Por eso cada vez más centros educativos se están dotando de protocolos claros, de profesionales formados y de una red capaz de darse cuenta de que algo pasa antes de que sea demasiado tarde.
En Canarias este debate ha estado muy presente este año. El Gobierno canario ha puesto en marcha un protocolo de actuación ante el riesgo suicida en los centros educativos, que fija cómo actuar ante una sospecha, cómo coordinarse con sanidad y servicios sociales y cómo seguir acompañando después.
Más allá de la polémica que ha generado el tema y la medida, hay algo en lo que casi todo el mundo coincide: ante una señal de alarma, un colegio no puede improvisar.
Prevenir no es solo actuar en la crisis
Prevenir el suicidio no significa esperar al momento crítico y reaccionar. Significa fijarse antes, escuchar, acompañar y saber a quién avisar. Y esa tarea no puede caer sobre una sola persona ni una sola profesión: hacen falta el profesorado, el equipo de orientación, la familia y también los profesionales sanitarios, todos mirando en la misma dirección.
¿Qué puede aportar realmente una enfermera escolar?
Antes de nada, conviene aclarar algo: la enfermera escolar no sustituye a los profesionales especializados en salud mental y no le corresponde asumir el diagnóstico ni hacer una valoración clínica del riesgo por sí sola. Su papel es otro. Cuando hay una enfermera en el centro, se convierte en alguien capaz de detectar, escuchar, actuar dentro de lo que sabe hacer y coordinar con el resto del equipo. Así lo recoge el protocolo canario.
Se da cuenta de cosas que a veces pasan desapercibidas
El malestar emocional no siempre se dice con palabras. A veces se disfraza de dolor de cabeza, de tripa que duele sin motivo claro, de cansancio, de un estudiante que ahora duerme mal o que ha empezado a venir a la enfermería cada dos por tres. Ninguna de estas cosas, por sí sola, significa nada grave. Pero un patrón que se repite merece una pregunta: ¿qué le está pasando a este niño o niña?
Escuchar sin juzgar
No todo el alumnado va directo a orientación, y muchos tampoco se lo cuentan a su familia. A veces la puerta de entrada es tan sencilla como un “me duele la cabeza” dicho en voz baja. Y de ahí, en la confianza que da la enfermería escolar, puede salir una conversación de verdad sobre cómo se siente ese chico o esa chica.
Ayuda a activar y a coordinar
Cuando aparece una señal de alarma, nadie debería tener que resolver la situación en solitario. La enfermera puede poner en marcha el protocolo, avisar al equipo educativo, hablar con la familia y conectar con los recursos sanitarios que hagan falta.
En una situación delicada, tener claro quién hace qué puede marcar una gran diferencia.
Acompaña también cuando la crisis ya ha pasado
La atención no termina con la derivación al especialista. La vuelta al colegio, el seguimiento, mantener el contacto con quien está atendiendo al alumno o alumna… todo eso también protege. La enfermería escolar puede aportar continuidad y presencia en ese proceso, en coordinación con el resto de profesionales implicados.
Educar antes de que llegue la crisis
La prevención empieza mucho antes. Hablar en clase de salud mental, de emociones, de autocuidado, de descanso, de relaciones sanas, de redes sociales, de pedir ayuda cuando algo no va bien… construye una cultura donde pedir ayuda no da vergüenza. El Consejo General de Enfermería lleva tiempo defendiendo justamente esto: el papel de la enfermería escolar en la detección precoz y la prevención de la conducta suicida en la adolescencia.
¿Y el profesorado, qué papel tiene?
Este punto es muy importante: el profesorado puede observar, escuchar, acompañar y activar los protocolos que existan. Pero no tiene que asumir funciones clínicas para las que no está formado, ni sentirse solo ante algo así.
ANPE Canarias ha pedido que se delimiten bien las responsabilidades y que la valoración clínica del riesgo quede en manos de sanitarios cualificados. STEC-IC, por su parte, ha puesto sobre la mesa críticas relacionadas con los recursos y la coordinación real del protocolo. Son posturas distintas, pero coinciden en algo esencial: la prevención necesita profesionales, coordinación y tareas bien repartidas.
Son posiciones diferentes, pero comparten una cuestión esencial:
La prevención necesita profesionales, coordinación y responsabilidades bien definidas.
Cuidar entre todos
La prevención del suicidio en el ámbito educativo no puede depender de una sola profesión. Necesita la implicación de toda la red: familias, directivos, profesorado, orientación, profesionales sanitarios y Administración. Todos remando en la misma dirección.
Por eso, en School Nurses hemos creado un Curso de Formación en Salud Mental Infanto-Juvenil para entender mejor el bienestar emocional en la infancia y la adolescencia, aprender a reconocer las señales de alerta y saber acompañar mejor. No se trata de convertir a docentes o familias en psicólogos, se trata de que sepan detectar antes y actuar mejor cuando haga falta.
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Al final, el objetivo es sencillo de decir, aunque no siempre fácil de conseguir: que ningún niño, niña o adolescente pase por un momento de sufrimiento grave sin que los adultos que tiene alrededor sepan cómo responder.
En School Nurses creemos en eso: en una red que cuida. Una red donde nadie tiene que resolverlo todo solo, pero donde, cuando aparece una señal de alarma, se sabe reconocer y qué hacer.
Una enfermera SUMA SALUD en los colegios.
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