Que ChatGPT iba a cambiar muchas cosas lo teníamos bastante claro. La forma de buscar información, de crear contenido, de trabajar, de resolver dudas y hasta de enfrentarnos a ese Excel que llevamos tres días evitando abrir.
Lo que quizás no estaba tan claro es la velocidad a la que iba a intentar hacerse un hueco en otro mercado bastante concurrido: el de la publicidad digital.
Y no precisamente entrando de puntillas.
OpenAI ha anunciado que su plataforma publicitaria ha alcanzado un ritmo de facturación anualizado de 1.000 millones de dólares en menos de 200 días desde su lanzamiento. Además, ya cuenta con decenas de miles de anunciantes y está disponible en más de 40 países.
Sí. Mil millones.
Google y Meta probablemente no estén temblando todavía debajo de la mesa, pero seguro que han levantado una ceja.
Porque esto no va solamente de que OpenAI haya encontrado otra forma de ganar dinero. Lo realmente interesante es que estamos viendo nacer un nuevo espacio publicitario en un lugar en el que millones de personas no están haciendo scroll sin rumbo, sino preguntando, comparando, investigando y tomando decisiones.
Y eso, para cualquier persona que trabaje en marketing, tiene bastante miga.
ChatGPT Ads: de experimento a negocio en apenas seis meses
Los primeros anuncios comenzaron a probarse en Estados Unidos en febrero de 2026 entre usuarios adultos de los planes gratuitos.
Menos de 200 días después, OpenAI anunció que el negocio había alcanzado un annualized revenue run rate de 1.000 millones de dólares. Conviene hacer aquí una pequeña puntualización para que los titulares no nos hagan trampas: no significa necesariamente que OpenAI ya haya ingresado 1.000 millones de dólares en publicidad.
Significa que, si mantiene el ritmo actual de ingresos, su negocio publicitario generaría aproximadamente esa cantidad durante un año.
Que tampoco está precisamente mal para un canal que hace unos meses ni existía.
La compañía ha ido además ampliando rápidamente el acceso. Actualmente los anuncios están disponibles en más de 40 países y OpenAI ha abierto el acceso directo a su Ads Manager para anunciantes de Europa, India, Oriente Medio y el norte de África.
Traducido al idioma de las empresas: ya no estamos hablando únicamente de pruebas reservadas a grandes marcas con presupuestos capaces de hacer llorar a una pyme.
El modelo de autoservicio abre la puerta a empresas más pequeñas.
Y ahí empieza la parte interesante.
¿Qué tiene de diferente anunciarse dentro de ChatGPT?
Aquí está probablemente la gran pregunta.
Porque plataformas publicitarias ya tenemos unas cuantas.
Google Ads, Meta Ads, TikTok Ads, LinkedIn Ads, Amazon Ads… llega un momento en el que al departamento de marketing le faltan pantallas para tener todos los administradores abiertos.
Entonces, ¿por qué debería importarnos otra plataforma?
Porque el contexto es diferente.
No estamos buscando: estamos conversando
Cuando alguien entra en Google y escribe:
“mejor software CRM para una pyme”
tenemos una keyword con una intención bastante evidente.
Pero imaginemos que esa misma persona entra en ChatGPT y dice:
“Tengo una empresa de 15 empleados, el equipo comercial trabaja desde diferentes ciudades, utilizamos Excel para llevar los clientes pero se nos está quedando corto. Necesito un CRM sencillo, que se pueda conectar con Outlook y que no cueste una barbaridad. ¿Qué opciones tengo?”
La intención es la misma.
Pero la cantidad de información disponible sobre esa intención no tiene absolutamente nada que ver.
ChatGPT sabe qué necesita esa persona, qué tamaño tiene su empresa, qué problema intenta solucionar, qué herramientas utiliza y hasta qué objeción económica tiene.
Eso convierte la conversación en un entorno publicitario especialmente interesante.
OpenAI explica precisamente que sus anuncios pueden utilizar el contexto de la conversación actual para intentar mostrar publicidad relevante relacionada con lo que el usuario está explorando. Según el país y la configuración elegida por cada usuario, también pueden utilizarse determinadas señales adicionales de su experiencia en ChatGPT.
Y aquí está uno de los grandes cambios respecto a otros canales: pasamos de segmentar principalmente por búsquedas, audiencias o comportamientos a intentar entender el contexto de una decisión.
El nuevo terreno de juego: la intención
Durante años hemos repetido que Google Ads funciona especialmente bien porque permite llegar al usuario justo cuando está buscando algo.
