Charlando con Juan Luis Gimeno, Director General de Inteligencia Económica y Comercial de la Secretaría de Estado de Comercio
29 enero 2026
Esta entrevista pertenece al nº45 de la revista electrónica: “Proyección exterior de la economía española”. Haz clic aquí para leer la revista electrónica completa.
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“Las grandes compañías suelen estar mejor preparadas para adaptarse rápidamente a cambios”
“La globalización y la desindustrialización han aumentado la eficiencia, pero también la exposición a shocks internacionales”.
“Es fundamental diversificar tanto los proveedores como los mercados de destino, evitando la dependencia excesiva de un solo país o región”
“Nuestro sector exterior identifica retos importantes, como el reducido tamaño empresarial, el moderado contenido tecnológico de las exportaciones, la concentración geográfica del comercio, el exceso de cargas burocráticas y la dependencia de recursos y tecnologías críticas”.
Juan Luis Gimeno, Director General de Inteligencia Económica y Comercial en la Secretaría de Estado de Comercio, repasa en esta entrevista con nuestra revista la evolución del sector exterior de la economía española, sus retos más importantes, las principales líneas estratégicas de la Secretaría de Estado, la posición de España frente a las tensiones geopolíticas, etc.
- En los últimos tiempos la exportación española de mercancías está dando signos de desaceleración. ¿Cuáles pueden ser los motivos? ¿Qué perspectivas ofrece de cara al futuro?
La desaceleración de las exportaciones españolas obedece a factores tanto internos como externos. En términos cuantitativos, las ventas al exterior crecieron un 2,1% interanual, frente al 6,1% registrado por la media de la UE-27.
Este menor crecimiento se explica, en parte, por un cierto deterioro del índice de competitividad-precio frente a la UE y otras economías industrializadas, en 2025.
Entre los principales motivos de la desaceleración de las exportaciones de nuestras mercancías destaca el aumento del déficit de bienes no energéticos, impulsado fundamentalmente por el mayor déficit en los sectores de bienes de equipo y manufacturas de consumo, así como por el menor superávit en el sector del automóvil. Estos tres sectores han sido determinantes en la evolución negativa del saldo comercial, ya que los bienes de equipo y las manufacturas de consumo presentan los mayores déficits, mientras que el sector del automóvil, tradicionalmente superavitario, ha reducido su aportación positiva.
Es preciso destacar que las importaciones de bienes de equipo se correlacionan con el mayor dinamismo del sector industrial. En este sentido, España importa maquinaria y bienes de capital que modernizan nuestra capacidad productiva y nos permite fomentar la reexportación de bienes intermedios con un valor añadido superior.
A ello se suman factores externos como la debilidad de la demanda global en la zona euro (afectando sobre todo a nuestras exportaciones a Italia y Francia, dos de nuestros principales socios), en los principales mercados latinoamericanos y en China, las tensiones geopolíticas y el incremento de costes logísticos derivados de desvíos en rutas comerciales, especialmente en el Mar Rojo. Por otro lado, las importaciones han crecido un 10,1% interanual, lo que amplía el déficit comercial de mercancías.
Además, existe un riesgo asociado a la concentración de las exportaciones en un número reducido de grandes empresas. Sin embargo, esta dependencia también puede interpretarse como una oportunidad: las grandes compañías suelen estar mejor preparadas para adaptarse rápidamente a cambios regulatorios, tecnológicos o de mercado, lo que resulta clave en un entorno de creciente incertidumbre comercial. Además, estas empresas pueden desarrollar ventajas comparativas, aprovechar economías de escala y diversificarse tanto geográfica como sectorialmente, lo que les permite afrontar mejor los desafíos y aprovechar nuevas oportunidades en el comercio internacional.
En cuanto a las perspectivas, los organismos internacionales apuntan a una cierta recuperación tras la revisión positiva de los datos de 2025. La OCDE ha revisado al alza su previsión de crecimiento de las exportaciones españolas hasta el 3,6%, y el Panel FUNCAS sitúa su estimación en el mismo nivel. Este escenario se apoya en la mejora del PIB nacional, que podría crecer cerca del 3%, la reactivación de la demanda global y el impulso de sectores estratégicos como las energías renovables, el ferroviario y el químico.
No obstante, persisten riesgos significativos a los que estamos haciendo frente: la competitividad, la concentración de nuestras exportaciones y la incertidumbre geopolítica; todos ellos seguirán condicionando la evolución futura.
- La exportación de servicios no turísticos, en cambio, está mostrando un dinamismo muy positivo. ¿Qué previsiones se pueden hacer cara al futuro?
El superávit de servicios es una pieza clave de la balanza de pagos española, ya que compensa el déficit existente en el comercio de bienes, así como el de las rentas primarias y secundarias, contribuyendo a la robusta capacidad de financiación de la economía española.
