Qué ver y qué hacer en Pekín | Huakai

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Los 10 imprescindibles que ver y que hacer en Pekín

Ciudad Prohibida

Si, la lista de qué ver en Pekín debe empezar con su mayor imprescindible, de dentro de la ciudad: la Ciudad Prohibida. Y no es para menos: este gigantesco complejo palaciego fue el hogar de emperadores durante más de 500 años y el centro del poder en las dinastías Ming y Qing. 

Con 980 edificios, patios interminables y más de 8.000 habitaciones, es como si hubieran construido una mini ciudad pero… sólo para unos pocos privilegiados. Y es que, hasta 1925, si no eras el emperador o parte de su ejército, ni soñabas con entrar aquí.

Caminar por la Ciudad Prohibida es como viajar en el tiempo. Vas a encontrarte con palacios de película (literalmente, porque en este lugar se inspiraron en «El Último Emperador»), murallas enormes, y detalles arquitectónicos que te dejarán con la boca abierta. 

Por cierto, ¿sabías que la UNESCO la reconoció en 1987 como Patrimonio de la Humanidad y el mayor conjunto de estructuras antiguas de madera del mundo? Sí, aquí no escatimaron en grandeza.

Para entrar a la Ciudad Prohibida, te vamos a dar unos consejitos: llega temprano y lleva calzado cómodo. Este lugar es enorme, y si no quieres terminar con las piernas hechas polvo, te hará falta.. Ah, ah, AH, por último, planea con tiempo tu visita. Las entradas se agotan rapidísimo.

Plaza Tiananmen

Pues ahora, pasamos del mayor imprescindible que ver en Pekín, al corazón y epicentro de Pekín: la Plaza Tiananmen. Este lugar es tan gigantesco que podrías perderte en él (aunque con sus 440.000 metros cuadrados, no serías el único). 

¿Sabías que la Plaza Tiananmen es la plaza más grande del mundo? Aquí no se andan con pequeñeces. Además, está llena de historia y simbolismo, siendo el centro político y social de China desde la fundación de la República Popular en 1949.

En esta plaza todo es grande, incluso la lista de cosas por ver. Al norte, te chocarás con la famosa Puerta de la Paz Celestial, con el retrato icónico de Mao Zedong vigilando el lugar. Por cierto, si te interesa verlo más de cerca (o al menos a su versión embalsamada), puedes visitar el Mausoleo de Mao, justo al sur. 

También está el Monumento a los Héroes del Pueblo, un imponente obelisco en el centro, y en los lados encontrarás el Gran Palacio del Pueblo y el Museo Nacional de China (de este te hablaremos después…). Ambos son ejemplos perfectos de ese estilo monumental que no pasa desapercibido.

Si puedes, trata de llegar al amanecer para presenciar la ceremonia de izamiento de bandera. Ver a los soldados marchando al ritmo del himno es un momento único, aunque puede que tengas que madrugar un poco.

¿Y lo mejor? La entrada a la plaza es gratuita. Eso sí, hay controles de seguridad, así que ten paciencia.

Lama Temple

Uno de los templos más espectaculares que ver en Pekín es, sin duda, el Lama Temple o el Templo de Yonghe. Este lugar no solo es pura paz en medio del caos de la ciudad, sino también el monasterio budista tibetano más importante fuera del Tíbet. Y oye, ¡vaya historia que tiene! 

El Lama Temple comenzó como la residencia de un príncipe y terminó convirtiéndose en un templo en 1744. Desde entonces, ha sido un espacio sagrado para monjes y visitantes por igual.

Nada más entrar, el aroma a incienso y los cantos te transportan. Aquí encontrarás varios pabellones impresionantes, pero hay dos que no te puedes perder. El Falun Dian, que alberga una estatua de bronce de 6 metros de Je Tsongkhapa, un importante maestro budista. Y, por supuesto, el Pabellón Wanfu, donde te espera una estatua de Buda Maitreya de 18 metros. Mamma mia.

Este lugar no solo es una joya arquitectónica, sino también un punto de encuentro para devotos y turistas. Si quieres vivir la experiencia completa, tómate un momento para observar a sus fieles encendiendo varillas de incienso mientras hacen sus ofrendas. Es un ambiente único en China.

El templo abre todos los días de 9:00 a 16:00 y la entrada cuesta unos 25 RMB. Además, llegar es facilísimo, ya que está muy bien conectado por metro. Así que… ¡No hay excusas!

Museo Nacional de China

¡Ves como te íbamos a hablar del Museo Nacional de China! Y es que, sí, es uno de los imprescindibles que ver en Pekín. No todos los museos de China se denominan así (ninguno más de hecho).

Este lugar es como el cofre del tesoro de la historia y cultura china, con más de 1,4 millones de piezas en su colección. Sí, has leído bien: no te va a dar tiempo a ver todo. Pero… prepárate para quedarte boquiabierto.