Necesito un fontanero.
Busco un fontanero.
Me aparece un fontanero.
No es precisamente magia negra.
ChatGPT puede llevar ese concepto un paso más allá porque muchas de sus conversaciones no consisten únicamente en realizar una búsqueda, sino en desarrollar un proceso completo.
Primero preguntamos.
Después pedimos alternativas.
Comparamos.
Ponemos objeciones.
Pedimos precios.
Preguntamos cuál elegir.
Y finalmente decidimos.
OpenAI resume su propuesta publicitaria precisamente alrededor de esos momentos en los que el usuario está explorando opciones, comparando alternativas y tomando decisiones.
Para un anunciante, aparecer en ese momento puede tener muchísimo valor.
De la keyword al contexto
Esto tampoco significa que las keywords vayan a desaparecer mañana y podamos mandar a casa todas nuestras campañas de Google Ads.
Calma.
Pero sí apunta hacia una evolución bastante lógica del marketing digital.
Hasta ahora intentábamos interpretar la intención mediante señales:
qué busca el usuario, qué páginas visita, qué intereses tiene, qué productos ha visto o qué acciones ha realizado anteriormente.
En un entorno conversacional, el usuario puede explicar directamente qué necesita.
La diferencia no es pequeña.
Pensemos, por ejemplo, en alguien que quiere organizar un viaje.
No es lo mismo buscar:
“hotel Roma”
que mantener una conversación del tipo:
“Voy cuatro días a Roma con dos niños de 7 y 10 años en octubre. No quiero estar demasiado lejos del centro pero tampoco quiero pagar 400 euros por noche. Necesito desayuno y nos interesa movernos andando.”
Para una plataforma publicitaria, ese contexto vale oro.
Bien utilizado, podría permitir anuncios mucho más relevantes.
Mal utilizado podría resultar bastante inquietante.
Y ahí llegamos al elefante dentro de la habitación.
¿Qué pasa con la privacidad de las conversaciones?
Cuando hablamos de anuncios dentro de una herramienta en la que contamos nuestros problemas, nuestros planes y probablemente más información de la necesaria —porque somos así— la preocupación por la privacidad aparece inmediatamente.
OpenAI asegura que los anuncios se muestran claramente identificados y separados de las respuestas de ChatGPT, que los anunciantes no reciben acceso a las conversaciones privadas de los usuarios y que la publicidad no modifica las respuestas generadas por ChatGPT.
Además, los usuarios pueden controlar determinados aspectos de la personalización publicitaria.
Es una distinción importante.
Porque una cosa es utilizar señales de contexto para decidir qué anuncio puede ser relevante y otra muy diferente entregar a una empresa el historial de conversación de una persona.
En cualquier caso, la confianza será probablemente una de las principales batallas de esta nueva etapa.
Si los anuncios resultan útiles y discretos, pueden acabar integrándose en la experiencia con relativa facilidad.
Si convierten cada conversación en un mercadillo, tendremos otro problema.
Y nadie quiere preguntarle a ChatGPT cómo hacer tortilla de patata y terminar recibiendo ofertas de sartenes, cebollas, aceite, cursos de cocina y un seguro de hogar.
ChatGPT Ads frente a Google Ads: ¿competencia directa?
La comparación es inevitable.
Google ha construido uno de los mayores negocios publicitarios del planeta alrededor de una idea extraordinariamente sencilla: cuando una persona expresa una necesidad mediante una búsqueda, una empresa puede pagar para aparecer.
Ahora ChatGPT empieza a ocupar una parte de ese mismo territorio.
Especialmente en búsquedas informativas y procesos de descubrimiento.
Esto podría provocar que parte del recorrido del consumidor que antes sucedía en Google ocurra dentro de asistentes de inteligencia artificial.
Y si las búsquedas se mueven, la inversión publicitaria suele ir detrás.
Pero sería bastante precipitado anunciar la muerte de Google Ads. Internet lleva unos cuantos funerales de Google y el difunto sigue facturando estupendamente.
Lo más probable es que durante los próximos años convivamos con ambos modelos.
Google seguirá siendo fundamental cuando existe una búsqueda directa y transaccional.
Los asistentes de IA pueden ganar terreno cuando el usuario necesita investigar, comparar o recibir asesoramiento antes de tomar una decisión.
Para las marcas, por tanto, probablemente no se trate de elegir uno u otro.
