Hay artistas que no solo escriben canciones, sino que construyen una forma de mirar el mundo. Joaquín Sabina es uno de ellos. Sus letras, cargadas de ironía, ternura, noches largas y verdades incómodas, forman parte de la memoria sentimental de varias generaciones. A ese universo literario y musical se acerca la cantante Mariví Esteban en un proyecto que lleva tres años gestándose y que ahora aterriza en Valencia en forma de concierto homenaje.
Bajo el título Mariví Esteban. Pongamos que hablo de Sabina, la artista propone un formato cercano y acústico en el que las canciones más icónicas del cantautor de Úbeda se entrelazan con breves anécdotas y reflexiones. No se trata solo de interpretar temas conocidos, sino de poner en valor el enorme peso poético de unas letras que han sabido retratar como pocas el amor, el desamor, la amistad y el paso del tiempo.
El concierto se plantea como una experiencia íntima, pensada para escuchar y sentir. Música y poesía dialogan en un recorrido que apela tanto a los seguidores más fieles de Sabina como a quienes se acercan a su obra desde la curiosidad o la emoción. Un homenaje sin artificios, donde la palabra y la melodía recuperan su protagonismo.
Valencia será el escenario de dos de estas citas musicales los próximos 17 y 31 de enero, en El Volander, un espacio que encaja con el espíritu del proyecto por su cercanía con el público y su apuesta por la música en directo.
Este homenaje ya ha tenido paradas significativas. Uno de los conciertos se celebró en El Corner de Brindis, un espacio de música en vivo situado frente al Movistar Arena, donde Mariví Esteban actuó en las horas previas a los últimos conciertos de Joaquín Sabina en Madrid. Un contexto especialmente simbólico para un proyecto que nace desde la admiración y el respeto a una figura clave de la canción de autor en español.
Quienes quieran conocer mejor el universo de este homenaje pueden hacerlo a través del perfil de Instagram de la artista, @mariviesteban.r, donde se entiende con claridad la esencia del proyecto: cercanía, sensibilidad y amor por unas canciones que siguen diciendo mucho, incluso cuando creemos haberlas escuchado del todo.
Un viaje musical que no mira solo al pasado, sino que reivindica la vigencia de Sabina como poeta urbano y cronista de emociones. Porque hay canciones que no envejecen, solo se escuchan de otra manera.