Marketing Político Basado en Datos | Charo Toscano

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La intuición es cosa del pasado: el dato como nuevo centro de gravedad electoral

Durante mucho tiempo, las campañas políticas se organizaban en comités electorales donde se decidía a golpe de intuición, corazonadas y opiniones variopintas. Hoy esto ya es cosa del pasado. Quien toma decisiones sin disponer de datos está arriesgando mucho y poniendo en peligro el resultado de sus propias elecciones.

La intuición sigue existiendo, sí. Pero ya no es el punto de partida, sino un extra que proporciona la experiencia. Ahora, todo se basa en la evidencia: qué dice la gente, cómo se comporta, qué le preocupa y qué palabras usa cuando lo expresa.

Para disponer de estos datos no hace falta un gran presupuesto. Quizás algo más importante que los recursos económicos: el cambio de mentalidad acerca del autoconocimiento de la situación. 

Uno de los grandes pecados en estrategia electoral es pensar que nadie mejor que uno mismo sabe lo que ocurre a su alrededor. Sin embargo, siempre faltan datos objetivos con los que tomar las mejores decisiones. 

Qué es realmente el marketing político basado en datos

Cuando pensamos en datos siempre creemos que se trata de encuestas o de analizar los likes de las redes sociales. Hablamos de otra cosa. El marketing político basado en datos significa tomar decisiones estratégicas a partir de información real, medible y actualizada.

Es decir, es la disciplina que usa herramientas para:

  • Entender mejor a los votantes.
  • Identificar oportunidades.
  • Detectar riesgos antes de que estallen.
  • Elegir el mejor mensaje para cada audiencia.

A diferencia del marketing político clásico, que confiaba más en la intuición y la experiencia, este modelo exige validar cada paso. El resultado es que la estrategia se vuelve más precisa, más flexible y más pegada a la realidad del votante.

De la segmentación al microtargeting: el poder del dato bien usado

Hasta hace unos años, cuando hablábamos de segmentación nos referíamos a segmentos amplios de la población: jóvenes, mayores, mujeres, zonas rurales… Hoy, gracias a los datos, se puede hablar a grupos mucho más específicos: madres solteras que viven en barrios con baja participación, hombres de entre 30 y 45 años que muestran interés por el empleo público, votantes indecisos que consumen medios locales digitales.

Aunque podría pensarse que esta hipersegmentación estaría limitando el alcance de los mensajes, lo cierto es que afinar en grupos tan específicos permite construir mensajes personalizados que conectan con la audiencia a la que va dirigida. Y no hablamos solo del contenido. El formato, el canal y el momento también es diferente según a quien vaya dirigido.

Puede parecer contraintruitivo, pero cuando los mensajes se adaptan a microsegmentos clave, se consigue más interacción, más recuerdo y más simpatía hacia el candidato. Se trata, en definitiva, de hacer llegar el mensaje correcto al público adecuado y en el momento más oportuno.

Herramientas clave para analizar, decidir y optimizar

Detrás del marketing político basado en datos existe un ecosistema de herramientas. Estas son algunas de las más útiles:

  • Plataformas de escucha social: para saber qué se dice y cómo.
  • Dashboards de analítica: para monitorizar en tiempo real lo que funciona.
  • Software de segmentación electoral: para construir perfiles y priorizar audiencias.
  • Herramientas de A/B testing: para probar mensajes antes de lanzarlos.
  • Modelos predictivos basados en IA: para anticipar comportamiento de voto.

A excepción de los grandes partidos, casi nadie tiene capacidad de disponer de todas estas herramientas. Tampoco hay que usarlas todas. Sin embargo, sí es necesario tener una arquitectura mínima de medición que permita actuar con criterio y ajustar en el camino.

Riesgos del uso de datos en política: manipulación y sesgo

No todo lo que se puede medir debe usarse. De hecho, uno de los grandes retos del marketing político basado en datos es la ética.

  • ¿Qué datos se recogen y con qué consentimiento?
  • ¿Cómo evitamos reforzar sesgos o prejuicios?
  • ¿Dónde está el límite entre personalizar y manipular?

El dato hoy es poder. Y, de hecho, las mejores campañas son aquellas que saben usar a su favor los datos de los que disponen. Pero esa utilización tiene que realizarse dentro de unos márgenes éticos. 

Polarizar, desinformar y manipular lleva a las sociedades al abismo y no tiene cabida en sistemas democráticos. 

De los dashboards a la estrategia: cómo convertir los datos en decisiones políticas

Tener datos no es lo mismo que saber qué hacer con ellos. Uno de los errores más comunes en campañas es acumular información sin darle uso o no saber interpretarla.

Lo importante no es tener gráficos bonitos, sino saber qué hacer con lo que nos está transmitiendo

  • ¿Qué está funcionando y por qué?
  • ¿Qué temas tienen relevancia para mi público y cuáles no?
  • ¿Por qué la audiencia que me interesa no está reaccionando?
  • ¿Dónde estamos gastando dinero energía sin retorno?

El dato debe ayudarnos a tomar mejores decisiones. Ellos nos pueden marcar el camino, aunque el diseño y la ejecución de la estrategia siempre va a depender del trabajo del equipo y del candidato.

Conclusión: ni magia ni milagro, solo estrategia 

El marketing político basado en datos no es un concepto que han puesto de moda los consultores políticos. Tampoco es la panacea. Es una forma de trabajar más pegada a una realidad infoxicada, volátil y fragmentada.

Los datos son necesarios hoy, pero en ningún caso sustituyen al criterio político. Saber interpretar los datos y aplicarlos a la estrategia dan como resultado campañas más eficaces.

Porque los datos no son un fin, sino una herramienta de trabajo estratégico. Sirven para comprender la realidad política, no para sustituirla ni simplificarla.

Los datos describen patrones, tendencias y comportamientos que ayudan a tomar decisiones con menos incertidumbre.

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