Autor: firmainvitadapj
12 febrero, 2026
*Nuria Ferrer Añón, Camila González Veleiro, Iraia Pérez Arribas y Estephanie Saucedo Arguello
Figura 1. Fotografía de Hallana Francisconi (2020)
¿A quién se recurre cuando sentirse mal deja de ser algo puntual? ¿Basta con el apoyo de amistades o familia cuando los problemas emocionales se repiten? En los últimos años, el bienestar emocional de la juventud se ha convertido en una preocupación central, en un contexto marcado por la precariedad laboral, la incertidumbre económica y las dificultades para acceder a una vivienda digna y asequible. Estas condiciones no solo afectan a los proyectos de vida de las personas jóvenes, sino también a cómo se sienten y a los recursos de los que disponen para afrontar el malestar.
La juventud, esa etapa donde se construyen identidades, relaciones y proyectos de vida, es un periodo de intensos cambios personales y sociales. En medio de estos desafíos, las redes de apoyo social pueden marcar la diferencia: familia, amistades o comunidades que ofrecen soporte emocional y recursos que ayudan a sobrellevar momentos complejos. Sin embargo, estas redes no están disponibles en la misma medida para todos los y las jóvenes. Factores como el género, la edad, la nacionalidad o las condiciones materiales de vida pueden limitar quién tiene acceso a apoyos sólidos y quién no.
A partir de los datos del Barómetro Juventud, Salud y Bienestar 2025 (Gómez, Sanmartín y Kuric, 2025), elaborado por Centro Reina Sofía de Fad Juventud, en este artículo analizamos la relación entre el bienestar emocional de las personas jóvenes y sus redes de apoyo, prestando especial atención a las desigualdades sociales que atraviesan esta etapa vital.
Las redes de apoyo: un pilar invisible del bienestar emocional
Las redes de apoyo están formadas por las personas y recursos que acompañan: familia, amistades, parejas, pero también profesionales y servicios especializados. No solo ofrecen escucha, sino también orientación, herramientas y acompañamiento.
Disponer de una red de apoyo amplía las posibilidades para afrontar el malestar. Compartir lo que preocupa, ponerlo en palabras y no cargarlo en soledad facilita entender lo que ocurre, tomar decisiones y buscar soluciones. El malestar no desaparece automáticamente, pero se vuelve más manejable cuando se reparte, se nombra y se acompaña.
En la etapa de la juventud, tener o no tener una red de apoyo puede marcar una diferencia fundamental entre avanzar con ayuda o quedar bloqueadas por la sensación de estar solas ante los problemas. La ausencia de apoyos puede convertirse en un factor paralizante y la soledad tiende a intensificar el malestar, dificultando pedir ayuda y haciendo que los problemas se vivan como insuperables. Por eso, fortalecer y cuidar las redes de apoyo no es un complemento del bienestar emocional, sino una condición básica para sostenerlo.
Cuando los problemas se repiten, el apoyo también cambia
Sin embargo, el tipo de apoyo al que recurren las personas jóvenes varía en función de la frecuencia con la que se sufren problemas de salud mental. Cuando el malestar es ocasional, el apoyo personal a través de la familia, amistades o pareja, suele ser el recurso principal. Sin embargo, a medida que los problemas emocionales se vuelven más frecuentes, este tipo de apoyo pierde peso. En estas situaciones, aumenta el apoyo profesional, ya sea de forma exclusiva o combinado con apoyos personales. Este cambio sugiere que, cuando el malestar se intensifica o se cronifica, las personas jóvenes buscan respuestas más especializadas que les ayuden a gestionar lo que les ocurre.
Todo ello pone en evidencia que las redes de apoyo no son estáticas, sino que se transforman según las necesidades emocionales y el momento vital, lo que hace ver la importancia de garantizar el acceso a recursos profesionales de salud mental cuando los apoyos informales no son suficientes.
Figura 2. Red de apoyo en la juventud. Fuente: Elaboración propia
Bienestar emocional y género: una brecha persistente
Asimismo, el género sigue influyendo en cómo las personas jóvenes afrontan el malestar emocional y buscan apoyo. Las mujeres jóvenes, en mayor medida que los hombres, tienden a recurrir con más frecuencia a sus redes de apoyo cuando los problemas emocionales se repiten en su vida cotidiana.
