Templar el sufrimiento humano - RICOMS

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 “Sólo las personas superficiales no sufren. No hay grandeza humana sin sufrimiento”

 François Varillon (1905-1978)

Hace días un joven paciente cargado de dolor y sufrimiento, consecuentes a lo vivido en su quehacer profesional, descubrió y manifestó algo muy valioso de efecto sanador: “Veo que lo que me sucede es consecuencia de mi cabezonería y mi orgullo”.  La aceptación abrió la puerta a su curación que se consolidaría con pertinentes oportunas ayudas médicas, psicológicas y morales.

Se afirma que la milenaria experiencia del ser humano evidencia que dolor y sufrimiento son dos constantes en nuestro vivir, capaces de generar sombras en los claros tonos de nuestro día a día. Recordemos al genial Dante Alighieri afirmando: “Quien sabe de dolor, todo lo sabe”. La Asociación internacional para el estudio del Dolor lo define como una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada a una lesión tisular, real o potencial.  Distingue los tipos Nociceptivo, Neuropático, y Dolor Psicógeno con alto componente emocional-afectivo acompañado de ansiedad, depresión, insomnio…

El Sufrimiento, en cambio, es algo distinto: la vivencia negativa y molesta de tipo psicológico y moral, sin experiencia sensorial primaria, con asiento cognitivo y emocional que responde a un acontecer personal adverso. El Sufrimiento útil hace crecer a la persona que lo padece, el inútil, por el contrario, resulta de una reacción inadecuadamente elaborada. Así, se distingue entre un dolor nuestro cotidiano del infierno emocional que podemos llegar a autoelaborarnos.

Para el Profesor de Anestesiología Dennis C. Turk, el objetivo ante el paciente con dolor y sufrimiento ha de ser anular o disminuir el dolor, mejorar su funcionalidad y calidad de vida e iluminar el sentido de su sufrir. Importa conocer los factores que, de ordinario, bajan el umbral (nos duele más) para percibir un cierto dolor: ansiedad, depresión, soledad, pena, insomnio… Pero también emplear aquellas herramientas que protegen y elevan el umbral (nos duele menos): el sueño, la compañía, la paz, la distracción, la escucha atenta y amorosa, los analgésicos, los ansiolíticos, etc.

La Medicina Psicosomática propicia el enfoque más acertado en estas situaciones. Permite comprender la distinción entre Enfermedad y Dolencia que aunadas ahogan el vivir en una espiral doliente que merma a la persona con sus padecimientos. Somos cuerpo y mente integrados en una única realidad personal en la que radica esta doble experiencia y donde se debate el conflicto que nos alcanza. Así se gesta nuestra particular Dolencia. La enfermedad está en los libros, la dolencia en las entrañas mismas de la persona enferma.           

En estos momentos críticos la primera actitud recomendable es la apertura. Bien lo expresa Shakespeare cuando afirma: “Se debe dejar que hable el dolor, porque la pena que no habla gime en el corazón hasta que lo rompe”. Compartir supone alivio y camino hacia el remedio. La segunda estrategia recomendable es la aceptación de la realidad que nos toca vivir, descartando rebeldías, adoptando actitudes y conductas positivas que conduzcan, en lo posible, a la resolución del problema: orientación, escucha, recursos médicos, apoyo espiritual, etc.

La Logoterapia de Viktor Frankl aporta un porqué con luz explicativa propia para esa situación concreta de sufrimiento que nos toca vivir. Así lo comprobamos en sendas joyas: su clásica obra “El hombre en busca de sentido” y en su última conferencia: “Asumir lo efímero de la existencia”. Importante factor moderador o resolutivo del Sufrimiento es, por tanto, dotar de sentido a la situación crítica buscando posibles razones en el orden humano. ¡Cuánto recrece y madura la vivencia del sufrimiento útil!; pero también, ¡cuánta infelicidad depara si escasea su sentido y aceptación!

Y, finalmente, todavía tenemos otro horizonte más amplio y brillante: la visión trascendente de la vida. Dimensión vertical que depara paz, luz y felicidad a quien la busca. El Dr. Navarro-Valls recuerda como en circunstancias muy dolorosas Juan Pablo II fue preguntado por su neurólogo: “Santo Padre ¿cómo vive usted esta situación?”. Aspiraba a conocer la impresión de su percepción física, pero la inesperada respuesta fue: “Yo me pregunto ¿qué es lo que Dios quiere decirme con esto?”. Aquí es donde la enfermedad y el dolor encuentran con plenitud su sentido fundamental, trascendente y definitivo.

Dr. Manuel Álvarez Romero, Médico Internista

Dr. José Ignacio del Pino Montesinos, Médico Psiquiatra

Recapiti
Manuel Fernández