, nos parece que no está preparado para decidir cosas o las va a hacer mal”.
De ahí que se produzcan situaciones como las vemos en la campaña: una mujer cuestionada porque va a ser madre u otra a la que ningunean preguntando a su acompañante cómo quiere la leche. Se les trata a menudo como a niños o como a menores de edad cuando ya son adultos y eso, a la larga, perjudica a su autonomía.
“Todavía sigue habiendo situaciones en las que, por ejemplo, en un puesto de trabajo le piden a la persona que sean sus tutores quienes firmen un contrato, y esto repercute tanto en su autoestima como en su desarrollo como personas. Imagínate que con 30 años todavía le estuvieran preguntando a tu madre, a tu padre o a tus hermanos mayores qué puedes hacer. Tu propia percepción sobre tus capacidades se ve condicionada, porque si todo el mundo te trata así, puede llegar un momento en el que dejen de tomar esas decisiones, dejen de crecer”, insiste Amalia San Román.
Antonio Hinojosa es adulto, tiene 42 años, y se encuentra con situaciones así casi a diario. “A lo largo de mi vida, tanto yo como personas de mi entorno, hemos sufrido muchas de estas situaciones. Por ejemplo, en una sala de sala de fiestas a un amigo le pidieron el DNI, con 30 años, porque creían que por tener discapacidad intelectual eres menor de edad o incluso a grupos de personas con discapacidad les han echado de un hotel, y cuando se aprobó el derecho al voto para nosotros, nos encontramos en las urnas con muchas situaciones en las que se nos señalaba. Es muy preocupante que sigan dándose estas situaciones en pleno siglo XXI”, asegura indignado.
Situaciones como estas, no solo son discriminatorias, sino que dañan mucho a las personas con discapacidad. “Nos hacen sentir muy mal, se nos está etiquetando solo por tener discapacidad. Nos ofenden mucho, nos hieren. Las personas con discapacidad somos como cualquier otra persona y tenemos derecho a ir a los sitios sin que se nos etiquete. Por favor, dejad de llamarnos ‘chicos’ y ‘chicas’ cuando somos personas adultas”, insiste.
Por favor, dejad de llamarnos ‘chicos’ y ‘chicas’ cuando somos personas adultas
Estar en todos los ámbitos de la sociedad
Es precisamente por no estar en los espacios donde están los demás por lo que persisten estas situaciones, porque si no convives con ellos, si no los ves donde tú vas, no los conoces. “Las personas con discapacidad intelectual están apartadas de muchos ámbitos sociales, y si no están donde tú vas, cuando te los encuentres, para ti van a seguir siendo extrañas: no entiendes la forma que tienen de comunicarse, de pensar o incluso de tomar decisiones”.
Por eso, hacer campañas para acabar con estos sesgos está muy bien, pero mejor estaría, como insisten desde Plena Inclusión, que tuvieran presencia y participasen en todos los ámbitos “para que surjan conversaciones, para que podamos interactuar con ellas y aprender. A lo mejor las primeras veces meteremos la pata, pero poco a poco la interacción será más natural”.
Antonio lamenta que todavía haya mucho desconocimiento sobre ellos, por eso recomienda a la gente que normalmente no tenga contacto con personas con discapacidad intelectual, “que se relacionen más con nosotros, que se informen en las asociaciones de personas con discapacidad… así verá que somos personas capaces de hacer las mismas cosas que ellos hacen a diario”.
En esta cuestión, está costando que las leyes sean asimiladas por la sociedad, pues “tenemos unas normas maravillosas, pero que luego en la práctica no ocurren. Tienen derecho a una educación inclusiva, pero no ponen los medios, tienen derecho a trabajar, pero las mujeres con discapacidad intelectual tienen la mayor tasa de desempleo, hay formaciones que tienen requisitos de acceso que para el colectivo son insalvables porque no adaptan los contenidos, no esterilizan a las mujeres como hacían antes, pero en la mayoría de territorios a las madres con discapacidad intelectual los servicios sociales les quitan las custodias… Hay una distancia muy grande entre los derechos y lo que está pasando realmente, y ese es el motivo de la campaña, decirle a la gente, ‘oye, que sepáis que está pasando esto, y que igual lo tendríamos que hacer de otra forma’".
Esto no solo lleva a que no se cumplan los derechos, sino que lleva incluso a discursos de odio, algo que preocupa mucho a Antonio: “Lo veo mucho en redes sociales, e incluso personas que cuelgan vídeos riéndose de las personas con discapacidad. Eso es muy triste, muy grave y un delito”.