Ubicado justo en la Plaza de Tiananmén, este gigante tiene el honor de ser el museo más grande del mundo bajo un solo techo. Entre sus joyas encontrarás auténticas maravillas: como el Houmuwu Ding, un recipiente de bronce de la dinastía Shang que pesa más de  800 kilos, o un traje funerario hecho de jade y cosido con hilos de oro de la dinastía Han.

El edificio también tiene su historia. Aunque el museo como lo conocemos se renovó en 2011, su origen se remonta a 1912. Desde entonces ha evolucionado hasta convertirse en un centro cultural de primer nivel, con 48 salas de exhibición que te llevarán por miles de años de historia.

El acceso es gratuito, pero necesitas reservar con antelación… ¡Los chinos no se andan con tonterías cuando se trata de organización!. Tómate tu tiempo para recorrerlo, porque con sus 200.000 metros cuadrados, este lugar es más grande que algunos pueblos de alrededor.

Templo del Cielo

Si hablamos de lugares mágicos que ver en Pekín, el Templo del Cielo merece un lugar destacado. Se encuentra dentro del Parque Tiantan y, te aviso, vas a caminar bastante, porque el complejo es más grande que la Ciudad Prohibida. Así que, ¡calzado cómodo y a disfrutar!

Construido en 1420, durante la dinastía Ming, este templo era el lugar donde los emperadores rezaban por buenas cosechas. No era cualquier ceremonia, aquí se ofrecían sacrificios y se hacían rituales con una solemnidad que hasta el cielo debía estar mirando.

El edificio más famoso del recinto es el Salón de Oración por la Buena Cosecha (Qinian Dian). Su forma circular, su triple tejado azul y su decoración minuciosa son lo más característico. ¿Sabías que está construido sin un solo clavo? Increíble, pero cierto. 

Además, no te pierdas el Altar Circular, donde se hacían los sacrificios, y la Bóveda Imperial del Cielo, un lugar dedicado a los ancestros imperiales.

Pero no todo es historia y arquitectura. El parque que rodea al templo es un punto de encuentro para los locales, especialmente por las mañanas. Aquí verás gente practicando tai chi, jugando a las cartas o simplemente disfrutando del día. Es un gran plan para mezclarte un poco con la vida cotidiana de Pekín.

La entrada al parque es muy económica (unos 15 RMB) y, si quieres visitar las áreas principales del templo, el precio sube un poco, pero merece cada céntimo.

Perderse por los hutongs de Pekín

Si buscas un plan diferente que ver en Pekín, perderse por los hutongs es toda una experiencia. Estos callejones estrechos, que forman los barrios tradicionales de la ciudad, te transportan al Pekín de hace siglos. 

Aunque muchos han desaparecido por la modernización de la ciudad de Pekín, todavía hay rincones donde se respira esa esencia auténtica. Y, ¿qué mejor forma de conocerla que callejeando? Bueno, hay alguna que otra pero… ¡No está mal!

Los hutongs son como pequeños laberintos llenos de historia. Aquí las casas suelen estar construidas alrededor de un patio cuadrado, y los vecinos comparten espacios comunes, incluidos los baños. Sí, has leído bien: baños comunitarios. 

Si te apetece explorar los más curiosos, apunta estos: Jiu Wan Hutong, famoso por ser el más retorcido (no intentes memorizar el camino porque te perderás seguro); Hutong Qianshi, que se lleva el premio al más estrecho (en algunos tramos, apenas puedes pasar de lado); y San Miao Jie Hutong, el más antiguo, cargado de historias que podrían llenar un libro.

La gracia de los hutongs no es solo la arquitectura, sino también el ambiente. Mientras paseas, verás tiendecitas locales, pequeños restaurantes y, quién sabe, algún vecino curioso que te salude. Es una forma increíble de desconectar del ajetreo de la ciudad y conectar con la vida cotidiana de Pekín.

Villa Olímpica de Pekín

La Villa Olímpica de Pekín es el lugar donde lo moderno y lo espectacular se dan la mano. Construida para los Juegos Olímpicos de 2008, es uno de los lugares más curiosos que ver en Pekín. Aunque aquí no encontrarás templos antiguos ni callejones tradicionales, prepárate para un viaje al futuro.

El complejo está lleno de construcciones modernas. La más famosa es el Estadio Nacional, conocido como el ‘Nido de Pájaro’. Y con razón: su diseño de acero “entrelazado” hace que realmente parezca un nido gigante. Por si fuera poco, es sostenible, ya que aprovecha el agua de la lluvia y la energía solar. ¡Un estadio eco-friendly!

A pocos pasos está el Cubo de Agua, o más formalmente, el Centro Acuático Nacional. Este edificio tiene una fachada que recuerda a burbujas de agua y, por la noche, se ilumina de colores. Dentro se celebraron las competiciones de natación y, actualmente, es un lugar perfecto para darte un chapuzón… o al menos imaginartelo

Otro imprescindible es la Torre Olímpica, un mirador con 258 metros de altura (sí sí, exactos) desde donde tendrás vistas espectaculares del Parque Olímpico y de la ciudad. Si puedes, ve al atardecer para disfrutar del contraste entre los rascacielos y los parques verdes.

