Antes de contar a todo el mundo cómo eres, sé como dices ser - be shared

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¿Tienes claros cuáles son tus valores y cómo quieres transmitirlos? Y te planteo otra pregunta que, quizá, sea todavía más importante: ¿tienes claro que las marcas no tienen valores por sí mismas? Son las personas que hay detrás de ellas quienes se los otorgan.

Si, al crear una empresa, trabajas un logotipo atractivo, defines una paleta de colores y un código visual cuidado, desarrollas un manual de estilo impecable, eliges fotografías e iconografías que refuercen tu identidad, diseñas una web que te diferencia de la competencia y creas contenidos para redes sociales capaces de captar la atención… pero quienes están detrás de la organización no comparten los valores que esta pretende reflejar, todo ese trabajo pierde su verdadero sentido.

Por eso, el diseño, el buen diseño, debe estar en plena sintonía con la parte humana que hay detrás de la marca y nunca transmitir algo que no responde a la realidad. De lo contrario, difícilmente será percibido como auténtico.

Y todo eso tiene un nombre claro: honestidad.

¿Cómo conseguimos, entonces, que una marca sea honesta?

La respuesta es sencilla. Sé lo que dices ser.

Llevo muchos años trabajando con marcas y ayudándolas a ser bonitas no solo por fuera, sino a conseguir algo más importante y que, aunque pueda parecer evidente, no siempre se trabaja, y es que sean bonitas también por dentro.

Una marca honesta tiene una mayor capacidad para conectar con su audiencia que una que no lo es. No solo puede generar una conexión más profunda con sus públicos, sino también establecer relaciones a largo plazo y contribuir al desarrollo de una reputación sólida y duradera. Y, sobre esa base, cualquier identidad corporativa tendrá más fuerza y mayor credibilidad. Porque no se trata únicamente de hacer marcas bonitas, sino de dar forma y belleza al corazón de las mismas. De poner el diseño al servicio de su esencia para conectar de forma genuina. Con verdad.

Como dijo Woody Allen, «las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas se dicen solas.»

No es necesario repetir constantemente lo transparente, bueno o extraordinario que eres. “Solo” es necesario serlo de verdad. Y entrecomillo “solo” porque algo tan aparentemente fácil y sencillo suele ser menos común de lo que parece.

Algo que está claro es que la honestidad va de la mano de la autenticidad. Son inseparables. Porque difícilmente se puede ser auténtico sin ser honesto.

Y la autenticidad es otro de esos ingredientes capaces de hacer que una marca brille. De conseguir que un logotipo, unos colores o un diseño trasciendan y lleguen más lejos de lo esperado. Porque, detrás de todo ello, hay verdad.

Al final, todo se reduce a una idea. Antes de contar a todo el mundo cómo eres, sé como dices ser.

Así que, antes de dar grandes pasos en la creación de una identidad visual, merece la pena detenerse y hacer bien las cosas. Construyamos marcas sobre bases sólidas, con personalidad y esencia. Y trabajemos para que ese ADN permanezca y forme parte de quienes las hacen posibles, para que puedan transmitir su mensaje con pasos seguros y coherentes y dar forma a un relato sincero, real, honesto y auténtico.

Porque las marcas deberían aspirar a ser buenas y bonitas, tanto por dentro como por fuera.

Como las personas que las hacemos posibles.

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Inés Amor