Los arrecifes de ostras son ecosistemas clave para la biodiversidad marina. Sin embargo, los extensos arrecifes que poblaron las costas y estuarios de Europa, América del Norte, Australia y Asia han desaparecido debido a la actividad humana. Se estima que, desde el siglo XIX, han disminuido un 85%.
Aunque la transformación estuarina y costera es tan antigua como la civilización, en los últimos 150 a 300 años se ha acelerado drásticamente. Por lo que, si queremos recuperar los arrecifes de ostras desaparecidos, necesitamos saber cómo eran y cuál era la extensión de los ecosistemas que formaban. Debido a su importancia económica y cultural existe abundante evidencia documental de estos moluscos bivalvos en diferentes medios como periódicos, escritos de viajes, relatos de pescadores, cartas náuticas, informes gubernamentales, registros arqueológicos e investigaciones científicas. Combinando toda esta información se puede inferir cómo eran los arrecifes y el área que ocupaban en el pasado.
Esto es muy importante de cara a su restauración ya que ningún científico vivo hoy en día ha visto jamás un arrecife de ostras intacto y en pleno funcionamiento. El biólogo marino Daniel Pauly acuñó el término "síndrome de la línea de base cambiante" para describir cómo cada generación de científicos que trabajan en temas relacionados con la industria pesquera acepta como línea base el tamaño de la población y la composición de especies que existían al comienzo de sus estudios y cómo los utiliza para evaluar los cambios. Cuando la siguiente generación de científicos comienza su carrera, las poblaciones han disminuido aún más, pero son los efectivos que hay en ese momento los que sirven como nueva línea de base. Precisamente se produce una adaptación gradual a la desaparición progresiva de las especies, así como la toma de puntos de referencia inadecuados para evaluar las pérdidas económicas derivadas de la sobrepesca o para identificar objetivos para las medidas de rehabilitación.
De este modo puede ocurrir que la ausencia de información sobre cómo eran esos mares lleve a aceptar peces más pequeños o capturas diarias más bajas como algo normal por parte de los pescadores. En el caso de las ostras y los corales, también es posible que se borren de la memoria ecosistemas enteros. Un ejemplo es la existencia de arrecifes de ostras a lo largo de una extensión de 750 km de costa en China, donde se creía que nunca habían existido. Revisando las descripciones que encontraron en la literatura china premoderna los científicos ofrecen una imagen de ostras "conectadas entre sí como casas" que crecen hasta seis metros de altura y se extienden a lo largo de muchos kilómetros.
Se sabe que la China imperial se construyó literalmente sobre ostras y se ha documentado cómo la cal obtenida de la quema de sus conchas era un material de construcción común, procedente principalmente del delta del río de la Perla, el sistema fluvial más grande del sur de China. De hecho, la industria de la construcción posicionó a este delta como el centro económico de China desde el siglo VII d. C. Antes de este estudio, se desconocía que los arrecifes de ostras constituían un extenso ecosistema en Asia y que estaban muy arraigados en la cultura de las comunidades locales.
La ostra común (Ostrea edulis), también conocida como ostra plana europea, es una especie de la familia Ostreidae que tuvo gran importancia económica y cultural en toda Europa. Formaba grandes arrecifes que albergaban una biodiversidad extraordinaria, pero estos ecosistemas fueron destruidos hace más de un siglo debido a la sobreexplotación y la actividad humana. Las ostras nativas proporcionaban un hogar para 190 especies de 13 filos, entre los que los artrópodos y los moluscos representaban casi dos tercios de las especies observadas. Además, las ostras estabilizaban las costas y filtraban enormes cantidades de agua, lo que contribuía a la limpieza de los ecosistemas marinos.
Durante su apogeo, los arrecifes de ostras cubrían al menos 1,7 millones de hectáreas de las costas europeas, desde Noruega hasta el Mediterráneo. Hoy en día, las ostras nativas se encuentran dispersas y sus ecosistemas han desaparecido casi por completo. Su explotación tuvo lugar durante miles de años, con restos de conchas preservados en depósitos de basura de cocina del período Mesolítico, que en el Neolítico serían sustituidas por berberechos y mejillones.
Hasta comienzos del siglo XX, las ostras eran lo suficientemente abundantes como para sostener una importante pesquería comercial en varios países europeos. Sin embargo, la sobreexplotación condujo a un declive generalizado de sus arrecifes, produciéndose un colapso poblacional agravado por la disminución de la calidad del agua, la sedimentación y la introducción en la década de 1970 de un endoparásito, el haplosporidio Bonamia ostreae, y el protozoo Marteilia refringens, que parasita moluscos bivalvos como la ostra.
Aunque disponemos de información sobre la gran extensión que ocuparon los ecosistemas de arrecifes de ostra plana europea, estos declinaron antes del monitoreo científico, por lo que desconocemos la forma, densidad y extensión del área antes de su explotación. Tampoco sabemos cuán importantes eran para las comunidades asociadas.
El ocaso de la ostra común acaeció conforme se eliminaba casi completamente su hábitat en las aguas costeras europeas. De este modo a la pesca exhaustiva y a la extracción mecánica habría que añadir la degradación y contaminación del medio marino, las especies introducidas, las enfermedades, así como el cambio climático. Actualmente no se conocen arrecifes de ostras nativas silvestres mayores de una hectárea, cuando antiguamente Ostrea edulis formaba hábitats tridimensionales complejos que podían superar las 10 ha. El alcance de esta pérdida es extrapolable a la biodiversidad marina asociada a los arrecifes.
Para acabar, nos gustaría reseñar que entre la información acopiada para estudiar la extensión histórica de las ostras en Europa se incluyen las descripciones de ostras realizadas en el verano de 1869 por el antiguo director del Museo, el zoólogo Mariano de la Paz Graells, que por aquel entonces era vocal de la Comisión Permanente de Pesca (Archivo MNCN, sig. ACN0337/011).
Referenias bibliográficas:
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