EMDANA vs Ara Empreses: dos ayudas DANA, dos enfoques

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Cuando una ayuda está vinculada a una emergencia como la DANA, el “cómo” importa casi tanto como el “qué”. No basta con publicar una convocatoria: hay que conseguir que llegue a quien la necesita, con el menor número posible de exclusiones por motivos ajenos al daño sufrido.

En la Comunitat Valenciana hemos visto dos programas impulsados desde el entorno de la misma Conselleria, dirigidos al tejido empresarial afectado, pero con diferencias muy visibles en diseño y acompañamiento: EMDANA (gastos corrientes) y Ara Empreses (IVACE+i) (inversión). La comparación no pretende enfrentar ayudas; pretende entender por qué una se percibe como “cuidada” y otra como “una carrera”.

Qué cubre cada ayuda: inversión vs gastos corrientes (la diferencia que lo cambia todo)

Ara Empreses se planteó como una palanca de recuperación mediante inversión: reparación, adaptación y mejora de instalaciones, reposición de activos, etc. El propio IVACE lo enmarca como ayudas directas para apoyar la recuperación de pymes dañadas por la DANA, con dos programas (industria y comercio/hostelería/servicios).

EMDANA, en cambio, se orienta a gastos corrientes: lo que una empresa paga para sobrevivir mes a mes cuando la actividad está tocada (y cuando el flujo de caja es más frágil). Y aquí viene el matiz crítico: cuando falla una ayuda de inversión, puede retrasar una reapertura o una modernización; cuando falla una ayuda de gastos corrientes, el riesgo es que el negocio no aguante.

Datos oficiales: demanda y presupuesto (lo que dicen los documentos)

Ara Empreses (IVACE+i): dotación alta y desglose claro

Ara Empreses cuenta con un presupuesto de 127,4 millones de euros, con un reparto estimado de 47,8 millones para el programa industrial y 79,6 millones para comercio/hostelería/servicios.

EMDANA: una demanda que supera la dotación inicial

En el DOGV (Núm. 10228, 03.11.2025) se recoge que la convocatoria de EMDANA recibió 4.518 solicitudes, por un importe total de 90.098.067,89 €, frente a una dotación disponible de 5.000.000 €, ampliables hasta 20.000.000 € y una ampliación posterior de 20.000.000 € más, dejando el total presupuesto en 40.000.000 € y que, aun así, quedarían sin atender solicitudes por 50.098.067,89 €.

El “factor acompañamiento”: por qué Ara Empreses se percibe como una ayuda “cuidada”

Aquí hay un elemento que, en ayudas DANA, suele marcar la diferencia: el acompañamiento real. No el “teléfono disponible”, sino ir a buscar al beneficiario.

Según nota de prensa oficial de IVACE, los agentes de proximidad del Plan Ara Empreses atendieron a 3.268 establecimientos de 34 municipios, recorriendo puerta a puerta comercios, industrias y hostelería, y apoyándose en oficinas móviles itinerantes para resolver dudas y asesorar en la tramitación.

Además, la nota sitúa el cierre del plazo el 24 de julio (en el contexto de esa comunicación pública), lo que refuerza la idea de una estrategia de difusión y acceso muy activa.

En términos prácticos, esto reduce el “sesgo” contra quien no tiene estructura administrativa: microempresas, autónomos sin asesoría estable, negocios que están gestionando el día a día de la recuperación.

Qué revela EMDANA: cuando una ayuda DANA se vive como una carrera por orden de entrada

EMDANA, por su propia naturaleza (gastos corrientes) y por la magnitud de demanda declarada (90,1 M€), entra en un terreno delicado: la gente no la percibe como una ayuda “limitada”, sino como una ayuda “de emergencia”.

Cuando el resultado final se traduce en expedientes fuera por falta de presupuesto, el mensaje que recibe el afectado es muy difícil de aceptar: “tu daño es real, tu solicitud está en plazo, pero llegaste tarde”.

Y esto no es un matiz político; es un efecto directo del diseño cuando se cruza con un presupuesto insuficiente para la demanda real.

Lo importante: no es solo presupuesto, es coherencia con una emergencia

La comparación EMDANA vs Ara Empreses deja tres conclusiones operativas:

  1. En ayudas DANA, el acompañamiento cambia el acceso. Ara Empreses lo institucionalizó (agentes de proximidad, oficinas móviles).
  2. El presupuesto, por sí solo, no basta: hay que dimensionarlo a la demanda real o habilitar mecanismos de ajuste efectivos. En EMDANA consta oficialmente una brecha muy significativa entre solicitado y disponible.
  3. En gastos corrientes, quedarse fuera no es un “inconveniente”: puede ser un punto de no retorno.

Preguntas abiertas (razonables) para quien tiene que tomar decisiones

  • Si EMDANA acumula 4.518 solicitudes y 90,1 M€ solicitados, ¿qué plan existe para que las solicitudes en plazo que cumplen requisitos no queden sin cobertura?
  • ¿Podía replicarse en EMDANA parte del modelo Ara Empreses (acompañamiento territorial y refuerzo de acceso) para reducir exclusiones por falta de información o capacidad administrativa?
  • ¿Tiene sentido que una ayuda DANA de gastos corrientes se perciba como una “carrera”, cuando la emergencia no distingue entre quien pudo solicitar el primer día y quien llegó al final del plazo?

En una DANA, la pregunta que importa no es “quién llegó antes”, sino “quién está afectado y cumple”. Ara Empreses demuestra que se puede diseñar una ayuda con músculo presupuestario y, sobre todo, con una estrategia de llegada real al territorio.
La discusión sobre EMDANA debería ir exactamente ahí: cómo corregir el diseño para que una ayuda de supervivencia no se convierta, de facto, en una carrera administrativa.

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