En España, la exportación de servicios no turísticos muestra una evolución favorable en los últimos periodos. Según los últimos datos trimestrales de la balanza de pagos del Banco de España, en el tercer trimestre de 2025 las exportaciones de servicios no turísticos se sitúan en torno a 28.500 millones de euros, mientras que las importaciones alcanzan los 18.600 millones.
Cabe destacar que en el segundo trimestre 2025 -apenas influido por el turismo de verano-tanto las exportaciones como las importaciones de servicios no turísticos superaron a las turísticas.
Imagen de archivo de Juan Luis Gimeno.
Este comportamiento refleja el notable dinamismo de los servicios no turísticos desde la pandemia: antes de 2020, las exportaciones de servicios turísticos eran ligeramente superiores a las de no turísticos, pero a partir de ese año la tendencia se revierte y se mantiene en los ejercicios posteriores, impulsando un aumento paulatino del superávit de servicios.
No obstante, el superávit turístico también ha crecido con fuerza, pasando en el acumulado de cuatro trimestres de 25.541 millones a principios de 2022 a 70.225 millones en el tercer trimestre de 2025. En el mismo periodo, el superávit de servicios no turísticos ha aumentado de 16.712 millones a 39.518 millones. A pesar de este avance, el superávit turístico sigue constituyendo el grueso del superávit total de servicios en España.
Por tipo de actividad, los mayores ingresos por servicios no turísticos proceden de otros servicios empresariales —que incluyen I+D, consultoría, servicios técnicos y relacionados con el comercio—, seguidos de telecomunicaciones, informática e información y transporte. Esta composición pone de relieve el cambio estructural de la economía española hacia sectores de alto valor añadido. Geográficamente, el grueso de las exportaciones de servicios no turísticos se dirige a países de la zona del euro, y en segundo lugar a Norteamérica.
De manera generalizada las previsiones apuntan a un mayor crecimiento del PIB, pero también a un mayor dinamismo de las importaciones de bienes y servicios frente a las exportaciones, que se irá suavizando en los próximos años. En la última revisión de los organismos que han actualizado sus previsiones, la OCDE, para 2026, prevé un menor crecimiento exportador del 2%, tras el repunte registrado a comienzos de 2025, asociado a una demanda más débil de los principales socios comerciales, pese a un crecimiento del PIB que revisa al alza, del 2,9% en 2025 y del 2% en 2026. Por su parte, la Comisión Europea prevé un crecimiento del PIB del 2,9% en 2025, con una contribución ligeramente negativa de las exportaciones netas en 2025 y 2026, antes de volverse marginalmente positiva en 2027.
- ¿Cuáles serían los principales riesgos geopolíticos que afronta la internacionalización de la economía española?
La internacionalización de la economía española se enfrenta a una serie de riesgos geopolíticos que requieren atención y estrategias específicas. En primer lugar, el entorno global está marcado por una creciente volatilidad e incertidumbre, derivadas de la frecuencia e intensidad de shocks económicos, como las guerras comerciales, y no económicos, como los conflictos armados, pandemias o desastres climáticos. Esta realidad obliga tanto a las empresas como a las instituciones a adaptar sus estrategias para anticipar y gestionar estos riesgos.
Juan Luis Gimeno en un encuentro del Club de Exportadores.
Otro aspecto fundamental es la competencia entre grandes bloques económicos. La rivalidad entre potencias como Estados Unidos y China intensifica la lucha por el control de cadenas de valor críticas, lo que puede traducirse en restricciones de acceso a mercados, controles de exportación y cambios normativos que se utilizan como instrumentos de presión política. Todo ello afecta directamente a la capacidad de las empresas españolas para operar internacionalmente.
La desvinculación de circuitos energéticos, tecnológicos y financieros con actores estratégicos, como Rusia, también supone un reto. Este fenómeno modifica las rutas de suministro y obliga a diversificar proveedores, alterando el riesgo de interrupciones en el acceso a recursos clave.
España, además, depende en gran medida de la importación de materias primas estratégicas y tecnologías avanzadas, como metales, minerales críticos, tierras raras, semiconductores, software y componentes electrónicos. Esta dependencia representa una vulnerabilidad ante crisis internacionales, restricciones de exportación o cambios regulatorios en países proveedores.
La globalización y la desindustrialización han aumentado la eficiencia, pero también la exposición a shocks internacionales. Sectores clave como la automoción, el agroalimentario, la defensa y la tecnología pueden verse afectados por disrupciones en las cadenas de suministro, escasez de componentes críticos o cambios en las políticas comerciales de terceros países.
No podemos olvidar los riesgos regulatorios y las barreras comerciales. La proliferación de obstáculos, prácticas desleales y distorsiones regulatorias puede situar a la industria española en desventaja frente a competidores internacionales. Por eso, la defensa comercial y la participación activa en la política europea son esenciales para mitigar estos riesgos.
