En este proyecto, el reto era claro: transformar un barco de grandes dimensiones en un espacio acogedor, cuidando cada detalle para que la experiencia fluyera de forma natural, desde el acceso hasta la cubierta.
El evento comenzaba en el pantalán. Allí diseñamos un acceso que guiaba a los invitados con moqueta, macetas y una lona de bienvenida.
La cubierta se convirtió en el corazón del evento. Aquí el montaje tuvo un acento muy andaluz con mesas y sillas de enea en tonos rojos y verdes, barras viniladas, alfombras de yute y un escenario integrado en el espacio.
Pero si hubo un elemento que transformó por completo la atmósfera, fueron los 1.050 farolillossuspendidos sobre la cubierta. En colores alternos y con una cadencia casi hipnótica, crearon un ambiente envolvente que acompañó al evento a medida que caía la tarde.
Este proyecto es un ejemplo de cómo el diseño, el montaje y la dirección técnica pueden convertir un espacio singular en una gran experiencia.