La prolongación de la inestabilidad geopolítica, especialmente el conflicto en Oriente Medio, continúa proyectando su sombra sobre el sector agroalimentario.
Para analizar la evolución de esta coyuntura y el efecto de las medidas paliativas adoptadas en los últimos meses, el pasado 21 de septiembre tuvo lugar una nueva reunión de seguimiento con el Gobierno. El encuentro, presidido por Carlos Cuerpo, vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, junto a Luis Planas, ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, sirvió como toma de contacto ante la inminente finalización del actual Plan Integral de Respuesta a la Crisis.
A esta reunión con la industria agroalimentaria, han asistido, además de AEFA, representantes de la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB); Asociación Española de Fertilizantes (ACEFER), Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes (ANFFE), Confederación Nacional de Fabricantes de Alimentos Compuestos para Animales (CESFAC), Asociación de Comercio de Cereales y Oleaginosas de España (ACCOE) y de las centrales sindicales Unión General de Trabajadores (UGT) y Comisiones Obreras (CC. OO.).
Durante la sesión, el Ejecutivo mostró su disposición a mantener el respaldo al sector primario y la industria auxiliar más allá del 30 de septiembre. Este compromiso resulta necesario en un escenario que sigue fuertemente condicionado por la volatilidad en los precios de la energía, las fluctuaciones de las materias primas y las persistentes tensiones en el transporte marítimo internacional.
La pérdida de rentabilidad frena la inversión en agronutrición y bioestimulación
Si bien, la industria de los fertilizantes especiales y bioestimulantes agrícolas no atraviesa problemas generalizados de desabastecimiento, la principal amenaza radica actualmente en la propia base del sistema productivo: la rentabilidad de las explotaciones agrarias. De hecho, la contracción de los márgenes comerciales está forzando a los agricultores a tomar decisiones sobre el manejo de sus cultivos, lo que se traduce en una notable reducción del consumo de insumos.
Ante la falta de liquidez, los productores se ven obligados a priorizar sobre aquellos productos de subsistencia, reduciendo o aplazando la aplicación de soluciones más técnicas de alto valor añadido. Esta contención en la inversión agronómica queda patente en los datos de facturación nacional del sector correspondientes al primer semestre de 2026, que registran un retroceso del 3,3 % frente al notable crecimiento del 14,1 % experimentado en el mismo periodo del año anterior.
Al desglosar estas cifras, la tendencia es aún más evidente. El segmento de los fertilizantes ha pasado de crecer un 14,3 % en 2025 a sufrir un descenso del 7,1 % en el presente ejercicio.
Por su parte, los bioestimulantes agrícolas logran mantenerse en números positivos, aunque experimentan una moderación en su ritmo de expansión, cayendo de un incremento del 17,8 % a un discreto 2,4 %.
Hacia un modelo de ayudas acorde a la diversidad agronómica
Las medidas implementadas hasta la fecha para compensar el encarecimiento de los fertilizantes convencionales y del gasóleo agrícola, han supuesto un alivio que era necesario. Sin embargo, su impacto real sobre la demanda de soluciones nutricionales avanzadas ha sido marginal. Por ello, también resulta oportuno diseñar mecanismos de apoyo institucional que contemplen la enorme heterogeneidad del campo español.
Los criterios de adjudicación no pueden limitarse únicamente a la extensión de la superficie cultivable. Es preciso introducir variables agronómicas como la intensidad productiva, los requerimientos nutricionales específicos de cada cultivo, el modelo de producción ecológica o la realidad de las pequeñas explotaciones orientadas a cultivos de alto rendimiento y valor económico.
En este escenario, prescindir de fertilizantes especiales y bioestimulantes compromete directamente la eficiencia en el uso de los nutrientes. A medio plazo, esta desinversión repercute negativamente en el rendimiento por hectárea, merma la calidad final de las cosechas y debilita la respuesta fisiológica de las plantas frente a episodios de estrés abiótico, cada vez más frecuentes.
La presión competitiva y la amenaza de terceros países en el sector agro
A las dificultades agronómicas se suma un complejo entorno logístico, comercial y financiero. Las empresas del sector operan asumiendo altos riesgos operativos y retrasos en los cobros, una situación que debilita el tejido industrial frente a la creciente presión de proveedores procedentes de terceros países.
En este sentido, garantizar un marco de competencia justo y proteger la soberanía tecnológica europea en materia de insumos agrícolas, debe ser una prioridad en las agendas públicas.
Para ello, mantener una interlocución directa y constante con las administraciones públicas resulta indispensable para trasladar la verdadera dimensión técnica y económica a la que se enfrentan los productores y nuestras empresas asociadas.
Como voz representativa del sector, desde AEFA asumimos nuestra responsabilidad institucional como puente entre la realidad agronómica y los organismos legislativos. Porque la defensa del uso estratégico de agronutrientes, bioestimulantes y biocontrol, va más allá del ámbito comercial; constituye la base de un modelo productivo que exige políticas precisas, alejadas de la generalización.
Solo mediante un marco de colaboración que comprenda y apoye las exigencias reales de las explotaciones lograremos dotar de viabilidad a nuestros agricultores y consolidar un sistema alimentario verdaderamente sostenible, competitivo y de referencia internacional.