A pesar de los avances en diversificación, las exportaciones españolas siguen muy orientadas a mercados tradicionales, especialmente dentro de la Unión Europea. Esto aumenta la exposición a shocks regionales o tensiones geopolíticas en esas áreas, por lo que es necesario incrementar la presencia en terceros países para reducir este riesgo.
Finalmente, aunque España ha avanzado en energías renovables, sigue dependiendo de importaciones energéticas, especialmente de gas. Esta situación la hace vulnerable a tensiones geopolíticas y a la volatilidad de los mercados internacionales.
- El de-risking es concepto que ha adquirido una creciente relevancia. En su opinión, ¿qué estrategia de de-risking debe seguir España?
España debe abordar estos desafíos con una estrategia integral y proactiva. En primer lugar, es fundamental diversificar tanto los proveedores como los mercados de destino, evitando la dependencia excesiva de un solo país o región. Esta diversificación permite reducir la exposición a shocks externos y facilita la adaptación ante cambios inesperados en el entorno internacional. En este sentido, buscamos oportunidades en potencias medianas y emergentes en las que España está actualmente infrarrepresentada como Canadá, Corea del Sur, Vietnam, Australia o Turquía.
Imagen de archivo de Juan Luis Gimeno.
Otra línea de actuación clave es el refuerzo de la resiliencia de las cadenas de valor. Esto implica apostar por el desarrollo de capacidades industriales propias, tanto a nivel nacional como europeo, y fomentar la inversión en sectores estratégicos para asegurar el suministro de bienes y servicios esenciales.
La diplomacia económica y la construcción de alianzas internacionales también juegan un papel crucial. Negociar acuerdos comerciales, participar activamente en foros multilaterales y cooperar con otros países permite garantizar el acceso a mercados, recursos y tecnologías, así como anticipar y gestionar posibles riesgos geopolíticos.
España debe, además, fortalecer su autonomía estratégica en sectores críticos como la energía, la tecnología, la defensa y la salud. Esto se logra mediante el desarrollo de capacidades propias, la atracción de inversiones de alto valor añadido y el impulso a la innovación y la formación de talento especializado.
La mejora de la inteligencia económica y comercial es otra herramienta esencial. Contar con sistemas de información avanzados, análisis de riesgos y una vigilancia constante del entorno internacional permite anticipar amenazas, identificar oportunidades y tomar decisiones informadas.
Por último, es importante modernizar y coordinar los instrumentos de apoyo financiero a la internacionalización, facilitando el acceso a financiación y cobertura de riesgos para las empresas españolas en el exterior. Todo ello debe ir acompañado de un refuerzo de la vigilancia de mercado y los controles regulatorios, así como de un impulso decidido a la innovación y la digitalización, para asegurar un terreno de juego equilibrado, aumentar la competitividad y reducir vulnerabilidades.
En definitiva, la combinación de estas estrategias permitirá a España afrontar con mayor solidez los retos geopolíticos y aprovechar las oportunidades que ofrece el contexto global.
- ¿Cómo valora la posición de España en la actual situación de tensiones comerciales a nivel internacional? ¿Qué estrategia debería seguir?
España y la UE se encuentran en un momento clave para redefinir su papel en el escenario internacional. La estrategia que proponemos desde la Secretaría de Estado de Comercio es clara: fortalecer los vínculos con los grandes actores globales, pero siempre desde una posición de resiliencia y anticipación.
En el caso de Estados Unidos, la prioridad es mantener una relación estable y profunda, basada en el diálogo institucional y la cooperación empresarial. España debe anticipar posibles fricciones regulatorias y comerciales, y estar preparada para responder con agilidad ante cualquier barrera que pueda surgir. Sectores como las energías limpias, la digitalización y la movilidad sostenible son áreas donde la colaboración puede ser especialmente fructífera. Al mismo tiempo, es fundamental diversificar la presencia española en otros mercados, como Canadá, Asia-Pacífico, América Latina y África, para no depender en exceso de un solo socio.
Con China, la estrategia pasa por mantener una relación equilibrada y pragmática. España debe aprovechar las oportunidades que ofrece el mercado chino en sectores industriales de alto valor añadido, pero sin perder de vista los riesgos derivados de la concentración de suministros y la competencia global. Diversificar proveedores, proteger los sectores más expuestos y atraer inversiones que generen valor añadido local y fomenten la transferencia de tecnología son acciones clave.
Juan Luis Gimeno en la gala de Premios Cámara de Comercio Hispano – Turca.
Respecto a la Unión Europea, España debe apostar decididamente por completar el Mercado Único y reducir la fragmentación regulatoria que penaliza especialmente a las pymes. Impulsar iniciativas europeas que faciliten la digitalización, la integración de mercados y el acceso a la financiación es fundamental para mejorar la competitividad. La política comercial debe ser proactiva, avanzando en acuerdos con regiones estr