Esta diferencia no es casual, pues la evidencia señala que “el género condiciona las formas de expresar el sufrimiento mental, pero también las maneras de buscar ayuda” (Cela-Bertran et al., 2024). Según estos estudios, las adolescentes menores de edad presentan una mayor probabilidad de experimentar problemas emocionales, pero también muestran comportamientos más prosociales, lo que facilita la búsqueda de apoyo y el cuidado de las relaciones.
Los resultados sugieren que la construcción de redes de apoyo más sólidas entre las mujeres no comienza en la edad adulta, como parte de los procesos de socialización de género, sino que están presentes desde la adolescencia. Esta constatación abre nuevas preguntas: ¿por qué las mujeres tienden a apoyarse más en sus redes desde edades tempranas? ¿Qué ocurre con los hombres jóvenes y su relación con la vulnerabilidad emocional? ¿Cómo influyen estas diferencias en el bienestar emocional a lo largo del ciclo vital?
No todas las edades viven igual el apoyo
En cuanto a la edad, también se introducen matices importantes en la relación entre redes de apoyo y bienestar emocional. Los resultados indican que las personas jóvenes de menor edad (15 a 19 años) tienden a buscar apoyo con mayor frecuencia, pero son los grupos de mayor edad (25 a 29 años) quienes muestran una mayor satisfacción con sus redes de apoyo.
Este patrón puede interpretarse como un proceso socio-biográfico de ajuste y selección de los apoyos a lo largo del tiempo. A medida las y los jóvenes crecen, las redes pueden volverse más estables, más reducidas, pero también más satisfactorias. En cambio, en los primeros años de la juventud, la búsqueda de apoyo puede ser más intensa, pero también más incierta e inestable.
La precariedad material también pesa sobre el bienestar
El bienestar emocional de la juventud no se construye sólo a partir de redes de apoyo, sino que también está condicionado por las condiciones materiales de vida. La precariedad económica o la falta de acceso a recursos básicos puede dificultar el manejo del malestar y el acceso a apoyos adecuados, tanto personales como profesionales.
De este modo, la evidencia indica que contar con recursos materiales suficientes facilita la búsqueda de ayuda y el acceso a servicios de salud mental. Por el contrario, la falta de estos recursos puede retrasar la detección temprana de problemas emocionales o mentales y limitar la posibilidad de recibir un acompañamiento preventivo y profesional. Esto subraya la importancia de garantizar no solo redes de apoyo sólidas, sino también condiciones materiales que permitan a las personas jóvenes cuidar de su bienestar emocional de manera efectiva.
En resumen…
La preocupación por la salud mental de los y las jóvenes se ha convertido, en los últimos años, en un problema social de enorme actualidad, impulsado por una agenda política favorable a visibilizar los malestares de la juventud en un contexto de incertidumbre marcado por la crisis económica, la pandemia y las dificultades para desarrollar un proyecto de vida. Sin embargo, a pesar de la importancia de las redes personales y de apoyo en la confrontación de estos malestares psicosociales, los resultados del Barómetro Jóvenes, Salud y Bienestar 2025 muestran una panorámica ambivalente y poliédrica en el que los apoyos de los y las jóvenes están atravesados por cuestiones de género, de clase y de edad, en la que es habitual que los grupos más vulnerables no siempre disponen de los recursos sociales y personales necesarios para hacer frente a estas dificultades.
Bibliografía
Cela-Bertran, X., Peguero, G., Serral, G., Sánchez-Ledesma, E., Martínez-Hernáez, A. y Pié-Balaguer, A. (2024). Understanding the relationship between gender and mental health in adolescence: the Gender Adherence Index (GAI). Eur Child Adolesc Psychiatry 33, 229–240. https://doi.org/10.1007/s00787-023-02150-7
Gómez Miguel, A., Sanmartín Ortí, A. y Kuric Kardelis, S. (2025). Barómetro Juventud, Salud y Bienestar 2025. Centro Reina Sofía de Fad Juventud. Disponible en: https://www.centroreinasofia.org/publicacion/barometro-juventud-salud-bienestar-2025/ [acceso 10/02/2026]
*Nuria Ferrer Añón, Camila González Veleiro, Iraia Pérez Arribas y Estephanie Saucedo Arguello son alumnas del Máster en Metodología de la Investigación en Ciencias Sociales: innovaciones y aplicaciones, de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).