Se trata de entender en qué momento del proceso de compra aparece cada plataforma.
¿Tiene sentido probar la publicidad en ChatGPT?
Aquí llega nuestra respuesta favorita en marketing digital:
depende.
Pero depende con fundamento.
Un canal nuevo ofrece oportunidades, pero también incertidumbre.
OpenAI ya cuenta con un Ads Manager desde el que los anunciantes pueden crear campañas, definir presupuestos y objetivos y consultar métricas. La plataforma está incorporando además modelos CPC y optimización por resultados, Pixel, Conversions API, audiencias personalizadas, segmentación geográfica y feeds de producto.
Es decir: empieza a parecerse bastante más a una plataforma publicitaria de verdad y bastante menos a un experimento.
¿Quién debería empezar a mirarlo?
Hay varios tipos de negocio para los que creemos que merece especialmente la pena seguir de cerca este canal.
Empresas SaaS y tecnológicas, eCommerce, servicios profesionales, formación, viajes, productos con procesos de compra complejos o negocios en los que el cliente suele investigar y comparar antes de contratar.
¿Por qué?
Porque son sectores donde el usuario necesita información antes de comprar.
Y precisamente ahí las conversaciones con IA están ganando peso.
Eso no significa coger mañana el presupuesto de Google Ads y mudarlo entero a OpenAI porque hemos leído que esto es “el futuro”.
Por favor, no.
Pero sí significa empezar a probar.
Definir presupuestos controlados.
Medir.
Comparar CPA.
Analizar conversiones.
Estudiar qué consultas generan tráfico.
Y descubrir si ese usuario acaba comprando.
Vamos, marketing digital de toda la vida, aunque ahora haya una inteligencia artificial en medio.
También cambia la forma de pensar el posicionamiento de una marca
Hay además otra consecuencia que quizás sea incluso más interesante.
Durante años hemos trabajado dos grandes vías para conseguir visibilidad:
SEO para aparecer orgánicamente.
SEM para aparecer pagando.
Con los asistentes de inteligencia artificial empieza a surgir un tercer escenario.
Las marcas también necesitan preguntarse cómo aparecen dentro de las respuestas y recomendaciones generadas por modelos de IA.
Ahí entran conceptos como GEO, optimización para motores generativos, presencia de marca en fuentes fiables, autoridad digital o estructuración de contenidos.
Y ahora sabemos que existe también una vía publicitaria.
Por tanto, la estrategia del futuro puede acabar teniendo tres patas:
posicionamiento orgánico en buscadores, visibilidad dentro de respuestas de IA y presencia pagada dentro de esas mismas plataformas.
Fácil no nos lo están poniendo.
Entre SEO, SEM, redes sociales, IA, automatizaciones y nuevos canales publicitarios, dentro de unos años quizá necesitemos otra IA simplemente para recordar dónde tenemos campañas activas.
1.000 millones de dólares son solo el principio
La cifra impresiona, pero probablemente lo verdaderamente importante no sean los 1.000 millones.
Es la velocidad.
Que una plataforma publicitaria alcance ese ritmo de ingresos en menos de siete meses demuestra que existe interés por parte de los anunciantes y, sobre todo, que OpenAI tiene intención de convertir este producto en una pata importante de su negocio.
La compañía ya ha adelantado que continuará ampliando mercados, formatos publicitarios, objetivos, sistemas de compra y herramientas de medición.
Así que no, probablemente no estamos ante una pequeña prueba que desaparecerá dentro de seis meses.
Estamos viendo cómo empieza a construirse un nuevo canal.
¿Y ahora qué hacemos las marcas?
Lo primero: no entrar en pánico.
Lo segundo: tampoco mirar hacia otro lado.
La publicidad en ChatGPT todavía tiene muchísimo que demostrar: costes, atribución, escalabilidad, formatos, calidad del tráfico, conversión real y aceptación por parte de los usuarios.
Pero ignorarla porque Google y Meta siguen funcionando sería repetir un error que hemos visto unas cuantas veces en marketing digital.
Los nuevos canales rara vez sustituyen de golpe a los anteriores.
Primero aparecen.
Después crecen.
Luego aprendemos a utilizarlos.
Y finalmente nos preguntamos cómo demonios hacíamos marketing antes de ellos.
Desde IRUDIGITAL seguiremos vigilando de cerca cómo evoluciona este nuevo escenario, porque si algo hemos aprendido después de años gestionando campañas es que estar en todas partes no es una estrategia; saber dónde merece la pena estar, sí.