Si tuviéramos que resumir 2025 en una sola idea, diríamos que ha sido un año que ha salido bien, pero que no ha sido fácil de gestionar. Un ejercicio positivo en resultados, pero complejo en las dinámicas, marcado además por dos grandes protagonistas: Donald Trump y la inteligencia artificial. La política volvió a generar ruido constante, mientras la IA actuó como motor estructural de expectativas y de beneficios.
En este contexto, las bolsas globales volvieron a batir previsiones, aunque de forma muy desigual y concentrada. El MSCI World avanzó cerca de un 7% en euros, con Estados Unidos subiendo más de un 16% en dólares. Europa cerró con alzas próximas al 17% y algunos mercados, como el español, han firmado uno de sus mejores años en décadas. Sin embargo, la sensación general no ha sido de tranquilidad.
La razón la conocemos bien: la subida ha estado extraordinariamente concentrada. En Estados Unidos, dos tercios del avance del S&P 500 proceden de un reducido grupo de compañías tecnológicas, con un comportamiento muy heterogéneo incluso dentro del propio sector. El resto de la rentabilidad ha venido de unos pocos valores —farmacéuticos, financieros o industriales—, mientras más de doscientas compañías han terminado el año en negativo. El resultado ha sido un mercado fuerte en titulares, pero mucho más complejo en la realidad. En definitiva, un comportamiento claramente divergente entre el índice y sus componentes.
La complejidad no acaba ahí. Las subidas en Estados Unidos y en los mercados emergentes han quedado en gran parte neutralizadas para el inversor europeo por la fuerte depreciación del dólar, cercana al 13,5% en el conjunto del año. Así, el S&P 500, medido en euros, apenas registra una revalorización del 2,6%.
Europa sube por la banca
Decíamos que Europa subió cerca de un 17% según el índice Stoxx 600, pero por factores muy distintos. Aquí el protagonismo ha sido claramente bancario, con avances superiores al 60% para el sector, apoyados en la capacidad de incrementar beneficios incluso en un entorno de recortes de tipos. Sin embargo, a diferencia de Estados Unidos, la revalorización del conjunto de Europa no se apoya en un crecimiento sólido de beneficios, sino en una expansión de múltiplos, lo que deja un poso de mayor fragilidad de cara al futuro.
Renta fija europea
En renta fija, Europa sorprendía con el repunte de las curvas —especialmente tras el giro fiscal alemán y la tensión presupuestaria en Francia—, lo que limitó sus retornos. Donde sí ha habido un comportamiento más homogéneo ha sido en la deuda privada: los diferenciales se han comprimido con fuerza, especialmente en los tramos de menor calidad, apoyados en altos niveles de liquidez y bajas tasas de impago.
Oro y plata: las estrellas de 2025
La gran estrella del año ha sido el oro, con una revalorización superior al 65%, impulsado ya no solo por las compras de bancos centrales, sino también por una intensa actividad especulativa que ha arrastrado al alza al resto de los metales preciosos, con la plata acumulando subidas superiores al 170%.
Geopolítica y el debate sobre la IA
Todo esto ha ocurrido en un contexto geopolítico especialmente ruidoso: aranceles, tensiones comerciales, conflictos armados y mensajes cambiantes desde Estados Unidos. A ello se ha sumado el protagonismo constante de la inteligencia artificial y el debate sobre si podría tratarse de una superburbuja. En nuestra opinión, la IA no es solo una tendencia de mercado, sino un elemento estratégico y geopolítico. Y, aun así, los mercados han resistido.
Esa es probablemente una de las grandes lecciones de 2025: al mercado no le ha movido tanto el miedo al titular como la disponibilidad de liquidez. Una liquidez que no solo no ha desaparecido, sino que ha seguido creciendo, y que ha provocado que, a pesar de la volatilidad, las correcciones hayan sido relativamente poco profundas y de corta duración.
Con este punto de partida, entramos en 2026 sin grandes rupturas, pero con un entorno que se va volviendo más exigente. El crecimiento global será modesto, sin recesión, pero condicionado por los elevados niveles de deuda y la política fiscal. La inflación persistente limitará el margen de actuación de los bancos centrales, aunque la liquidez abundante y unas políticas todavía acomodaticias prolongarán el ciclo económico actual.
Es decir, seguimos avanzando, pero con más resistencia.
Valoraciones exigentes: el foco en los beneficios
Desde el punto de vista de inversión, el mensaje es claro. Las valoraciones son más exigentes que hace un año y el potencial de los mercados depende mucho más de los beneficios. En renta fija, 2026 será, sobre todo, un año de acumulación de cupones. No esperamos grandes revalorizaciones, pero sí rentabilidades razonables si se gestiona bien la duración y el riesgo de crédito.
Renta variable: selección y calidad
En renta variable, el foco estará en la selección. No es un año para comprar mercado sin más. Es un año para priorizar calidad, balances sólidos y capacidad de generar beneficios en distintos entornos. Sectores como tecnología y comunicaciones con beneficios, salud, infraestructuras, energía selectiva o determinadas áreas de consumo siguen ofreciendo oportunidades, siempre desde una óptica de disciplina y diversificación.
Teníamos cierta expectativa de que la geopolítica perdiera protagonismo en 2026. El posible encarrilamiento del conflicto entre Rusia y Ucrania abría la puerta a un escenario algo más previsible, y pensábamos incluso que Trump centraría su agenda en el frente interno: recuperar la confianza de un consumidor debilitado, recomponer expectativas y reforzar una base electoral que atraviesa un momento delicado, de cara a las elecciones de mitad de mandato del próximo mes de noviembre.
Geopolítica en primer plano
Sin embargo, la reciente operación de Estados Unidos en Venezuela, con la captura del presidente y su traslado a Washington, ha vuelto a situar la geopolítica en el primer plano y a recordarnos la creciente competencia por territorios estratégicos, recursos naturales y control de rutas en un mundo cada vez más fragmentado. Todo apunta a que en 2026 las fricciones y el ruido serán constantes, y que este entorno puede condicionar decisiones empresariales y de inversión.
En resumen, en Tressis afrontamos 2026 con una visión constructiva, pero prudente. Será un año que exigirá capacidad de adaptación, ajustes tácticos y flexibilidad. En definitiva, un año para avanzar, doblándose cuando haga falta, pero sin romperse.
Virginia Pérez PalominoDirectora de Inversiones