Entrevista sobre psicoterapia y acompañamiento a personas que han vivido abuso infantil - GrupoLaberinto

Compatibilità
Salva(0)
Condividi

¿Qué síntomas con habituales ver en consulta cuando la persona ha vivido abuso infantil?

Desgraciadamente, la probabilidad de encontrar hallazgos clínicos específicos que evidencien la presencia de un abuso sexual infantil (ASI) en la línea de vida de un adulto es prácticamente nula, basándose esta realidad en dos circunstancias. En primer lugar, y de forma genérica, por lo utópico e ilusorio de lo patognomónico en la Salud Mental: esto es, la no existencia de signos y síntomas exclusivos para cualquier tipo de trastorno psicológico. En segundo lugar, y más concretamente, por la naturaleza traumática del evento en sí, convirtiendo al ASI no procesado en una suerte de trastorno por estrés postraumático complejo (TEPT-C). Esta entidad nosológica cursa con una plétora de manifestaciones, heterogéneas e idiosincrásicas, agrupadas, eso sí, alrededor de varios conceptos psicopatológicos, como la desregulación emocional, la desorganización vincular o la disociación estructural, entre otros.

¿Suelen acudir a consulta por eso o es algo que te encuentras cuando amplías la valoración del motivo de consulta?

Rara vez el motivo de consulta versa directamente sobre el ASI. Lo más frecuente, en cambio, es la revelación tardía e indirecta (a través de memorias implícitas/procedimentales) de la experiencia traumática, lo cual correlaciona, paradójicamente, con la evolución positiva del paciente, el fortalecimiento de la alianza terapéutica, la asunción de riesgos adaptativos en el mundo exterior y los cambios naturales dentro del ciclo vital de la persona en cuestión.

 ¿Qué riesgos tiene que un terapeuta no sepa darse cuenta o evaluar adecuadamente que un paciente adulto ha vivido trauma de abuso en infancia?

La mayor iatrogenia posible derivada de la no detección de un ASI en la línea de vida del paciente es la retraumatización, a través de dos mecanismos principales. El primero de ellos es el refuerzo de la invalidación emocional, del llamado «segundo golpe», replicándose el escenario de no ser visto/sentido/creído, lo cual incrementa el sentimiento de vergüenza crónica y desconfianza epistémica. En el segundo de ellos, el terapeuta, al ser ciego al trauma relacional del paciente, se predispone para poder coprotagonizar con él una reescenifcación vincular de la experiencia abusiva, en clave simbólica. Ambos senderos conducen, lamentablemente, a un fortalecimiento del sistema defensivo del paciente, a nivel intra e interpersonal, lo cual contribuye al mantenimiento y expansión de la disociación: es decir, de la no percepción e integración de lo ocurrido.

 ¿Cuáles son las claves principales de la psicoterapia para trabajar este tipo de trauma?

Podríamos sintetizarlo en tres principios: organicidad, dignidad y empowerment/embodyment. El respeto por la organicidad del paciente se traduce en la compasión por las estrategias/defensas desplegadas para poder aparentar normalidad, alcanzar (al menos, cierta) funcionalidad y el ritmo de reprocesamiento e integración. La dignidad, por su parte, se convierte en un valor transversal del tratamiento, lo que ayuda a restaurar la sensación de pérdida de control y a contrarrestar la vergüenza crónica. El empowerment, por último, se basa en la activación de un yo adulto que se «haga cargo de la situación», a través de un apego interno seguro que facilite la reescritura del pasado traumático, así como la gestión de la realidad sintomática y fenomenológica del TEPT-C mediante un equilibrio correcto entre autorregulación emocional y regulación relacional. Todo ello, por supuesto, se consigue mediante una re-sincronización amable y progresiva con la vertiente experiencial-corporal del ASI, cargada de recuerdos y tendencias de acción inacabadas, en su mayoría de ellas implícitas, lo cual se conoce como embodyment.

¿Cuáles son los errores terapéuticos más dañinos para el paciente?

Los dos errores más frecuentes a nivel terapéutico en el tratamiento de los adultos víctimas de ASI son la metadisociación y el sesgo del trauma. El primero de ellos, la metadisociación, tiene que ver con la dificultad profesional para conectar con el cariz postraumático de lo ocurrido en la línea de vida del paciente, debido a obstáculos procedentes de la adscripción dogmática a ciertos modelos teórico-clínicos, asuntos pendientes/traumas personales del terapeuta, la adopción de ciertas políticas institucionales y de gestión sanitaria y el peso de determinados condicionamientos socioculturales. En el otro extremo del continuo se ubicaría el sesgo del trauma, el cual conduce a una visión reduccionista de la experiencia/motivo de consulta del paciente, intentando conceptualizar todo dolor o muestra de psicopatología como la evidencia irrefutable de trauma y, en concreto, de ASI, lo que conduce, de nuevo, a la retraumatización desde lo vincular, ya que se acabaría percibiendo a la persona como un prototipo perfecto dentro de una categoría psicológica, esto es, como un objeto.

Francisco Gómez Holgado.

PRÓXIMAS FORMACIONES RELACIONADAS:

FEBRERO DE 2026

Tratamiento psicológico de adultos víctimas de abuso sexual infantil. 2.Ed

ABRIL 2026

Trabajo psicoterapéutico con las partes de la personalidad 3ª Ed

JUNIO 2026

Partes de la personalidad del terapeuta

Recapiti
GrupoLaberinto