Y aquí va el consejo estrella: visítalo de noche. Las luces convierten este lugar en algo especial que hacer en Pekín, perfecto para un paseo tranquilo o para sacar fotos que den envidia en Instagram.

Palacio de Verano de Pekín

El Palacio de Verano es uno de esos lugares que parecen sacados de un cuento chino. Literalmente. Este enorme parque, con sus 300 hectáreas de jardines, templos y un lago gigantesco, era el lugar donde los emperadores de la dinastía Qing iban a «desconectar» durante los meses más calurosos. 

El protagonista del lugar es el lago Kunming, que no es un lago cualquiera, sino uno artificial en forma de melocotón (sí, melocotón). Este diseño no es casual: en la cultura china simboliza longevidad (aunque seguro que también lo hicieron porque queda bien en las fotos). A su orilla encontrarás el Puente de los Diecisiete Arcos, un pasadizo decorado con más de 500 leones de piedra, cada uno con su propia «personalidad».

Otro lugar que no te puedes perder es el Gran Corredor, un pasillo techado de 750 metros con más de 14.000 pinturas que cuentan historias de la antigua China.

¿Y la joya de la corona? La Torre de la Fragancia de Buda, en lo alto de la Colina de la Longevidad. Desde aquí, las vistas son tan buenas que hasta los emperadores debían quedarse sin palabras.

Por último, date una vuelta por la Calle Suzhou, una recreación de una calle comercial, y si te queda tiempo, visita el Jardín de la Virtud y la Armonía, donde la emperatriz disfrutaba de espectáculos de ópera.

La Gran Muralla China

Hablar de la Gran Muralla China es hablar de uno de los grandes iconos no solo de Pekín, sino del mundo. Y es que, no te puedes ir sin caminar por esta maravilla. Literalmente. Esta fortificación de más de 21.000 kilómetros (aunque sólo queda el 30%) es una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno y todo un símbolo del país. Eso sí, no, no se ve desde el espacio (lo siento si rompemos ilusiones).

La Muralla fue construida entre el siglo V a.C. y el siglo XVI para proteger al imperio chino de los nómadas del norte. Hoy en día, en lugar de guerreros, lo que encontrarás son turistas con cámaras, pero sigue siendo una experiencia bien chula.

Desde Pekín, tienes varias entradas y opciones para visitarla. La más popular es Badaling, a 80 km. Es el tramo mejor conservado y muy accesible con teleférico. Aunque prepárate: también es el más lleno de turistas. 

Si buscas algo más tranquilo, te recomendamos Mutianyu, a unos 90 km. Tiene tramos restaurados, paisajes increíbles y menos gente. Además, puedes subir en teleférico y bajar en un tobogán.

Si te va lo más auténtico, ve a Jinshanling o Simatai, donde la Muralla está menos restaurada, pero el paisaje y la aventura merecen la pena. Eso sí, aquí prepárate para sudar un poco: hay tramos que sólo se recorren escalando o en tirolina.

Recomendación de Huakai: elige Mutianyu si quieres evitar aglomeraciones y disfrutar de un buen equilibrio entre historia y naturaleza. Hay menos gente, así que podrás disfrutar de las vistas sin tener que esperar a que un grupo termine su sesión de fotos. Y, además, aquí puedes subir en teleférico y, si quieres algo divertido, bajar por un tobogán gigante.

Probar la comida china en Pekín

Pekín no sólo es una ciudad llena de historia, sino también un paraíso para los amantes de la comida. Si ya tienes claro qué ver en Pekín, no olvides dejar espacio para probar sus deliciosos platos tradicionales, ¡tu estómago te lo agradecerá!

El plato más famoso de la ciudad es el pato pekinés, un manjar que se sirve crujiente por fuera y jugoso por dentro. Este plato tiene siglos de historia y es el orgullo de Pekín. Se sirve con tortillas finas, cebollitas y salsa hoisin para que lo disfrutes como se debe. ¡No hay nada como saborear este clásico!

Si quieres algo más interactivo, el hot pot es una experiencia divertida. Te traen una olla con caldo caliente y tú mismo cocinas los ingredientes que elijas: carne, verduras, mariscos, ¡incluso tofu! Es una opción perfecta si vas con amigos o familiares, porque se puede compartir y experimentar con diferentes sabores. Y si eres vegetariano, también hay montones de opciones para ti.

Otra opción muy popular son los dumplings. Estos pequeños bocados de masa rellenos de carne o verduras, ya sean hervidos o fritos, son un auténtico placer para el paladar. Además, son económicos y puedes encontrarlos en cualquier esquina.

Así que, si te preguntas qué ver en Pekín, recuerda que tu viaje no está completo hasta que hayas probado su comida. ¡Buen provecho!

Mapa de Pekín

¿Demasiadas opciones y no sabes por dónde empezar? Mira que hemos sido concisos pero… ¡No te preocupes! A continuación, te dejamos un mapa con los imprescindibles que ver en Pekín, para que puedas planificar tu visita como todo un experto.

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David Sánchez